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Un mundo sin arte

Mauricio Vallejo Márquez

coordinador
Suplemento Tres mil

Recorro la Calle San Antonio Abad y observo los rótulos con sus colores amarillos y naranjas, illness azules y negros, las sillas de los barberos rojas con esos hombres de guayaberas blancas que esperan el momento de comenzar el corte, la cruzcalle con los malabaristas, los cafés con sus murales, el redondel con el torogoz. Todo lo que existe tiene una concepción artística, aunque no sea una obra maestra o no haya sido elaborada por la mano de un genio. Todo lo que hay tiene en una forma positiva o negativa un gusto individual o colectivo, sea con conocimiento o sin este.
¿Qué sería de nuestra vida sin arte? Sin esto que llamamos gusto, lo que nos parece estético. La simple tarea de visualizar esto se vuelve complicada, porque lo primero que llega a mi mente es que el mundo no fuera posible, ni la civilización, nada.
Si el arte no existiera, todo lo que conocemos sería distinto. Lo imagino como una inmensa cortina gris en la que no se aprecia nada más que el pavimento y el concreto. E incluso es posible que todo lo que consideramos estético también le daría paso no a la sobriedad, sino a lo simple y básico.
Sin arte no hubiera arquitectura, es decir esa que vuelve estética y agradable la visión de una edificación, con sus acabados y distribuciones en los espacios, paredes, ventanas, pisos y fachadas. Todo fuera bolas amorfas sin ninguna percepción artística, simples y escuetas, además de mínimas como resultan las edificaciones de bajo presupuesto y que la misma carencia hace ver “feo” por la ausencia de recursos.
Y así serían las personas en las calles también. Ya no habrían combinaciones de colores, dimensiones, cortes y estilos. Seguro todos vestiríamos lo mismo y obviaríamos las diferencias de los géneros y las culturas. Todos los individuos del mundo (hombres y mujeres) con los mismos vestuarios e incluso con la misma desatención por el maquillaje, los cortes de cabello o de barba.  Una gran masa amorfa de personas sin ninguna concepción artística y con la moda en el olvido o en el mito.
La modernidad no sería lo mismo, la tecnología no crecería en ese sentido tampoco, no habrían formas armónicas ni curiosas, al extremo de que la misma ciencia se mantendría en dimensiones similares a sus inicios, sin buscar la simplificación ni las formas gráciles.
Si la concepción artística fuera la gran ausente de la humanidad es seguro que el ser humano no fuera lo que es, no habría ni siquiera una razón para catalogar y clasificar la historia. La gente vegetaría en las calles como una emulación magnificada de la actualidad en la que las personas se preocupan por el vivir en una concepción limitada: nacer, crecer, reproducirse y morir.
El arte es parte de la humanidad, lo que en verdad le da sentido a la existencia, a la actividad, a la obra. Sin importar que la concepción sea de alta cultura o media, o primitiva. Sencillamente, el arte es parte de la vida e imprescindible.

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