Por Concepción Burgos
Colaborador
Las elecciones suecas realizadas éste domingo 13 de septiembre, dejaron un Parlamento dividido y una estrecha ventaja para el bloque encabezado por la socialdemócrata Magdalena Andersson. Mientras continúa el escrutinio, uno de los principales datos de la jornada es el retroceso de Sverigedemokraterna (partido de ultraderecha de origen nazi), que después de cuatro años de influencia sobre el gobierno aspiraba a dar el salto definitivo hacia el poder.
Suecia amaneció este lunes 14 de septiembre pendiente de los últimos votos de unas elecciones mucho más cerradas de lo previsto. Durante buena parte de la noche electoral, los dos grandes bloques se mantuvieron separados por apenas unos escaños. Los resultados preliminares terminaron colocando a las fuerzas encabezadas por la socialdemócrata Magdalena Andersson ligeramente por delante de la coalición que sostuvo durante los últimos cuatro años al gobierno conservador de Ulf Kristersson.
La diferencia continúa siendo estrecha y el resultado definitivo todavía debe esperar. Pero la fotografía dejada por las urnas comienza a mostrar algunos cambios importantes en el escenario político sueco.
El bloque formado por Socialdemokraterna (Socialdemócratas), Vänsterpartiet (Partido de Izquierda), Miljöpartiet (Partido verde) y Centerpartiet (Partido de Centro) aparece provisionalmente con posibilidades de alcanzar la mayoría necesaria para desplazar al gobierno de Kristersson.
Del otro lado quedan Moderaterna (Los Moderados), Sverigedemokraterna (Los Demócratas Suecos), Kristdemokraterna (La Democracia Cristiana) y Liberalerna (Los Liberales), los cuatro partidos que durante la última legislatura estuvieron vinculados al llamado Acuerdo de Tidö.
La posibilidad de un cambio de gobierno vuelve así a colocarse sobre la mesa.
Cuatro años marcados por el Acuerdo de Tidö
Las elecciones de 2022 habían transformado profundamente el mapa político sueco. Sverigedemokraterna (SD), encabezado por Jimmie Åkesson, consiguió entonces el 20,5 % de los votos, superó a los Moderados y se convirtió en la segunda fuerza política del país. El resultado permitió construir una mayoría de derecha, el acuerdo Tidö.
Ulf Kristersson asumió como primer ministro al frente de un gobierno integrado por Moderaterna, Kristdemokraterna y Liberalerna. SD permaneció formalmente fuera del gabinete, pero su apoyo parlamentario resultó indispensable. El Acuerdo de Tidö convirtió al partido de Åkesson en un actor central de la legislatura.
Durante los siguientes cuatro años, la política sueca estuvo marcada por un fuerte endurecimiento en materias como inmigración, asilo, seguridad y criminalidad. Varias cuestiones que durante años habían formado parte principalmente del discurso de SD pasaron al centro de la agenda gubernamental.
Para Sverigedemokraterna, aquello representaba un paso dentro de una estrategia más amplia. Después de haber pasado de fuerza marginal a segundo partido del país, su siguiente objetivo era participar directamente en un futuro gobierno. Las elecciones de 2026 debían ser el momento para dar ese salto. Las urnas, sin embargo, parecen haber producido un resultado diferente.
Los Suecos Democratas retrocede y los Moderados recuperan terreno
Los primeros resultados muestran una caída de Sverigedemokraterna respecto de su resultado de 2022. El partido pierde varios puntos y, provisionalmente, también deja de ocupar la segunda posición entre las fuerzas políticas suecas. Los Moderados de Kristersson recuperan ese lugar.
El movimiento resulta significativo porque no todo el retroceso de SD parece haberse trasladado hacia la izquierda. Parte del electorado se ha movido dentro del propio espacio conservador. Esto explica una de las paradojas de la elección.
Kristersson puede perder la mayoría parlamentaria y, con ella, el cargo de primer ministro, pero al mismo tiempo recuperar para los Moderados el liderazgo electoral de la derecha frente a Åkesson.
Los Socialdemócratas, por su parte, continúan siendo claramente la primera fuerza política del país, aunque tampoco protagonizan una gran ola electoral. Magdalena Andersson podría regresar al gobierno sin que exista un crecimiento significativo de su propio partido. Por eso las elecciones no pueden interpretarse simplemente como un giro masivo de Suecia hacia la izquierda. Lo que muestran es una recomposición más compleja de los bloques políticos.
Ahora comienza la batalla por formar gobierno
Incluso si se confirma la ventaja del bloque encabezado por Andersson, la formación de un nuevo gobierno no será automática. La socialdemocracia deberá encontrar una fórmula capaz de reunir o, al menos, conseguir la tolerancia parlamentaria de Vänsterpartiet, Miljöpartiet y Centerpartiet.
Las diferencias entre el Partido de Izquierda y el Partido del Centro, especialmente en política económica, pueden convertir las negociaciones en un proceso complicado.
Kristersson tampoco ha dado por terminada la batalla. La pequeña diferencia entre los bloques deja abierta la posibilidad de negociaciones y combinaciones parlamentarias diferentes.
Suecia entra así en una segunda fase de la elección: después de contar los votos llegará el momento de construir una mayoría capaz de elegir primer ministro y sostener un gobierno.
Una elección observada desde Europa
El resultado sueco adquiere una dimensión particular por el contexto europeo. Una semana antes, Alternativa para Alemania (AfD) consiguió alrededor del 44 % en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt, un resultado histórico para la extrema derecha alemana.
El avance de fuerzas nacionalistas y ultraderechistas se ha convertido en uno de los fenómenos políticos más importantes del continente. Suecia parecía formar parte de esa misma tendencia.
SD había crecido prácticamente de manera ininterrumpida desde su entrada al Riksdag en 2010. En doce años pasó de partido minoritario a segunda fuerza nacional y posteriormente a convertirse en pieza indispensable para la existencia del gobierno de Kristersson.
En 2026 esperaba completar el recorrido entrando directamente al Ejecutivo. Pero esa trayectoria ascendente ha encontrado un obstáculo.
Un freno a la ultraderecha
Todavía falta conocer el resultado definitivo y Sverigedemokraterna continúa siendo una fuerza política importante. Millones de electores siguen respaldando sus posiciones y buena parte de los temas que introdujo en el debate político han sido asumidos también por sectores de la derecha tradicional.
Por eso sería equivocado hablar de la desaparición de la ultraderecha sueca. Pero el resultado tiene un significado político difícil de ignorar. Después de crecer en todas las elecciones parlamentarias desde 2010, SD retrocede precisamente cuando aspiraba a transformar su influencia sobre el gobierno en participación directa en él.
Pierde votos, puede perder su condición de segunda fuerza y el bloque político que sostuvo durante cuatro años corre el riesgo de perder la mayoría.
En una Europa donde la extrema derecha continúa avanzando, y apenas días después del fuerte resultado de AfD en Alemania, lo ocurrido en Suecia ofrece una fotografía diferente. No demuestra todavía un giro general hacia la izquierda. Tampoco elimina las causas económicas y sociales que permitieron crecer a SD. Pero sí demuestra algo importante: el avance de la ultraderecha no es inevitable.
Para la izquierda sueca, el resultado representa por eso una victoria defensiva y, al mismo tiempo, una enorme responsabilidad. Impedir que la extrema derecha entre al gobierno es importante; impedir que vuelva fortalecida será mucho más difícil.
Eso dependerá de la capacidad de responder a los problemas que siguen atravesando a la sociedad sueca —costo de vida, vivienda, empleo, servicios públicos, desigualdad y seguridad— y de recuperar una política capaz de unir, en lugar de enfrentar, a los distintos sectores de la clase trabajadora.
Las elecciones suecas no han derrotado definitivamente a la ultraderecha. Pero han conseguido algo que, en el actual escenario europeo, no es menor: detener su avance y demostrar que también puede retroceder.
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