Redacción Nacionales
Carlos E. Vela, el científico que inventó STEM, advirtió en tres universidades de El Salvador que mezclar ciencia y arte bajo una misma sigla le cuesta caro a América Latina.
Hay una idea que se está expandiendo por las escuelas de América Latina y Carlos E. Vela viajó desde Washington hasta San Salvador para decir, con evidencia en mano, que es un camino equivocado.
Vela no es un crítico cualquiera. Es el ingeniero-científico salvadoreño que creó el paradigma STEM entre 1989 y 1991, mientras trabajaba en las instituciones científicas más importantes de los Estados Unidos: la Academia Nacional de Ciencias en EEUU y el centro de investigación y desarrollo MITRE, formado por MIT. NASA lo adoptó en 1993. En 2002, NSF lo convirtió en política nacional. Hoy China, India y la Unión Europea lo llevan al corazón de su estrategia educativa del siglo XXI. Y él está preocupado por lo que ve en Latinoamérica.
El problema se llama STEAM. En 2008, una diseñadora gráfica llamada Georgette Yakman propuso añadir las Artes a la sigla STEM en una conferencia escolar. La idea se viralizó. Hoy muchas instituciones de educación de América Latina la presentan como innovación pedagógica. Dieciséis años después, la NSF — el organismo científico federal de los Estados Unidos — jamás ha adoptado STEAM en ningún documento oficial. STEAM no surgió del mundo científico o tecnológico, surgió como una agenda política afuera del mundo STEM.
¿Por qué importa tanto? Vela lo explicó con una imagen que sus audiencias en la Universidad Don Bosco, la Universidad Tecnológica y la Universidad Gavidia entendieron de inmediato: STEM y Arte son como dos diferentes puentes que conectan los mismos dos mundos — el mundo físico y el mundo de las ideas — que no transportan la misma carga. El puente de STEM transforma la realidad: genera medicinas, construye infraestructuras, cartografía el cosmos. El puente del Arte transforma al observador: provoca emoción, afirma identidad, da sentido a la experiencia humana. Ambos son necesarios. Ninguno reemplaza al otro. Fundirlos en una sola sigla no los une; los confunde.
«Dominar STEM en el siglo XXI es lo que la alfabetización fue en el siglo XIX. La exclusión de STEM es exclusión de la economía, del progreso — más rápida, más profunda, más difícil de revertir.» — Carlos E. Vela
Vela afirma, como puede un maestro enseñar al mismo tiempo que el conocimiento científico debe ser verificable y reproducible, y que la resonancia emocional es igualmente válida como criterio de verdad. Esa contradicción no produce creatividad; produce confusión.
Vela fue claro en lo que no está proponiendo: no quiere eliminar el Arte de las escuelas. El Arte y STEM ambos son necesarios, pero no se pueden “mezclar”, “confundir”. Se argumenta que STEM le falta creatividad, no es así. «STEM es creativo», dijo. «El diseño de un puente, la formulación de una demostración matemática, la orquestación de una misión espacial — todo requiere imaginación y creatividad. STEM no necesita que las Artes le provean lo que ya posee.»
La advertencia final fue directa: mientras China e India blindan STEM como prioridad nacional, América Latina lo está diluyendo con STEAM. Brasil es el único país de la región con STEM como política explícita de Estado. Para el resto, la decisión todavía está pendiente — y el tiempo no está a su favor.
Vela concluyo:
“Diluir STEM mediante STEAM no es una elección pedagógica neutral. Es mas perjudicial precisamente donde STEM es el principal vehículo de movilidad social y económica — en las comunidades para quienes la elevación cognitiva no es un enriquecimiento sino una emancipación. STEM fue fundado para servir exactamente a esas comunidades. Su integridad no es una abstracción académica; es una cuestión de equidad. Para América Latina, adoptar STEAM en este contexto no es una decisión pedagógica neutral; es una desventaja estructural autoimpuesta en el momento en que menos puede permitírsela. Fielmente implementado, STEM no es un instrumento de privilegio. Es el acto más radical de justicia cognitiva disponible en el mundo moderno.”
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