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Seguimos con la Educación a distancia

Carlos Burgos

Fundador

Televisión educativa

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Decíamos en la prosalegre anterior que antiguamente no se creía que se pudiera aprender a distancia. Algunos de mis amigos estudiaban por correspondencia en escuelas internacionales, carreras como electricidad, corte y confección, y otras. En la década de los cincuenta, el MINED capacitó a los maestros sin título por correspondencia, les enviaba fascículos con los contenidos y los llamaba a exámenes presenciales.

Personalmente hice dos intentos de estudiar a distancia. Uno, cuando decidí ir a rodar tierras a otro país, obtuve autorización del director del Instituto Nacional de Cojutepeque, y llevé los libros y programas de estudio para ello, pero por la pesadez de mi trabajo desistí, y dos, cuando me enviaron a trabajar a La Unión, después de graduarme en la Normal Superior. Me matriculé en el Instituto de comercio Timoteo Liévano de mi pueblo, y don Miguel García me preparaba las lecciones escritas de las asignaturas y cada trimestre me sometía a los exámenes presenciales. Así aprobé el primer año de Contaduría.

Ya no continué esa carrera porque se incrementaron mis  responsabilidades de trabajo. Fui nombrado Subdirector de la Escuela Normal Nocturna. La mayoría de estudiantes no podían asistir de lunes a viernes porque trabajaban como maestros no titulados, en diversos cantones y pueblos del departamento de La Unión. Entonces inventé un sistema semi a distancia.

Con los catedráticos preparábamos lecciones escritas, se reproducían con mimeógrafo para entregarlas a los alumnos, Las estudiaban en sus casas o donde pudieran. Yo les preparé módulos con técnicas de autoaprendizaje y de instrucción programada sobre las asignaturas de Didáctica de las Matemáticas, Pedagogía, Sociología Pedagógica y Estadística Escolar. Los días sábados y domingos todos los alumnos se presentaban para actividades de refuerzo, consulta, ejercicios, discusiones, y aclarar conceptos y procesos. Y se les aplicaban las pruebas presenciales de rigor. A veces recibía consultas por teléfono que con agrado respondía. Al completar el plan de estudios de la carrera se sometían a exámenes privados nacionales y recibían su título de maestros normalistas.

De esta manera comprobé que se podía aprender y enseñar a distancia. Empleamos cuatro elementos esenciales: 1. Lecciones escritas como módulos de autoaprendizaje, 2. Actividades diversas de fin de semana como refuerzo, 3. Asesoría presencial o telefónica, 4. Evaluaciones presenciales por escrito. Todo lo incorporé como experiencias vividas a mi sapiencia.

Cierto día, uno de mis vecinos me invitó a su casa para confiarme que él estudiaba una carrera en una universidad de Costa Rica y que se había «topado» en unos módulos que requerían dominio de la matemática para resolver problemas de Química con ecuaciones de segundo grado, y que lo asesorara al respecto. Acepté y en mi casa estudié a fondo esos módulos que me llevaron paso a paso a la solución de los problemas. El siguiente día, asesoré a mi amigo, y paso a paso resolvió los problemas que lo preocupaban. Posteriormente se trasladó a San Salvador y trabajó en la UES. Esto me dio seguridad para seguir con las ideas de la educación a distancia. Comprobé que la asesoría era un componente básico del aprendizaje a distancia.

En l964, el escritor Ricardo Trigueros de León director de la Editorial del Ministerio de Educación, visitó la ciudad puerto de La Unión. En la Escuela Normal Nocturna que funcionaba en el edificio de la escuela de varones José Pantoja, tuve el privilegio de platicar con él, en un ambiente caluroso, pero bebimos café con pan dulce, recibiendo la brisa del mar.

 

Entregó un lote de libros publicados por la Editorial para ser usados por los alumnos. Abordamos el tema del libro como fuente de desarrollo cultural de niños y jóvenes. Le sugerí que la Editorial podría publicar los libros sobre las asignaturas de estudios para todos los escolares del país. Admiró esta sugerencia y me respondió que tenían la capacidad para realizarla pero estaban cortos de presupuesto. Haría la gestión pertinente. Ya soñábamos con ver a todos los niños de El Salvador con sus propios libros. (Continuará)

 

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