LA VENTANA
(OBRA INÉDITA, SIN FECHA)
SALARRUÉ
Rafael Lara-Martínez
Professor Emeritus, New Mexico Tech
Desde Comala siempre…
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Supervivencia
Esta no era sino el comienzo de una larga serie de experiencias estupendas. Había por fin llegado a mí el convencimiento absoluto de la supervivencia del alma. Podría, aún (aun) estando vivo físicamente, visitar de tiempo en tiempo el otro mundo, el tan discutido, tan traído y llevado de otro mundo (subrayado en rojo). # (señala la necesidad de separar párrafos)
Mi segunda gran experiencia consistió en que de pronto me puse fuera de mi cama y me eché a andar por la casa dejando el cascarón entre las sábanas. Cruzaba las puertas cerradas sin que opusi-eran a mi paso la menor resistencia; sin esfuerzo alguno podía volar, ¡volaba!, sí, volaba y gozaba ya sin temores de ningún género el encanto de aquella nueva vida. Todos los objetos del mundo físico estaban allí, pero acusaban mayor realidad, más brillantes en sus colores y más interés en sus líneas. me encontré con hombres y mujeres a los cuales no me atreví en un principio, a interrogar; pero que parecían familiarizados con la vida ambiente. Volví a mi cuarto y me acerqué a la cama donde mi cuerpo dormía. Me contemplé por algún tiempo con la más viva curiosidad. Respiraba (fin de la página 33)
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anhelosamente y tenía los ojos blancos y entreabiertos. Era yo…, es decir, era mi cuerpo, mi fiel servidos, mi estuche. Sentí lástima de él; alargué mis xxxxx nuevos brazos y con las manos acaricié la cabeza de mi cabeza. El contacto era tan real como cualquier contacto físico. Luego me tendí sobre mi cuerpo y pronto pude sentirme dueño de él. ¡Oh maravilla! ….
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Veracidad
Pienso, querido desconocido, amable ausente y paciente lector, pienso en este momento, que si todo esto que estoy narrando no fuera absolutamente verídico, resultaría una novela de cuento de muy mal gusto, tonto, insoportable. No pretendo ser un escritor de gran imaginación; pero, por favor, no me hagáis tan falto de ella creyéndome capaz de perder el tiempo y papel en narrar estos pasajes que no c siendo xxx verdad /serían son cursilerías, que siendo verdad, como xxx son, resultan maravillas.
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Elevación
He dicho que volaba. Sí, volaba (b a mano) sin esfuerzo y de alas me servían xxxxxxxxxx el deseo y el valor. Una noche subí muy alto, millas de millas verticales en la noche espléndida, noche sin luna pero cuajada de diamantes, rubíes y esmeraldas. Porque cada estrella era una piera (piedra) maravillosa de joyel puesta con dedos calculadores de buen ornamentero al muestrario sobre aquel vidrio oscuro pero diáfano del xxx eter (éter). Mi cuerpo cortaba la noche como un rayo de luz. Sentía el deleite sin nombre de dejar al viento que pasara xxxxxxx a través de mi pecho. Cuando creí encontrarme a una altura más que fantástica, a donde había llegado sin gran esfuerzo, alzado como sobre la palma de la mano de Dios al nivel de su rostro, me dejé caeer (caer) voluptuosamente en xx los abismos, devanándome a ojos cerrados en las madejas del viento, tivias (tibias) como los colchones de pluma, sintiéndome al hundirme en el azul dócil como un minúsculo pececito (segunda c = s) de plata en la copa rebosante de la noche. (es el único párrafo escrito a espacio simple)
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Fin del Original Mecanografiado y de la Fotocopia
COMPLEMENTOS
Complemento regionalista
«El alma de la barranca»
Se transcribe el cuento regionalista «El alma de la barranca», escrito a mano, inédito y sin fecha, cuya fotocopia me la proporciona Ricardo Aguilar desde Ultratumba. La importancia de este relato reside en que establece un vínculo estrecho entre las dos vertientes literarias del autor, a saber: fantasía y realismo. A menudo, ambas corrientes poéticas se juzgan opuestas, sin considerar que Salarrué insiste en percibir las oposiciones binarias en su calidad de complementarias, tal cual el día y la noche. El relato reitera la identidad entre la ventana y el espejo, es decir, se trata de la manera en que el exterior refleja el interior, viceversa. El río despliega la metáfora de la vida humana en su transcurso vital cuyo cometido último anticipa el ideario del viaje astral: la búsqueda de lo Divino. Así, las tres metáforas esenciales de este relato replican la novela «Almario. La ventana«, a saber: ventana-espejo = exterior/objeto-interior/sujeto; río-proceso de vida; destino divino.
Se transcriben los errores ortográficos del autor y entre paréntesis se ofrece la debida corrección.
El alma de la barranca
Desde la ventana de mi casa, (maravilloso espejo donde se ven cosas bellas), miro correr la quebradita, que es el alma de la barranca que está serca (cerca); cómo brilla su agüita transparente, con sus chimbolitos de luz, corriendo entre las piedras, en su correr insesante (incesante).
Su canción rumorosa llega a mis oidos (oídos), suabe (suave) y dulce como un lulabay cadencioso y tierno.
Con esa canción, él alegra a los pajaritos y niños, que se bañan en su orilla; con ella tambien (también) duerma a los tiernos niños, de las gentes humildes que llegan a labar (lavar); a labar (lavar) sus tristezas, que depositan en él, como en un alma noble y comprensiba (comprensiva). Con su agua transparente, y reca, las acaricia y refresca, y conforta, y como buen trobador (trovador), todas las tristezas de las cosas y los seres que no pueden ablar (hablar), canta cuentos maravillosos de todo lo que ha visto y oido (oído) en su caminar insesante (incesante)….
Pero x tambien (también), como las almas gentes humanas que llenas de pasiones y egoismos (egoísmos), pasa rugiente lleno de lodo y ondas tumultuosas, sin respetar ni seres ni cosas, ni nada, corre, corre llevándose de encuentro todo lo que está a su paso, abicioso (ambicioso), egoista (egoísta) irresponsable…
Despues (Después), en su arrepentimiento, vuelve manso y transparente a orar y a cantar y refrescar, como toda alma a con vuelve a correr trémulo, con su correr insesante (incesante), como buscando a Dios.
Complemento historiográfico
«Ruleta por Juan Shanghai»
Se reproduce también un juicio crítico sobre Salarrué, fechado a mano «Dic. 5.— 1932». Interesa el enfoque particular que, desde el inicio lo percibe «muerto en vida». Debido a la discrepancia radical entre su pensamiento y «el lenguaje de los suyos», reclama su legado como pilar literario de la nación. El anuncio de su deceso lo transcriben el imperfecto y el pretérito, desde el primer párrafo. Luego de su descripción física y su timidez, lo caracteriza por reconocer el vínculo estrecho entre el ánima y el animal, a quien respeta sin «sacrificarlo». Por una separación de lo biológico y lo espiritual, imagina que Salarrué vive «en el destierro», en «la Eternidad» de la «Tierra» fértil. Esta afirmación genera otra paradoja, ya que sus escritos se arraigan en «el terruño», mientras sus ideas emigran al exilio. Así, desde «los parajes del misterio», augura su «transformación en terruño». Sólo «el alma» que «se fugue» hacia «la luna y «los astros» conoce el suelo. La reseña no menciona sino un libro del autor, «Cuentos de Barro», que lee antes de su publicación definitiva en 1933. Al personalizar «los olores patrios», cree que un escritor basta para representar «la tierra» y el «pueblo», ya que sus letras se «esparcen» en la llovizna «antipatriota» «de Juayúa y Nahuizalco…de Nonualco y Acelhuate». En 1932, sin censura, la difusión de esos «olores patrios» disemina «la tristeza del indio sometido», sin idioma materno ni mención de la «matanza». Se trata de una tercera paradoja: muerto en vida (1), terruño exiliado (2) y antipatriota que funda la patria, monolingüe por supuesto (3). Si bien reconoce su arraigo en el teosofía, lo convierte a «la religión materna» para otorgarle la absolución final y la «resurrección de la carne». En verdad, asegura, pasa de ser «sacerdote truncado» de «la secta…fundada por…Blavatsky» cuya «reencarnación del Verbo» se «llama…Krishnamurti», a ser «destructor de esa secta». Esta identidad la niega el propio Salarrué a quien Shanghai parece desconocer, ya que no concibe a Krishnamuti como «Cristo, reencarnación del Mesías». En cambio lo describe en su calidad de «Hombre», es decir, de «la Vida» que contienen a «Dios» mismo.
Salarrué «murió en la Iglesia de Roma», al «volver a tomar carne en el mundo», luego de su regreso al Planeta Tierra, como si ya no creyera que «apoya(rse) en autoridad externa sólo puede retardar la liberación» (véanse los tres ensayos sobre «Krishnamurti», antecitados en el prólogo, sin fecha). Esta última aseveración ignora tanto el ataque de Salarrué a la iglesia católica, («Repertorio Americano» 24 de septiembre de 1932) como la participación en el «Centenario de Goethe» en diciembre de 1932 en la Universidad Nacional. Posteriormente, en «la Sociedad Teosófica», su discurso sobre Goethe lo menciona como «la primera vez que yo me atreví a hablar en público», junto al gobierno en turno, y él mismo urge a «hacer servicio de difusión en gran escala…para la propaganda». Por fin, la teosofía universal engendra la identidad regional, para clausurar el cuarteto paradójico. En síntesis, se reiteran las paradojas de esta reseña de Salarrué:
1) lo declara muerto para que su legado lo reclamen los vivos como fundador de lo nacional. Este anuncio parece contradictorio porque «llamaba compatriotas a todos los hombres y extranjeros a los de su ciudad», es decir, lo nacional se diluye en lo ajeno, viceversa.
2) sólo desde el «destierro» terrenal se rescata el terruño.
3) el «antipatriota» difunto disemina el «olor de la tierra patria». Antes de 1932, sólo se habla en castellano coloquial, sin idiomas maternos.
4) el pensamiento universal de la teosofía transcribe lo regional. Pero debe renunciarse a esa «sabiduría divina» para obtener la «extrema unción» de la «Iglesia de Roma». La nación se disuelve en la Humanidad sin fronteras y olvida el debate religioso de «sectas» y creencias diversas a la oficial.

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