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CELEBRANDO EL SOLSTICIO DE INVIERNO, HUITZILOPOCHTLI Y LA NAVIDAD

Alberto Romero de Urbiztondo
Twitter: @aromero0568

Está finalizando el año y el ambiente de fiesta se siente en toda la sociedad. El aparato comercial y mediático lleva semanas difundiendo mensajes de amor y paz y de incitación al consumo.

Nos preguntarnos porque hay este amplio consenso social ante estas fiestas. El referente más antiguo y universal es el 21 de diciembre, fecha del solsticio de invierno en el hemisferio norte, el día del año con más horas de oscuridad y menos de luz, a partir del cual las noches se acortan y las horas de luz aumentan, avanzando a la primavera y verano, época de fertilidad, por eso muchos pueblos celebran esta fecha como el triunfo de la luz y la vida sobre la oscuridad. En los pueblos náhuatl pipiles, en estas fechas celebraban el renacer de Huitzilopochtli, dios del Sol, de origen azteca, hijo de Coatlicue, embarazada cuando descendió sobre ella una bola de plumas, que  recogió y guardó en su seno.

Con la colonización española se introdujo la celebración de las fiestas de Navidad, originadas en el Imperio Romano, donde celebraban el solsticio de invierno, como inicio del  alargamiento de las horas de sol, con el “Nacimiento del Sol invicto”, que posteriormente se convirtieron en los Saturnales, la fiesta más importante del Imperio Romano. Por ello el emperador Constantino el Grande y el papa Julio I acordaron hacer coincidir las fiestas Saturnales con la celebración del nacimiento de Jesús de Nazaret, facilitando el sincretismo entre la religión romana y el nuevo cristianismo. Siendo en el año 354 que el papa Julio I decreta el 25 de diciembre como día de Navidad.

Los colonizadores españoles, junto a la dominación militar impusieron su lengua, forma de gobierno y religión. La coincidencia de fechas entre la festividad náhuatl del renacimiento de Huitzilopochtli y del nacimiento de Jesús de Nazaret, facilito la adopción de esta festividad en un proceso de sincretismo, mezcla y superposición de creencias y rituales.

Por ello, desde nuestras diversas cosmovisiones, creencias y costumbres celebramos estas fiestas en que se entrelazan los ciclos astronómicos, la cultura romana y cristiana occidental con nuestros ancestros náhuatl pipiles.

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