Saúl Méndez
Colaborador
La Asociación Salvadoreña de Ayuda Humanitaria PRO-VIDA, con el acompañamiento de UNICEF El Salvador, y financiamiento del Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia de Naciones Unidas (UNCERF), desarrolló acciones para fortalecer la resiliencia de comunidades vulnerables ante la sequía en agosto de 2026.
Como parte de estas iniciativas, PRO-VIDA, junto al liderazgo comunitario de las administradoras comunitarias y locales de agua del distrito de Tacuba, y en coordinación con Salud Ambiental del Ministerio de Salud (MINSAL) y la Alcaldía Municipal, realizó tres jornadas de fortalecimiento de capacidades en resiliencia comunitaria frente a la sequía.
Durante estas jornadas se definieron acciones anticipatorias en seis sistemas comunitarios y locales de agua, orientadas a proteger a las familias antes de que se agudicen los efectos de la crisis hídrica. También se establecieron medidas para garantizar la calidad del agua destinada al consumo humano de más de 8,000 personas.
Las acciones forman parte de los esfuerzos para promover el acceso a agua segura en comunidades ubicadas en el corredor seco y contribuir a la protección de la salud de la niñez y las familias ante los efectos de la sequía.
En materia de saneamiento, PRO-VIDA culminó la instalación de 70 letrinas de hoyo seco mejorado y desarrolló reuniones informativas sobre la importancia del manejo adecuado de excretas en los hogares.
El proceso se llevó a cabo en las comunidades de San Francisco Iraheta, Hoyo Centro y Zamora, del distrito de Ilobasco, así como en Llanitos y El Platanar, del distrito de Jutiapa.

La organización también desarrolló acciones para contribuir a la prevención del cáncer cervicouterino y al cuidado de la salud de las mujeres, desde un enfoque de derechos sexuales y reproductivos. En este marco, realizó jornadas médicas comunitarias para la toma de citologías en el distrito de San Esteban Catarina, municipio de San Vicente Norte.
Esta iniciativa se desarrolla junto a la Asociación de Mujeres AMUSEC, con el apoyo del Colectivo El Salvador-Elkartasuna, financiamiento de Azpeitia y otras aportaciones públicas.
Asimismo, PRO-VIDA desarrolló una jornada sobre masculinidades con hombres de Sumpul Chacones y comunidades aledañas, en la región de Chalatenango. El proceso busca cuestionar mandatos culturales arraigados y fomentar la corresponsabilidad, promoviendo una mayor participación de los hombres en la crianza y las tareas del hogar.
La actividad fue posible con el apoyo de Solidaridad Internacional-Andalucía y el financiamiento de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo.
PRO-VIDA es una asociación humanitaria que promueve procesos participativos en salud integral, gestión de riesgos y resiliencia ante el cambio climático, desarrollo territorial y fortalecimiento institucional, con el objetivo de contribuir a mejorar la calidad de vida de las poblaciones más vulnerables desde un enfoque de derechos, género y generacional.
La organización tiene como propósito contribuir a la construcción de una sociedad saludable y resiliente, especialmente en comunidades en situación de pobreza, mediante procesos participativos de organización, educación y fortalecimiento de capacidades de los titulares de obligaciones, desde una perspectiva de derechos y en coordinación con actores locales y nacionales para incidir en las políticas públicas.
«Todas las personas que pertenecemos a PRO-VIDA tenemos como característica indispensable la decisión de apoyar el proceso de construcción de una sociedad más justa y equitativa», señala la organización.
PRO-VIDA nació en 1984, en el contexto del conflicto armado salvadoreño, cuando un grupo de personas observó las difíciles condiciones que enfrentaba la población, especialmente niños y niñas. Ante esta situación, se creó un refugio para brindarles protección, dando inicio a la labor de la Asociación Salvadoreña de Ayuda Humanitaria PRO-VIDA, recordó María Rudecinda Orellana, directora ejecutiva de la organización.
En el contexto del conflicto interno de la década de 1980, PRO-VIDA continuó creciendo y transformándose para atender las necesidades de salud de comunidades y poblaciones en situación de vulnerabilidad, manteniendo como eje permanente la defensa de los derechos humanos.
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