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Astromitología

LA CIENCIA DEL TIEMPO, EL ESPACIO Y EL COSMOS
Charles R. Warren, F.R.C. (No. 2 y último)
(Director del Centro Científico de Sacramento y Nancy Sainte Vigne=Warren, S.R.C.)
(De la Revista el Rosacruz, Noviembre 1990)

El hombre primitivo, un científico natural

La Humanidad es un producto del Cosmos ya que su evolución ha seguido el curso de las leyes naturales. Somos un reflejo de las leyes que funcionan en el Cosmos; estas nos afectan física y fisiológicamente, así como lo han hecho las presiones naturales a las cuales hemos reaccionado con tanto éxito a fin de sobrevivir en este mundo algunas veces hostil. El hombre primitivo aprendió el funcionamiento de esas leyes por medio de la observación y le fue necesario convertirse en un científico natural por la más práctica de las razones: tenía que aprender rápidamente y recordar lo que aprendía para no sucumbir a causa de la ignorancia.

De todos los fenómenos naturales, el cielo estrellado con su periodicidad característica resultó más conveniente para estudiarlo. En tanto que otros eventos naturales cambian o atraviesan por ciclos de nacimiento, desarrollo, deterioro y muerte, el cielo proporcionó al hombre información periódica y eterna porque lo afectaba tanto física como psicológicamente. El cielo le ofreció el modelo superior que él decidió imitar y adoptar como norma básica para formar sus instituciones sociales y esta decisión no fue solo la exteriorización de un modelo interno, sino la elección deliberada hecha por un científico natural que trataba de enfrentar a las presiones que le imponía la supervivencia.

La salida del Sol, la Luna y las estrellas y los planetas al mismo tiempo, que seguían una órbita diaria y anual a través del espacio proporcionaron acontecimientos periódicos por medio de los cuales fue posible comprender las leyes naturales. El cielo fue el laboratorio donde se pudieron llevar a cabo experimentos periódicos. Una estrella podía ser observada en relación con cualquier otra en una noche dada, y la noche siguiente la relación podía volver a evaluarse. Al paso del tiempo, el conocimiento empírico reveló cuáles de las estrellas eran aparentemente invariables o “fijas” y cuales eran errantes –los planetas que cambian su posición en relación con la de las estrellas fijas.

Fenómenos de la bóveda celeste afectan nuestras vidas

El hombre se dio cuenta de que los fenómenos de la bóveda celeste afectaban su vida. El periodo de luz solar era dedicado cada día a cazar o a buscar alimentos; al llegar la obscuridad de la noche tenía que esconderse de los depredadores nocturnos. Las variantes climáticas de las cuatro estaciones también lo impulsaron a cultivar, a pastorear, a recoger las cosechas y a buscar protección de las inclemencias del invierno. Todas sus actividades reflejaban el curso observable en la Naturaleza.

Las luces de la bóveda celeste parecían afectar también a la Naturaleza, y al paso del tiempo el hombre comenzó a reverenciar como a dioses a las fuerzas naturales; las acciones de esos dioses fueron la base de mitos y teologías.

El cuerpo de la tradición (fábulas, leyendas y folklore) al que comúnmente llamamos “mito”, es una fuente inagotable de información. Por otra parte, contiene algunos de los conceptos más abstractos y profundos con respecto al Cosmos.

La mitología es historia porque narra acontecimientos; no obstante, no es historia en el sentido común de la palabra, porque es posible que las personas y las situaciones que figuran en ellas no hayan existido jamas. La mitología es una ciencia porque investiga a la Naturaleza y descubre sus orígenes, aun cuando al personificar y deificar a la Naturaleza, la mitología no se considera una ciencia tal como esta se define en la actualidad.

La astromitología intenta llenar el vacío entre el hombre y el Cosmos, formando un vínculo consistente en el proceso simbólico del cual el mito es la máxima expresión. Y ros L humanidad expresa en el mito el simbolismo que contiene nuestra herencia psicológica común –una herencia adquirida a lo largo de siglos de investigación y contemplación por parte del científico natural que todos llevamos dentro.

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