Cuando los muertos ayudan a los vivos
Luis Alvarenga
“¿Pueden los vivos salvar a los muertos? ¿Puede el pasado salvar al presente? ¿Pueden los muertos salvar a los vivos?”. Esas son las interrogantes que el personaje de Rufina Amaya dirige al público en el montaje de la pieza A la sombra de la niebla, escrita y dirigida por René Lovo y protagonizada por Jennifer Valiente. Los cincuenta minutos de esta puesta en escena no cesan de conmovernos.
El escenario, entre sombras y con una luz muy tenue, evoca un lugar desolado. Rufina emerge de su refugio de las ropas de sus vecinos muertos y empieza a interpelarnos, al contar su historia. Con un lenguaje poético -de hecho, el texto del guión de Lovo es en verso-, la actuación de Jennifer Valiente nos lleva al instante terrible de la matanza de inocentes en El Mozote, pero también a sus antecedentes. El monólogo poético de Rufina hace contrapunto con el monólogo del militar que justifica ante sus tropas la atrocidad que están a punto de cometer y con las pláticas de los soldados que, aún de una forma retorcida, podrían haber mostrado algo de piedad a los niños que todavía no han asesinado.
También aparece una voz que describe el engaño que precedió a la masacre: la supuesta garantía de que la llamada “operación refugio” no tocaría a los campesinos si se encerraban en sus casas mientras duraba el bombardeo contra los guerrilleros:
“Cuando comenzaron los bombardeos Marcos Díaz ya nos había reunido a todos para decirnos que no teníamos nada que temer ni por qué alarmarnos, que solo se trataba de un operativo de rutina para buscar guerrilleros, que nos mantuviéramos en las casas encerrados. También a él y a toda su familia los asesinaron. El ejército decía que nosotros protegíamos a la guerrilla, y que al quitarle el agua al pez, entonces el pez se muere. Ese fue el plan. Todo fue mentira. El plan Rescate, como le llamaron ellos al operativo, consistía en un cerco en toda la zona con miles de soldados para aplastar a la guerrilla y a toda la población civil que ahí vivía. Ante la opinión pública se llamó Plan Rescate pero, entre ellos se llamaba operación Yunque y Martillo. Fue una operación militar de tierra arrasada”.
Uno ve actuar a Jennifer Valiente y ve cómo la penumbra y el humo del escenario, pero sobre todo, la carga humana del texto habla en sus gestos y en su manera de tomar un bloque de piedra o de encender las candelas que recuerdan a los muertos. Uno piensa: qué difícil el trabajo actoral. ¿Cómo no acarrear estas cosas después de que se sale de escena? Es difícil saberlo. El texto y Jennifer declaran:
Soy Rufina Amaya
Vivo entre los huesos
Los recuerdos de agua
que se hizo sangre
Y fantasmas
Soy un fantasma
Es mi camino de cráneos
Conmigo miles de fantasmas
Como luciérnagas en la noche
Voces sin tumba.
Es la soledad de la sobreviviente, quien ha hecho la promesa a los cielos de contar lo que ha ocurrido para que la sobrevida tenga sentido. Y sin embargo, en un mundo donde hasta estas memorias pueden domesticarse y hasta tergiversarse para que las víctimas aparezcan en igualdad de responsabilidades que los victimarios, algo tan terrible puede volverse trivial:
¿Qué es hoy el Mozote?
¿Qué fue de aquel pueblo fantasma?
¿Adónde fue a parar la sangre que se tragó la tierra?
Yo no quiero ver a una anciana contando la masacre
Señalando el lugar donde enterraron a los niños a un costado de la iglesia
Mostrando las cifras a cada turista que llega al pueblo de visita
Yo no quiero ver a una anciana recibiendo un par de monedas por cada historia que cuenta
¿Qué fue del Mozote?
Esta obra tiene la luz de las luciérnagas de El Mozote. Su belleza radica en que nos remueve el dolor colectivo.
A la sombra de la niebla, guión y dirección de René Lovo y actuación de Jennifer Valiente, estará en La Galera los viernes, sábados y domingos de marzo. No dejen de verla.

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