Salvadoristique (Salvadorístico, 2026) de Maria Poumier
Castellano /Français
Rafael Lara-Martínez
Professor Emeritus, New Mexico Tech
[email protected]
Desde Comala siempre…
La «antología bilingüe de poesía salvadoreña» —»Salvadorístico (Salvadoristique, 2026)» de Marie Poumier— recopila treintainueve (39) poetas nacionales en orden alfabético. De proseguir una cronología, abarca de 1913 a 1985, de acuerdo con el nacimiento de los escritores. Incluye veintinueve (29) hombres y diez (10) mujeres, cuya disparidad la evaluaría la teoría de género.
El título propone un neologismo—»Salvadorista», la filiación con una doctrina— que calca la «expresión en espiral» del acontecer poético salvadoreño. Si esta dispersión imita el destino de la diáspora por el mundo, se trata de una temática abierta a la discusión. En apoyo a esta hipótesis, la autora reconoce la dificultad del «poeta» a asentarse en «su tierra», así como su anhelo de escuchar «los rumores del más allá».
Poumier juzga al país bajo dos símbolos recurrentes que recubren su identidad en construcción constante, a saber: el nombre propio y la flor (anthos). En primer lugar, citando a Claudia Lars (1899-1974) —»la madre de todos los poetas»— la palabra vaticina el hado social del objeto o del sujeto que nombra. Los sonidos y las letras no resultan arbitrarios. No son un simple ropaje cultural del mundo natural y social. En cambio, trasladan la esencia humana —transpuesta en las cosas— hacia el lenguaje. Por ello, anterior a toda teoría marxista, resalta cómo la estatua de «El Salvador del Mundo» prescribe la historia de sacrificio, de martirio y de exclusión social, la elimi-Nación de la diferencia (véase la ausencia de los idiomas maternos en la literatura monolingüe). En verdad, San Romero (1917-1980) guía la nueva voz de la poesía desde la década de los ochenta.
Antes de su consagración, Poumier subraya el debate secreto entre Roque Dalton (1935-1975) y David Escobar Galindo (1943-). Ellos definen dos posturas en combate literario por construir la verdad y la política nacional. No recalca la muerte sacrificial de Dalton, en su propio círculo armado, durante la «guerra florida». Pero insiste en anotar el desdén por su interlocutor —contrapuesto a los ideales revolucionarios hoy fallidos, debido a la agonía de la lucha: «sin revolución y muerte» cíclica de la difrencia. En Escobar Galindo, el «equilibrio» prevalece junto a la «inquietud espiritual e intelectual».
En cambio, tres décadas después, hacia la víspera del siglo XXI, los opuestos complementarios se reconcilian gracias a la revolución sinódica de los clásicos. «Francisco Gavidia y Alberto Masferrer, Salarrué el folklorista, Claudia Lars», etc., sin la necesidad de un nuevo rito sacrificial, quizás. En materia poética, el fracaso de la revolución social engendra la revolución sinódica de los clásicos, bajo el silencio de la esfera pública militar que difunde su obra.
Durante esta renovación primaveral, cobra vigencia el segundo emblema simbólico del país. La «flor» no sólo refiere al «izote», escudo nacional, sino al alimento que sustenta el cuerpo humano. Al encarnarla, los habitantes asumen la vocación de «árbol». Transcriben poesía (anthos) y su vida abraza, enrama la esperanza de la hoja, cogollo y folio. Así facilitan la recopilación (Logos/Tapixca) del «florilegio» que la antología reproduce y traduce al francés. Si formalmente destaca el paso del soneto clásico a la desnudez de la forma libre, la temática exige un vuelco hacia la siembra. En efecto, desde la guerra civil, el cultivo político se hunde en el surco corporal cuya flor (anthos) sangrante profetiza una resurrección sin fecha precisa. El futuro inexistente e incierto ignora si la flor engendrará el fruto promisorio. A saber…
Entretanto, en la presencia, la poesía prosigue la ley elemental del lenguaje que a diario nos nutre. No sólo se «esculpe» en columna vertebral del mundo hablado. A la vez, anuncia que el «conflicto» hace del país una «abomi-Nación» acaso interminable. No se sabe si al verbalizar el mundo viviente, la sangre sigue irrigando la flor o, en cambio, en un país ahora tan seguro la «tinta» reemplaza el plasma, al encarcelar la violencia.
Bajo la aureola de los clásicos resurrectos —de sus encarnaciones vivas— la actualidad de lo Otro se disipa en la ausencia o en el «con/m-flicto/bate, el golpe contra la diferencia». Del periodismo investigativo —a la mujer sin derechos sobre su propio cuerpo— la poesía contemporánea debe inaugurar un terreno aún baldío. Ha de edificarse en presencia crítica del mundo socio-político actual. Mientras esos derechos no se logren —oposición razonada, con apoyo similar a los clásicos durante los regímenes militares, y mujer independiente, fuera del acoso—la poesía continuará su compromiso ineludible, hasta encontrar nuevos desafíos por venir.
Poetas incluidos / Poètes inclus
Alfaro, William (1973)
Alvarenga, Luis (1969)
Anna Delmy Amaya Aguilar (1954)
Amaya, Vladimir (1985)
Ámbar, Pedro (1972)
Argueta, Manlio (1935)
Argüello, Lovey (1947)
Ávalos, Jorge (1964)
Campos, Alexander (1963)
10. Canales, Jorge (1957)
Cárcamo, Eduardo (1950)
Chacón, René (1965)
Chinchilla, Miguel Ángel (1956)
Darío Lara, Álvaro (1966)
Escobar Galindo, David (1943)
Fajardo, Alfonso 1975)
Galán, Jorge (1973)
Guevara, Otoniel (1967)
González Huguet, Carmen (1958)
20. Hernández Aguilar, Federico (1974)
Hernández Pereira, Ricardo (1985)
Herodier, Claudia (1950)
Huezo Paredes, Elisa (1913-1995)
Iraheta Santos, Julio (1939-2024)
Kijadurías, ver Quijada Urías
Lovos, Patricia (1991)
Marquina, Mauricio (1945-2025)
Mendoza, Rafael (1943)
Meyer, Claudia (1980)
30. Montano, Heriberto (1950-2007)
Navas, Nohemy (1974)
Orantes, María Cristina (1955)
Ortiz, Eva (1961)
Pocasangre, Alberto (1972)
Posada, Dina (1946)
Quijada Urías, Alfonso “Kijadurías” (1940)
Rauda, Ilich (1982)
Rentería Meza, André (1985)
Rodríguez, Mario Noel (1955)
40. Soundy, Yanira (1964)

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