Hugo Fajardo Cuéllar*
Sociólogo y Abogado.
Docente e investigador UES
Una vez más El Salvador se encamina en la ruta de las elecciones del 2027, en las cuales se elegirá al presidente de la República, a los diputados de la Asamblea Legislativa (AL) y a los alcaldes y concejos municipales. Cabe destacar que estas elecciones se desarrollarán en el marco de un sistema político y electoral no democrático y en medio de las reglas impuestas por el actual régimen autoritario y dictatorial bukeliano.
Se parte de la tesis central de que dichas elecciones se realizarán en un escenario no democrático y en dictadura por la razón fundamental de que las reformas aprobadas por la Asamblea Legislativa (AL) el 31 de julio del 2025, con la cual entre otras cosas se aprueba la «Reelección Presidencial Indefinida» vienen a dar el tiro de gracia a la frágil democracia que regía al sistema político salvadoreño, e imponen una serie de condiciones de participación electoral sin democracia real y bajo control total de una dictadura política.
Dentro de ese contexto se plantean a continuación algunas reflexiones sociopolíticas en torno a los posibles escenarios en que se realizarán las elecciones del 2027 en El Salvador, bajo las condiciones de un país en que se ha sepultado la democracia real y se ha impuesto una dictadura política por parte del actual régimen autoritario de gobierno. Esos escenarios posibles se analizan en el marco de las dos dimensiones siguientes.
Elecciones sin Democracia.
Históricamente los sistemas democráticos capitalistas modernos, han funcionado bajo la lógica de que el pilar fundamental de toda democracia son las elecciones para elegir mediante el voto popular a sus gobernantes; pero lo que siempre ha estado en discusión es si esas elecciones han sido el instrumento para fortalecer en verdad la democracia o simplemente han sido un instrumento de fachada de la misma. En el caso de El Salvador la historia ha demostrado que las elecciones no han servido de mucho para consolidar la democracia.
Cuando hablamos de democracia, como bien lo afirma el sociólogo Edelberto Torres Rivas, siempre hay que preguntarse de qué tipo de democracia estamos hablando, porque cada sistema político tiene su democracia y el sistema capitalista salvadoreño no es la excepción. En el capitalismo esta responde en última instancia a los intereses de los grupos de poder en el Estado o el Gobierno. De tal manera que, aunque se maneja como un proyecto al servicio del pueblo, en la práctica responde a esos grupos de poder.
En tal sentido la democracia verdadera o real en donde el poder radica en el pueblo para servir al pueblo nunca ha existido de manera plena en El Salvador y hoy día la situación es mucho más difícil, dado que las próximas elecciones se realizarán en un país donde dicha democracia ya no existe. Aunque el actual gobierno poco usa este término, en su propaganda oficial insisten en que «El pueblo es el que elige» y que ellos gobiernan para ese pueblo, lo cual es un discurso populista carente de realidad.
Hay muchos argumentos que sustentan esa tesis, pero entre otros cabe resaltar que no hay democracia en un país como El Salvador, donde no se respetan los Derechos Humanos, no existe un Estado de Derecho, no se respetan las diferencias políticas e ideológicas, no se toma en cuenta la opinión del pueblo para la aprobación de políticas públicas, no existe la rendición de cuentas por parte del gobierno al pueblo, del manejo de los fondos públicos, se encarcelan líderes políticos de oposición, y a muchos jóvenes inocentes, sin una causa justa.
A grosso modo, ese es el contexto de país en el que se desarrollarán las próximas elecciones del 2027. Un país donde no existen las más mínimas condiciones democráticas para participar en un evento electoral que garantice libertad e igualdad de condiciones para los participantes en la contienda electoral opositores al partido oficial, principalmente para los candidatos del FMLN, los cuales desde ya están siendo atacados, difamados y desprestigiados por los troles digitales afines al gobierno de turno.
Elecciones en Dictadura.
Se afirma que las próximas elecciones del 2027, se realizarán en un ambiente de dictadura, por la razón fundamental de que el sistema político en general y el electoral en particular están sometidos a la voluntad de un sujeto que, desde el Ejecutivo o el gobierno, sin consultar al pueblo, dicta las diferentes órdenes que se convierten en decretos de ley en la AL. Es decir, El Salvador transita desde el 2019 por una dictadura política, que tiene bajo el control presidencial y sus aliados, sometido a todo el orden social y político del país, y las elecciones no escapan a ese control, lo cual genera condiciones propicias para un posible fraude electoral anunciado.
De mantenerse las condiciones actuales, las elecciones de febrero de 2027 se realizarán en un ambiente marcado por una dictadura política, la cual se expresa entre otros aspectos en: el control político absoluto de la AL por parte del partido en el gobierno, el control total del Tribunal Supremo Electoral (TSE), la eliminación de la deuda política a los partidos políticos, la reducción por decreto de ley de los municipios en el país (de 262, se reducen a 44), la manipulación por el oficialismo de la ley de partidos políticos y el Código electoral para favorecer al partido oficial y otras medidas más, que convierten a las elecciones en un instrumento al servicio del régimen en el poder.
Esas condiciones en que se desarrollarán las próximas elecciones nos llevan a plantear la hipótesis de que «Bajo el actual régimen dictatorial, las elecciones solo son un instrumento de legitimación para la continuidad de dicho régimen». Esto significa que el gobierno en el poder está y seguirá creando las condiciones fraudulentas para que los resultados electorales les sean favorables o, si no manipularlos a fin de mantener no solo el control del Ejecutivo y la mayoría de alcaldías sino también el control absoluto de la Asamblea Legislativa.
La reflexión y el debate sobre los posibles escenarios de las elecciones del 2027, siguen abiertos, pero al considerar las anteriores condiciones en que se está moviendo el ambiente preelectoral con las propuestas de candidaturas, todo parece indicar que se encaminan rumbo a un posible fraude anunciado que ya está en camino, a lo cual deben poner atención los partidos de oposición participantes; de lo contrario la participación de los diferentes candidatos de oposición solo sería un show político más para legitimar las próximas elecciones.
Finalmente hay que dejar planteadas las interrogantes: ¿para qué participar en unas elecciones que no son libres ni democráticas?, ¿estará el partido en el gobierno en la disposición de respetar los resultados electorales del 2027, aunque no le fueran favorables? ¿estarán los partidos de oposición en la capacidad de enfrentar la lucha ante la consumación de un fraude electoral, si fuese el caso? Esas tres interrogantes dejan abierto el debate sobre los posibles escenarios para las próximas elecciones y los desafíos a enfrentar después de estas.
* El autor es Licenciado en Sociología, Abogado y Notario, Maestro en Derechos Humanos y Educación para la Paz, Docente a tiempo completo de la Universidad de El Salvador.
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