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Ana Cisneros, del Movimiento Salvemos El Espino.

Ambientalistas intensifican rechazo a construcción del CIFCO en finca El Espino

Redacción Nacionales

@DiarioCoLatino

La construcción del nuevo Centro Internacional de Ferias y Convenciones (CIFCO) en terrenos de la finca El Espino ha provocado una creciente movilización ciudadana encabezada por colectivos ambientalistas y organizaciones sociales que denuncian riesgos ecológicos y falta de transparencia estatal en torno al proyecto.

Durante una entrevista en el programa “Encuentro con Julio Villagrán”, Ana Cisneros, integrante del movimiento “Todos Somos El Espino”, aseguró que la oposición al proyecto ha logrado articular a miles de personas dentro y fuera del país, quienes consideran que la intervención en la zona representa una amenaza para uno de los principales pulmones ecológicos del área metropolitana de San Salvador.

Según Cisneros, la movilización ciudadana se ha fortalecido en las últimas semanas mediante protestas pacíficas, cadenas humanas, vigilias y campañas digitales de recolección de firmas. La activista afirmó que el movimiento ya supera el medio millón de apoyos entre plataformas digitales y actividades presenciales organizadas en universidades, comunidades y espacios públicos.

“Lo que estamos haciendo es activar el artículo 6 de la Constitución, que garantiza la participación ciudadana y la protesta pacífica”, sostuvo Cisneros, quien también apeló al artículo 117 de la Constitución salvadoreña, el cual establece la obligación del Estado de proteger los recursos naturales y promover un desarrollo sostenible.

El conflicto gira en torno a la decisión gubernamental de construir el nuevo CIFCO en un sector de la finca El Espino, una zona históricamente reconocida por su importancia ambiental y por funcionar como área de recarga hídrica para San Salvador y municipios aledaños.

Los ambientalistas sostienen que el terreno forma parte de un corredor biológico fundamental para la movilidad y supervivencia de diversas especies animales y vegetales. De acuerdo con Cisneros, la construcción del CIFCO en la zona podría agravar el deterioro ambiental ya existente en el área metropolitana.

“Todo alrededor ya está cementado. No podemos seguir encementando más El Espino”, expresó la representante del movimiento, al advertir que la zona ya presenta características de “isla de calor”, fenómeno urbano asociado al aumento de temperaturas debido a la falta de vegetación y al exceso de infraestructura.

Las organizaciones ambientalistas también cuestionan la ausencia de información pública sobre estudios técnicos y de impacto ambiental relacionados con el proyecto. Cisneros aseguró que durante varios meses han solicitado documentación a distintas instituciones estatales, incluyendo el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, la Autoridad Salvadoreña del Agua, la Fiscalía General de la República y la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos.

Sin embargo, según denunció, las respuestas institucionales han sido insuficientes o inexistentes.

“Nadie tiene respuestas o se quedan callados. Nos remiten de una institución a otra. La conclusión es que no hay gobernanza territorial”, afirmó.

La dirigente ambientalista también criticó lo que considera una visión de desarrollo enfocada únicamente en megaproyectos y expansión urbana, sin evaluar adecuadamente las consecuencias ambientales y sociales a largo plazo.

En respuesta a las críticas, voces cercanas al oficialismo han minimizado las advertencias de los colectivos ambientalistas y aseguran que la construcción del nuevo CIFCO no provocará las afectaciones señaladas por los movimientos ciudadanos.

No obstante, los ambientalistas insisten en que el problema no se limita a un edificio específico, sino al impacto acumulativo sobre una zona estratégica para el equilibrio ecológico del país.

Cisneros sostuvo que la intervención del terreno podría afectar la infiltración de agua, alterar los ciclos naturales de especies silvestres y aumentar riesgos para comunidades vulnerables ante eventos climáticos extremos, particularmente inundaciones y escorrentías.

“Estamos en un país altamente vulnerable al cambio climático”, recordó la activista, quien además señaló que la pérdida de corredores biológicos obliga a muchas especies animales a desplazarse hacia carreteras y zonas urbanizadas, incrementando su riesgo de muerte.

El movimiento “Todos Somos El Espino” ha utilizado principalmente redes sociales para difundir información sobre el caso y convocar a nuevas acciones ciudadanas. La plataforma digital “Salvemos El Espino” se ha convertido en uno de los principales espacios de organización y difusión de la campaña.

Los activistas consideran que la defensa de El Espino también está vinculada a otras luchas ambientales que actualmente enfrentan distintas comunidades del país, entre ellas la deforestación, la contaminación de cuencas hidrográficas y el avance de proyectos urbanísticos sobre zonas de importancia ecológica.

Para los colectivos, el debate alrededor del nuevo CIFCO refleja un conflicto más amplio sobre el modelo de desarrollo impulsado en El Salvador y el papel de las instituciones en la protección de los recursos naturales.

Mientras tanto, las organizaciones ambientalistas continúan promoviendo firmas, actividades públicas y jornadas informativas para intentar frenar el proyecto y exigir mayor transparencia sobre sus implicaciones ambientales.

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