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1882 Historia vs. Poética

Rafael Lara-Martínez

Tecnológico de Nuevo México

[email protected]

https://nmt.academia.edu/RafaelLara

Desde Comala siempre…

 

Negar el sincronismo de los términos de dos series contemporáneas…

 

Abstract: the brief essay “1882.  History vs. Poetics” describes how two different disciplines splitkey events of the same year according to their approach. For 1882, in El Salvador, while history studies the socio-political realm, nowadays called cultural studies, poetics concentrates its attention on art and literature.  Analytical thinking rarely links “Ley de Extinción de Ejidos (Law of Communal Land Extinction)” to the meeting of the Nicaraguan poet Rubén Darío and the Salvadoran Francisco Gavidia that same year.  The first regulationprovokes concentration of land on coffee growers; the poetic gatheringgives rise to a national, modern, and monolingual literature.  At other key dates —1912, 1933-1935, 1967…— a similar split fails to identify a synthesis between socio-political events and the cultural sphere.  As J. L. Borges claims, the denial of time implies to reject that two simultaneous terms are contemporary.

 

I.

Uno de los problemas más serios del saber actual es el análisis.  En su sentido directo, define cómo las partes de un todo las separan diversas disciplinas para examinar a fondo los elementos escindidos.  En las ciencias sociales, la frontera clásica establece la distinción entre la historia y la poética.  Desde Aristóteles, esos límites estrechos entorpecen el diálogo entre sucesos contemporáneos que se ignoran.  Así la objetividad afianza un rigor parcializado.  Actualmente, esas dos esferas se llaman historia y estudios culturales o literarios.  Las hermanas gemelas, enemigas, casi siempre se dan la espalda, sin verse a los ojos.

 

Para comprender la manera en que se dividen los sucesos de un mismo año —sus secuelas sin síntesis posible— basta citar el ciclo clave del título: 1882.  Si los historiadores reconocen el decreto de la “Ley de Extinción de Ejidos” —la subsiguiente concentración de tierras— cultivo de café y auge de “una oligarquía agraria” (Adolfo Bonilla y Bonilla, “Tenencia de la tierra y reforma agraria en El Salvador”, Cenicsh, 2013: 89), los literatos observan la cara luminosa de ese año: el apogeo literario modernista.  A cada quien lo suyo, sin un diálogo estricto entre dos esferas aledañas ( http://www.cienciaytecnologia.edu.sv/jdownloads/CENICSH/Cuadernos/CUADERNO2-TenenciadelaTierra.pdf).

 

En 1882, bajo la misma presidencia de Rafael Zaldívar (1876-1885), se reúnen el nicaragüense Rubén Darío (1867-1916) y el salvadoreño Francisco Gavidia (1865-1955).  El primer evento —indígenas sin tierras comunales— lo analiza la historia, que lo describe como “problema grave” y antesala de “la insurrección de 1932” (Bonilla Bonilla, ídem).  El segundo suceso —el encuentro poético— lo exaltan los escritores como fulgor de la literatura nacional, aun si acallan el monolingüismo castellano que refrenda el hecho social.  A un indígena sin tierras —historia— le corresponde un indigenismo letrado sin lengua materna, poética.  “Ley de Extinción de Lenguas Indígenas” en la literatura nacional, quizás.

 

Siempre se silencia el obvio enlace entre ambos acontecimientos, ya que la síntesis rebasa el saber científico actual. La historia y la poética transcurren por cauces paralelos que se excluyen: a falta de tierras, falta de lengua literaria en doble decomiso.  Casi ningún historiador social citado por Bonilla Bonilla (47-49) —Erik Ching, Aldo Lauria Santiago, Héctor Lindo, Carlos Gregorio López Bernal, etc.— refiere el encuentro modernista.  Igualmente, casi ningún literato menciona la expropiación de ejidos.  No obstante, los conflictos sociales que genera la extinción de terrenos comunales —historia— los redondea el acuerdo nacionalista del encuentro poético.  El uno causa problemas políticos; el otro los resuelve en lo imaginario, al crear una Ciudad Letrada y un amplio círculo de lectores.

 

Existe una doble unanimidad.  Si “el cultivo del café inició la concentración de la tierra” y “la oligarquía agraria” (Bonilla Bonilla, 8) —historia— el encuentro intelectual alentó la literatura nacional —poética.  Por tradición, la historiografía literaria festeja “el modernismo” en su pujanza cultural —“en 1880-1882 aparecen…los precursores del Modernismo (178)”— mientras la historia social verifica su contrapartida económica (J. F. Toruño, “Desarrollo literario de El Salvador”, 1958: 175 y ss.).  Sólo tímidamente se percibe el enlace entre ambas esferas: “desde el 1885 hay un presidente de la República que se interesa por la escuela, por las armas, por el pueblo salvadoreño, el general Francisco Menéndez.  Gavidia ha reforzado el teatro…” (Toruño, 187).

 

Hasta 2019 no hay enlace posible entre el hecho histórico y su co-hecho poético, opuestos complementarios de un mismo proyecto estatal.  Empero, su coincidencia autoriza las Bodas solemnes de la Ciudad Letrada con el Estado.  A partir de 1882, despega una literatura nacional monolingüe, junto a un indigenismo en pintura, sin lengua materna ni tierras comunales.  Tal sería la síntesis meta-científica: azar objetivo surrealista. La Reforma Liberal decreta la “La Ley de Extinción de Ejidos”, el mismo año en que, gracias al presidente Zaldívar, se juntan Rubén  Darío y Francisco Gavidia en el país.  “Ley de Extinción de Lenguas Indígenas”, según lo refrenda Toruño y demás reseñas literarias, para la década de 1880.  En unión de los opuestos —conuinctio oppositorum junguiana— el día y la noche se suceden.  La celebración modernista iluminada —poética— se enlaza a la condena capitalista del monopolio, historia.

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