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XII Mi secreto entre las ramas El hombre contra el ángel en la mujer según Claudia Lars

Rafael Lara-Martínez 

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Desde Comala siempre…

 

El pasado no lo agota la vida humana, troche ya que “uno de sus trabajos más herméticos” (González Huguet, viagra 14) atestigua que “llegamos del olvido” de “aquel país sin cuerpos” (“Los dos reinos” en Donde llegan, I).  El recuerdo terrenal no lo inicia el nacer, sino el deseo parental que “nos” engendra en esa “quietud del limo” (“Los dos reinos”, II.): ¿en la cópula?  Procedemos del “país de los ecos” (Del fino, II.).  Su estado “incorpóreo” obliga a la poesía a juntar “querubes párvulos” en amor al terruño.

El pasado no pasa, ya que “somos el soplo de aquel día ausente” (I.V.).  En plural, “somos” una dualidad —ángel y mujer; mí misma y yo; Carmen y Claudia— que niega doblegarse ante “nuestro viaje obediente” de un “presente” varonil que anula la poesía.

III.  II.  Los mandatos de la Luna

No en vano, esa misma tópica —el animus memorioso, anterior al origen terrestre— la reitera Del fino amanecer, en el cual la aurora remite al natalicio de la poeta.  La presencia del recuerdo —obsequio de “ángeles hortelanos” (Del fino, II.)— se inicia antes de engendrarse y la prosigue la vida uterina.  “Cuando yo regresaba de la muerte/como semilla humana…”, nace la historia personal que continúa “bajo nueve mandatos de la luna”, antes que “abrí ante el mundo mi inocencia” (Del fino, I.; véase el náhuat-pipil metsti, “luna, mes” en alusión al estado humano fetal del origen, “ser de nueve lunas/meses”).  Tan recurrente resulta esta temática que la recalca “La cantora y su sangre” (Fábula de una verdad) en su anhelo de “volver al día muerto/y al secreto primero de mi antes”.

En un sentido aristotélico, existe una bipartición original de la historia como hecho.  Si la historia de los historiadores exige documentar, la historia poética “de los muertos nos llegas” cuya “raíz inaccesible” vive en la “sangre” del cuerpo mismo de la escritora tatuada antes de nacer (“Sangre”, Sonetos).  Mientras el científico social fundamentaría la historia urbana en archivos —al rastrear la larga dimensión de San Salvador, la capital— Lars interroga “tu nombre cubierto de cadáveres” en los arcanos de la sangre.  La escritora transcribe “el eco de la muerte” y entabla una estrecha relación con “tu muerte-amiga”.  Desde la perspectiva poética, no hay historia sin un diálogo y una consciencia lúcida de la Muerte, personificada en “la tristeza de mi carne”.  Acaso la Muerte divide la historia científica de la historia poética.  La Musa documental de Lars reaviva a “tus poetas de antaño, resurrectos/laboriosos en mí” como aves y flores (“Invocación y sombra y sol”, Ciudad bajo mi voz, para todas las citas de este párrafo).  Más que los hechos en sí, a Lars le interesa escudriñar “el corazón de los muertos” (Romances de norte y sur, 13).  En el sentido poético larsiano, no hay historia sin el Dasein de los Muertos.

El legado poético que Lars anhela recobrar en su soledad creativa —sin más concurso masculino que el auxilio de su animus— prolonga la amplia dimensión hacia el deseo que la fecunda: “un beso me sembró” durante el revoloteo del alma al encarnarse en embrión “dormida en sangre” (Del fino, I.).  Y si la poesía surge del retorno “de la muerte” (Del fino, I), renace “convertida en polvo”, “triunfante y libre”, luego de fallecer la poeta cuyas “pasiones” surcan el aire de Cuzcatlán (Del fino, “Carta”).  Como “cauce” sin fin, “después de cada muerte”, en la poesía “vivo mi cuerpo” y “descubro este” doble “descenso que castiga” (“De la calle y el pan” IV, Donde llegan).  El descenso del alma al nacer culmina en el declive del cuerpo al morir.

A sabiendas que “llegamos del olvido” (“Los dos reinos” II, Donde llegan), “mi cuerpo me enseña el camino” (ídem. IV.).  Dada la infinitud del espíritu —la del ángel— la memoria corporal “enseña” que existe una doble vía para quien reside “a la vera de lo eterno” (ídem. I.).  “Hay un detrás una fronda de recuerdos” que antecede la infancia (ídem. I.), así como existe “la antigüedad del espíritu” que “me espera” en “una ciudad purificada” al morir (ídem. II.).  Esas “dos caras de la vida” humana —su eslabón intermedio— se dilatan hacia el principio y el final de los tiempos (ídem. V.).  Hacia una vida espiritual, antes de la vida terrena, y hacia otra vida pos-terrenal del alma que la trasciende.  Al mantenerse atenta a ese triple legado vivencial —vida antes de la vida, vida terrena y vida después de la vida— Lars le exige al “cuerpo” “ser cantor de tu angustia”, rogándole que “que labor[e] debajo de tu olvido”.   Esa trinidad temporal se aloja —como “el invisible huésped del lenguaje”— “en interiores refugios” corporales (“La cantora y su tiempo”, Fábula de una verdad).  “Formando un ángel con la sangre pura” (Envío, Donde llegan).

***

En síntesis, el título no rezaría “el ángel y el hombre”, sino “el ángel y la mujer”.  Una paráfrasis más extensa lo glosaría “el hombre contra el ángel en la mujer”.  De habitar en la “casa” del hombre —por decreto patrilineal— la mujer olvidaría el ángel de la poesía (para “la experiencia amorosa personal”, véase: González Huguet, Tomo I: 71-72).  La poeta Claudia Lars se llamaría Claudia Lars de Varón.  Claudia Lars al Servicio del Varón.

Bibliografía

Blake, William.  Visiones.  México, D. F: Editorial Era, 1974.  Versión e introducción (9-15) de Enrique Caracciolo Trejo.

Borges, Jorge Luis.  “Borges y yo”.  http://www.escribirte.com.ar/textos/649/jorge-luis-borges-borges-y-yo.htm.  Consultado: 18 de diciembre de 2105.

Freud, Sigmund.  Tres ensayos sobre la teoría de la sexualidad.  Buenos Aires: Amorrortu, 1983.

Gallegos Valdés, Luis.  Panorama de la literatura salvadoreña.  San Salvador: UCA-Editores, 1989.

Green, André.  Le temps éclaté.  Paris: Ed. Minuit, 2000.

Jung, Carl.  Arquetipos colectivos e inconsciente.  Buenos Aires/Barcelona/México: Editorial Paidós, 1970.

Lars, Claudia.  Obras escogidas.  San Salvador: Editorial Universitaria, 1973.  “Selección, prólogo y notas de la Dra. Matilde Elena López”.  “Prólogo” (13-111).  Dos volúmenes.

—. Tierra de infancia.  San Salvador: UCA-Editores, 1987.  “Prólogo” de Francisco Andrés Escobar (7-35).

—. Poesía completa.  San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos, 1999.  “Prólogo, compilación y notas” de Carmen González Huguet.  “Introducción” (15-62).  Dos volúmenes.

Cronología de poemarios citados, establecida por González Huguet:

Estrellas en el Pozo (1934)

Ciudad bajo mi voz (1942)

Romances de norte y sur (1946)

Sonetos (1947)

Donde llegan los pasos (1953)

Fábula de una verdad (1959)

Tierra de infancia (1959)

Sobre el ángel y el hombre (1962)

Del fino amanecer (1966).

Ver también

Mirada de Gavilán

por Wilfredo Díaz