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Luis Treminio, de la Asociación Campo.

Sequía amenaza cosechas de granos básicos: Luis Treminio

Redacción Nacionales

@DiarioCoLatino

La persistencia de condiciones secas asociadas al fenómeno de El Niño está generando preocupación entre agricultores y ganaderos salvadoreños, debido al impacto que ya comienza a observarse en los cultivos, la disponibilidad de agua y la alimentación del ganado. Luis Treminio, de la Asociación Campo, advirtió que el país no enfrentaría necesariamente una escasez inmediata de granos básicos, pero sí un déficit de producción que será compensarse mediante importaciones.

Durante una entrevista en el programa Encuentro con Julio Villagrán, Treminio cuestionó la afirmación del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) de que no habrá escasez de granos. Según explicó, la diferencia está en que la demanda puede ser cubierta mediante compras en el exterior, aunque la producción nacional resulte insuficiente.

“Ellos dicen que la producción de este año es de 12 millones de quintales, pero el consumo es de 18.8 millones”, señaló Treminio. Bajo esas cifras, el déficit rondaría los 6.8 millones de quintales, cantidad que tendría que cubrirse mediante importaciones.

El problema se agrava por las condiciones climáticas que afectan a distintas zonas productivas. Reportes presentados durante la entrevista mostraron la reducción significativa del caudal del río Pasquina, en La Unión, lo mismo que el Supul, en Chalatenango, mientras ganaderos de la zona oriental describieron dificultades para conseguir forraje y agua para sus animales.

La falta de lluvias ha encarecido la alimentación del ganado y obligado a algunos productores a buscar fuentes alternativas de agua. En determinadas comunidades, incluso el abastecimiento para consumo doméstico comienza a representar una dificultad. Algunos ganaderos han debido comprar agua y realizar varios viajes para garantizar el suministro necesario.

Treminio sostuvo que la situación puede prolongarse durante varios meses. De acuerdo con los pronósticos mencionados en la entrevista, la influencia de El Niño podría mantenerse hasta el primer trimestre de 2027, mientras que el Ministerio de Medio Ambiente ha advertido que el invierno podría retirarse antes de lo esperado, durante la segunda semana de octubre. Esta combinación aumenta el riesgo para los cultivos que todavía deben completar su ciclo de producción.

Uno de los principales puntos de preocupación es la siembra de granos básicos durante la temporada de postrera. Treminio explicó que el 75% de la producción de frijol se concentra en esta etapa, particularmente en las zonas orientales, donde los agricultores enfrentan condiciones desfavorables para iniciar la siembra debido a la falta de humedad.

El panorama también alcanza al sorgo o maicillo, cuya totalidad de producción se concentra en la postrera. Treminio señaló que el precio del quintal ha llegado a rondar los 50 dólares, en un contexto de menor disponibilidad y mayores dificultades para los productores.

El frijol aparece como uno de los productos más sensibles. El consumo nacional se estima en alrededor de 2.4 millones de quintales. Treminio indicó que el año anterior la producción fue de aproximadamente 2.025 millones de quintales, lo que ya representaba un déficit de 375,000 quintales. Para este ciclo, la Asociación Campo proyectaba, bajo condiciones normales, una producción de 1.95 millones de quintales, lo que habría significado un déficit de 450,000 quintales, antes de considerar el impacto adicional del fenómeno climático.

La dependencia de las importaciones también representa un riesgo, especialmente porque El Salvador recurre principalmente a Nicaragua para abastecerse de frijol. Treminio explicó que Honduras, que anteriormente constituía otra fuente importante, enfrenta desde hace varios años problemas de producción derivados de la falta de lluvias.

A juicio del representante de Campo, Nicaragua mantiene una mayor capacidad productiva y cuenta con mecanismos estatales de apoyo a sus agricultores. Esto permite que el frijol nicaragüense pueda llegar al mercado salvadoreño a un precio competitivo frente al producto nacional.

Treminio también cuestionó la disponibilidad de información oficial sobre la producción agrícola. Señaló que los anuarios del MAG dejaron de estar disponibles públicamente después de 2023 y que los datos posteriores permanecen bajo reserva. A su criterio, esta situación dificulta contrastar las proyecciones oficiales sobre producción y consumo.

Otro de los puntos planteados fue la necesidad de modificar las prácticas tradicionales de siembra ante los cambios en los patrones de lluvia. La Asociación Campo ha recomendado ajustar las fechas de siembra y prestar mayor atención a los pronósticos climáticos del Ministerio de Medio Ambiente y de organismos especializados.

Treminio insistió además en la construcción de reservorios de agua y en la instalación de sistemas de riego por goteo y por desnivel, especialmente en las zonas altas. Recordó que alrededor del 95 % de la producción de maíz y frijol se realiza en laderas, donde los pequeños productores no tienen capacidad económica para trasladarse a terrenos planos o instalar sistemas de riego.

Treminio señaló que de los tres distritos de riego existentes en el país, uno permanece fuera de funcionamiento desde los daños provocados por la tormenta Ida. Estos son Distrito de Zapotitán, Distrito de Atiocoyo, Distrito Lempa-Acahuapa. Este último no funciona.

A su juicio, recuperar esa infraestructura permitiría ampliar las posibilidades de producción y reducir la dependencia exclusiva de las lluvias.

El representante de Campo rechazó, además, las críticas de funcionarios del área de agricultura que lo han señalado de actuar irresponsablemente por recomendar modificaciones en las fechas de siembra. Treminio defendió sus planteamientos y sostuvo que sus advertencias se basan en los pronósticos climáticos disponibles.

Más allá de la confrontación entre funcionarios y organizaciones agrícolas, el problema central, afirmó, es la necesidad de adoptar medidas que permitan al sector enfrentar un clima cada vez más irregular.

Entre sus recomendaciones finales mencionó fortalecer las buenas prácticas agrícolas, utilizar abonos orgánicos para reducir el deterioro de los suelos y, sobre todo, seguir los pronósticos oficiales antes de decidir las fechas de siembra.

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