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El sector textil y maquila figuran entre las áreas que podrían verse afectadas ante una eventual modificación de las jornadas laborales a 11 horas.

El BRP advierte sobre efectos de jornada 11 horas en el sector textil

Saúl Méndez

Colaborador

Sonia Urrutia, integrante del Bloque de Resistencia y Rebeldía Popular (BRP), cuestionó la propuesta de implementar un esquema laboral de cuatro días de trabajo por tres de descanso sin reducir las 44 horas semanales, y advirtió sobre el impacto que la modificación tendría en la clase trabajadora, particularmente en el sector textil y de maquila.

Urrutia recordó que a mediados de agosto el ministro de Trabajo, Rolando Castro, planteó la posibilidad de adoptar este esquema a través del Consejo Superior del Trabajo. La propuesta ha sido presentada como una de las alternativas que permitiría a los trabajadores contar con tres días de descanso, pero organizaciones sindicales han denunciado los posibles impactos psicológicos y físicos de mantener jornadas de 11 horas diarias para cumplir con las 44 horas semanales.

“Hoy en la jornada semanal El Salvador hace 44 horas. El esquema planteado sería trabajar cuatro días de 11 horas para completar esas mismas 44 horas”, explicó Urrutia.

Para la representante del BRP, esto significa que no existe una reducción de la jornada semanal, al contrario, advirtió de una concentración de las mismas horas en jornadas diarias más extensas. “No nos están quitando ni una sola hora de trabajo. Nos están pidiendo la misma cantidad de horas, pero apretadas en menos días. Eso no es reducir la jornada, eso es comprimirla”, afirmó.

Urrutia sostuvo que una jornada de 11 horas tendría consecuencias importantes para quienes laboran en fábricas y zonas francas, debido al tiempo que ya deben invertir en sus desplazamientos, como complicaciones con el transporte público, tráfico y largas distancias:

“Algunas trabajadoras salen de sus viviendas desde las 4:00 o 5:00 de la mañana para llegar a las zonas francas a las 7:00, por lo que una jornada extendida significa permanecer entre 13 y 14 horas fuera de sus hogares, al sumar el trabajo, transporte, esperas y controles de ingreso”, alertó.

“¿A qué hora va a llegar esa compañera a ver a sus hijos? ¿A qué hora va a descansar? ¿A qué hora esta compañera, si es un joven o una joven que quiere estudiar, va a ir a recibir sus clases?”, cuestionó.

La dirigente también señaló que esta situación podría incrementar las dificultades para las trabajadoras que tienen responsabilidades de cuido de familiares, como madres, padres u otras personas dependientes.

Vulnerabilidad en las maquilas

Urrutia puso especial atención en la industria textil, uno de los sectores que estaría contemplado entre las áreas prioritarias para la aplicación de este esquema laboral, industria donde existe una importante presencia de mujeres, bajos salarios y menores niveles de organización sindical.

Para la integrante del BRP, la situación en las maquilas vuelve relevante discutir los efectos que tendría una eventual modificación de la jornada laboral.

“Se prueba primero donde hay menos capacidad de defenderse, en este caso las mujeres”, denunció.

Además, advirtió que una jornada diaria de 11 horas podría generar mayor cansancio, estrés, accidentes y enfermedades laborales y mencionó que trabajadores de fábricas, agentes de seguridad y personal de limpieza y salud son los más afectados ante una jornada prolongada.

Crece preocupación por el pago de horas extras

Otro de los puntos señalados por Urrutia es el posible impacto sobre los ingresos de los trabajadores, ya que actualmente las horas trabajadas después de la jornada ordinaria pueden ser reconocidas como horas extras y representan para algunos trabajadores una posibilidad de obtener ingresos adicionales. Pese a ello, aún existe incertidumbre sobre qué ocurriría con ese pago si una jornada ordinaria llegara a establecerse en 11 horas.

“El gobierno dice que las horas extras y el recargo nocturno seguirán siendo obligatorios si se sobrepasan los límites. Pero la pregunta de fondo es: ¿cuáles límites?”, planteó.

Según su interpretación, si la legislación establece una jornada ordinaria de 11 horas, las tres horas que actualmente podrían considerarse extraordinarias pasarían a formar parte de la jornada normal y, por tanto, dejarían de recibir el recargo correspondiente.

“Si la ley redefine que una jornada normal puede ser de 11 horas, esas tres horas que hoy serían extras pasan a ser ordinarias”, detalló.

Urrutia mostró preocupación de que este cambio pueda traducirse en una reducción de los ingresos de los trabajadores que actualmente realizan horas extras, mientras que los empleadores tendrían un ahorro en esos costos laborales.

“Se tocan las horas, pero lo que se está moviendo de verdad es dinero”, afirmó. “El trabajador va a ganar menos por el mismo esfuerzo, tal vez no por el mismo esfuerzo, sino con un mayor esfuerzo”.

La representante del BRP agregó que la propuesta no sería la única sobre la mesa. Según explicó, el Ministerio de Trabajo habría recibido entre nueve y diez propuestas relacionadas con la modificación de las jornadas, algunas de ellas con esquemas de 10, 11 y hasta 12 horas diarias.

Ante este escenario, Urrutia llamó a los trabajadores, especialmente a quienes laboran en el sector textil y de maquila, a analizar las implicaciones de cualquier modificación de la jornada laboral más allá del número de días de descanso que se promocione.

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