Luis Arnoldo Colato Hernández
Educador
Se institucionalizó.
Detente un instante y considera un ejemplo que para todos debe ser ilustrador, el de la izquierda partidaria española.
Cuando Franco instala la dictadura en la península, no solo lo hace sometiendo a la resistencia republicana, también persiguiendo permanente y sostenidamente a la oposición de izquierdas, que mientras se mantuvo en la ilegalidad, es fiel a sus valores, pero una vez legalizada, gradualmente la vemos abandonarlos para en cambio abrazar no de modo formal, sino enteramente, al institucionalismo.
Porque cambia paulatinamente en la medida que se arropa de la misma legalidad que cuestiona en sus años de perseguida, conformándose en el actual PSOE que no es ni socialista ni representante de los trabajadores, una mera extensión subordinada y política que legitima el orden feudal, atrasado y corrupto institucional franquista que rige a la España moderna.
Que antes combatió.
Un dato poco referido es el respaldo de las democracias occidentales a Franco, que formalmente y por razones históricas relativas al momentum político, de frente al nazi fascismo, las mueve a condenar sus crimenes contra la población civil y la institucionalidad republicana, que los hechos demuestran, pues no paso de ahí.
Porque se trata de que nada cambie, sino que se conserve a favor de lo de siempre.
Y los de siempre.
En el presente vemos para el caso en nuestro país, como la izquierda política se plegó a la desinformación con que la dictadura la contagió, afirmando que es corrupta, que no hizo nada, que es también de los mismos que arruinaron a nuestro país.
En psicología se conoce a eso como acusación en espejo, es decir proyectar lo que se hace a otro, justificándose.
Es decir, endilgar a la izquierda lo que la actual gestión ilegal e ilegítima hace, para encubrir sus delitos.
La dictadura es eso, un esquema ilegal e ilegítimo que no solo se instala quebrando el pacto social, con la complicidad del oscurantismo militar, mientras los militares institucionales se apocan, reduciéndose porque no tienen el valor, o la convicción, para contradecir a Washington y Tel Aviv, lo que se traduce en desinstalar la institucionalidad, sustituyéndola por la más corrupta gestión de nuestra historia, que pacta con el crimen organizado, con el narco, que reintroduce las desapariciones políticas, la persecución por razones políticas, las detenciones arbitrarias, la tortura y el asesinato político, con el fin de aterrorizar a la población, mientras además persigue a la organización social, y corrompe lo que va quedando de la República que gestamos en nuestra revolución.
La que la dictadura niega.
Y es que, la izquierda olvidó que ser de izquierda supone no ser la alternativa, sino la opción, el camino, la única vía.
Porque la alternativa es esto, la corruptela más absoluta, la ilegalidad total, el saqueo a favor de los de siempre, el futuro negado.
Stuart Mill afirmó; “…para que el mal logre sus fines solo hace falta que el bien no haga nada…”
Y el bien, sólo vendrá del lado del corazón.
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