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Aquél 1932 descrito por un extranjero

Caralvá

Intimissimun

 

El tema tiene aristas de pasión “sembradas” por años por los gobiernos autoritarios y los fanáticos de distintas naturalezas, en cierta forma parece un esquema básico “comunismo-anticomunismo” transformado en valor nacional “no escrito”, pero sensible a ser invocado en cada momento de crisis de Estado, con una aprobación tácita de grupos afines a la represión, en cierta forma parece un antídoto contra cualquier: “oposición” “huelga” “protesta social” “organismos humanitarios” “derechos humanos” y un largo etcétera; nuestro estudio quizás inicie temas de mayor profundidad e historia como el contenido del libro: Balsamera bajo la guerra fría: El Salvador 1932 Historia intelectual de un etnocidio / Rafael Lara-Martínez – Soyapango San Salvador El Salvador: Ed. Universidad Don Bosco, 2009 – 397 pág. el cual contiene estudios que abren nuevos horizontes para la Antropología e Historia.

Hemos publicado en ese sentido artículos con notas de prensa esencialmente de Diario Latino y sus referencias iniciando en 1931 y 1932[1].

 

Informe del Comandante Canadiense V.G. Brouder

 

Del Libro: Balsamera… La opinión del extranjero es importante puesto que libres de la emotividad circunstancial anotan sus perspectivas, citaré el siguiente informe del Comandante Canadiense V.G. Brouder fechado el 23 de enero de 1932, el cual es un reporte confidencial [2]:

 

“La necesidad imperativa para una legislación revisada le concierte a la clase baja de indios que trabajan en las plantaciones, salarios más elevados y mejoramiento de las condiciones en general son las dos consideraciones principales [los] jornaleros comunes trabajan tanto como diez horas al día en algunos casos, por lo cual se les paga 25 centavos del dinero local, igual a 12 centavos de dólar U.S. […] las ganancias son suficientemente amplias para justificar el pago de un salario decente de su vida a los trabajadores de las plantaciones […] en el pueblo de Sonsonate […] una banda de indios comunistas […]  atacó la aduana […] [había] rumores exagerados de ataques de los indios a los pueblos y plantaciones en todas partes de la República […] el lunes, 25 de enero, las tropas del frente occidental atacaron la villa de Izalco, la cual era conocida por ser foco de indios afectados. El pueblo está dividido en dos partes: una contiene unos 5,000 indígenas, y la otra unos 10,000 indios. Estos últimos fueron atacados y murieron 1,200, y uno de los líderes de los indios comunistas fue capturado y ahorcado en el árbol más cercano. El lunes en la noche […] sin dificultad se contuvo un segundo ataque de 200 indios en la aduana de Sonsonate, mataron a unos 6 indios. A eso de las 17:00 del martes, un fuerte rumor llegó a Acajutla que un grupo de 200 indios, después de repelidos de Izalco, se acercaba a Acajutla […] el miércoles pasó en calma. El gobierno comenzó una campaña de sacar a los indios sospechosos o conocidos de ser comunistas, y fusilarlos, después de un interrogatorio, que consistía básicamente en la pregunta “¿sos comunista?” […] es un hecho que un número de indios se entregaron […] jueves 28 […] se observan muchos cuerpos de indios a lo largo de las líneas férreas especialmente alrededor de Sonsonate […] viernes 29 […] después del almuerzo nos llevaron al distrito de Izalco, Sonsonate […] donde tuvo lugar la mayor parte de la pelea y destrucción. Se notaba que en cada lugar visitado la alcaldía había sido destruida y no había otro deterioro salvo en las residencias de los ricos hacendados que ya habían huido […] en los edificios dañados las imágenes santas estaban intactas aunque todo alrededor estaba roto en pedazos, lo mismo se aplica a las iglesias, que no las tocaron en absoluto. Los hechos anteriores tienden a probar que la insurrección, aunque de naturaleza sangrienta no era comunista. De hecho, el jefe indio cuya foto adjunto, dijo antes de ser ahorcado que “los había engañado una influencia extraña [= ¿los ladinos del PCS, los del Socorro Rojo?]. Otro hecho observado, interesante e iluminador, era la mirada pacífica en las caras de los muertos, este hecho es notable especialmente en el jefe indio […] todos los indios ejecutados estaban aparentemente contentos de sacrificar su vida en la esperanza que este martirio pudiera traer un futuro más brillante a la siguiente generación […] es dudoso que los indios que tomaran parte en la revolución supieran lo que significaba bolcheviquismo. Para ellos significaba una organización que los liberaba de la esclavitud. Domingo 31 […] la revolución se debió íntegramente a la falta de consideración por los indios. En El Salvador, sólo hay dos clases, la muy rica y los indios”[3].

 

De esa forma comprendió el Comandante V.G. Brouder la realidad salvadoreña, condición prolongada en espacio y tiempo hasta la actualidad, en consecuencia no existe reconocimiento oficial a esa matanza, ni un documento oficial que dignifique la etnia de Izalco y otros. Muy parecido con los archivos de la masacre del Mozote, Río Sumpul y otras.

 

Ama, ajusticiado por la ira popular

 

Diario Latino 1 de febrero de 1932

Izquierda

José Feliciano Ama, el líder comunista que fue castigado por quienes cegados por sus temibles órdenes, fueron al desorden y al crimen. La multitud de Izalco ahorcó a Ama, vengándose de su tiranía sangrienta. Aquí se ve el cuerpo del indio Ama, pendiente del lazo con que fue ahorcado.

Derecha

José Feliciano Ama, último descendiente de los caciques de Izalco, indígena temible, líder comunista, que llevó al desorden a los habitantes de aquella histórica comarca y que ahora ha sido castigado por la multitud llevándolo a la horca. En la foto aparece momentos antes de ser ajusticiado por el pueblo.
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[1] Serie Democracia y periodismo contra la desconfianza política ( volúmenes: III, VI, VII) disponible en versión e-book y pasta blanda; la riqueza del estudio histórico fortalece a las academias de historia, lengua, ciencias sociales etc. https://www.amazon.com/gp/product/B0BKRJXY6K?ref_=dbs_p_mng_rwt_ser_shvlr&storeType=ebooks

[2] Balsamera bajo la guerra fría: El Salvador 1932 Historia intelectual de un etnocidio / Rafael Lara-Martínez – Soyapango San Salvador El Salvador: Ed. Universidad Don Bosco, 2009 – 165-166

[3] Idem

 

 

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