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martes , 17 octubre 2017
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ATRAYENDO EL ÉXITO

Dr. H. Spencer Lewis (No. 3)
(Pasado Imperator de la Antigua y Mística Orden Rosae Crucis, diagnosis AMORC)
Las pequeñas y las grandes  aspiraciones

Si se pudieran ver como en una asamblea a todos los hombres y mujeres tan solo de los Estados Unidos de América que permanecen sentados a solas en un cuarto  ante una mesa de trabajo, viagra una hornilla improvisada o una pieza de maquinaria, trabajando en alguna patente, algún invento o artefacto –ni se pudiera ver a todas esas personas reunidas, se contemplaría un ejército de hombres y mujeres en profunda concentración que no paran mientes en la hora, en el frio o en que sus amigos y parientes les esperan, no importándoles nada que  no sea la flamante antorcha que está ante ellos, el metal fundiéndose en la hornilla, o el voltear de una rueda o engranaje— su sola ambición o inspiración de la vida está allí, en aquel pequeño cuarto. Y ellos le dirán, este gran ejército de millares de seres jóvenes y viejos de ambos sexos, que el triunfo consistiría para ellos en la solución de lo que están tratando de producir.

Podría preguntársele esto a una viejecita de rostro marchito, como la que estaba en París trabajando el radio: ¿Tras de toda la educación que usted ha tenido y todas las brillantes posibilidades que le esperan, de enseñar, dar conferencias y ver el mundo quiere decir que disfruta más al estar aquí sentada? ¿Le da esto algo para comer? Y ella contestaría: “No. Ni siquiera una corteza de pan”. ¿Ropa nueva, entonces? “No, estoy acabando la que ya tengo”. ¿Le rejuvenece? “No, he envejecido diez años en los últimos dos que han transcurrido”. ¿Impedirá su muerte? “No, la está apresurando. Ese tubo contiene radio que destruye las células de mi cuerpo. Estoy más muerta que viva”. ¿Qué le sostiene la existencia? “Mi deseo, mi ambición, quiero alcanzar el triunfo –el triunfo que no me traerá sino una expresión de agradecimiento de las multitudes que aguardan”. Eso es lo que significa el éxito bajo e punto de vista de tal o cual persona. (La referencia de la viejecita es de Marie Curie, ganadora de dos Premios Nobel, descubridora, junto con su esposo Pierre, del elemento radio resultado de sus investigaciones de las propiedades radiactivas del uranio).

Agradecimiento a Dios por los aportes del pasado

A Dios demos gracias de que ha habido en el pasado millares de seres que han laborado por ese triunfo… estamos cosechando las recompensas de los que obtuvieron victoria en siglos pasados…. Gozando de sus frutos.  El hombre o mujer que egoístamente busca hoy el éxito, trata de alcanzar algo que no materializará jamás. No digo que nadie esté justificado al trabajar, servir, vivir y esforzarse, de obtener en retorno una compensación que le haga sentirse satisfecho y le capacite para hacer frente a las necesidades de la vida y disfrutar de sus bendiciones, pues eso es un deseo legítimo… Pero debe haber algo más que eso. Sí su deseo llega hasta allí,  puede que sea encomiable y propio según el juicio de los hombres, pero no ante Dios o la Mente Cósmica. Yo creo que una de las frases más hermosas que se han escrito es aquella que dice: “Dios no podía estar en todas partes e hizo a las madres”. Pero Él también creó hombre y mujeres para que fuesen canales e instrumentos en otras formas de trabajo creativo, y hasta que un individuo, en cualquier sendero de la vida, pueda decir conscientemente: “Estoy laborando con Dios, y por Dios como uno de Sus instrumentos”, hasta entonces, repito, podrá conseguir el verdadero éxito.

   Uno de los que hacen el servicio de limpia en las cafeterías de la ciudad vino a verme hace poco. Pasaba la mayoría del tiempo debajo de la tierra abriendo las alcantarillas de las calles y bajando a inspeccionar las grandes tuberías para limpiarlas si estaban azolvadas o arreglarles algún desperfecto. Sólo salía de allí para comer  y quizá una o dos veces cada mañana para respirar un poco de aire fresco. Usaba sus ropas más viejas y al terminar el trabajo se iba a su casa donde le esperaban su esposa e hijos.

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