Redacción Nacionales
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El sociólogo Walter Fagoaga consideró que el anuncio de 50 mil becas para jóvenes salvadoreños representa una oportunidad para ampliar el acceso a la educación, pero advirtió que la medida por sí sola no resuelve los problemas estructurales de la educación superior en el país.
Durante su participación en el programa Encuentro con Julio Villagrán, Fagoaga señaló que el debate no debe limitarse a la cantidad de becas anunciadas, sino centrarse en la cobertura, la calidad, la investigación, la formación docente y, sobre todo, en la relación entre el sistema educativo y las necesidades de desarrollo de El Salvador.
Una buena noticia con interrogantes
El sociólogo sostuvo que cualquier anuncio que permita a más jóvenes acceder a estudios superiores debe ser considerado positivamente, especialmente cuando se trata de estudiantes provenientes de familias con pocos recursos.
Sin embargo, planteó la necesidad de analizar la dimensión real del programa. Según explicó, de los jóvenes que egresan cada año de educación media, únicamente alrededor de una tercera parte logra incorporarse a la educación superior. Además, muchos de quienes consiguen ingresar enfrentan dificultades económicas para pagar los costos asociados a sus estudios.
Fagoaga señaló que las 50 mil becas, de acuerdo con lo planteado en la entrevista, contemplarían estudios superiores y formación técnica durante varios años. En ese sentido, consideró que podrían contribuir a incrementar la cobertura educativa, pero insistió en que se trata solamente de una parte del problema.
“Se amplía la cobertura”, resumió, pero el país continúa enfrentando dificultades relacionadas con la permanencia de los estudiantes, la graduación y las oportunidades laborales para quienes concluyen sus carreras.
El reto de llegar a la universidad
Uno de los principales problemas identificados por el sociólogo es que muchos jóvenes terminan el bachillerato y deben decidir entre continuar sus estudios o incorporarse inmediatamente al mercado laboral.
Las necesidades económicas familiares, dijo, hacen que para muchos resulte más atractivo conseguir un empleo inmediato que invertir varios años en una carrera universitaria sin tener la certeza de encontrar trabajo al graduarse.
Esta situación se vuelve más compleja porque la tasa de estudiantes que finalmente culminan una carrera universitaria es considerablemente menor que la cantidad de jóvenes que ingresan.
Para Fagoaga, el país debe preguntarse no solamente cuántos estudiantes pueden entrar a las universidades, sino cuántos logran graduarse y qué posibilidades tienen posteriormente de incorporarse a un empleo digno.
Educación y desarrollo nacional
El sociólogo cuestionó que la expansión de la educación superior continúe funcionando fundamentalmente bajo una lógica de mercado.
A su juicio, las universidades necesitan vincular sus carreras con las necesidades concretas del país. Esto implica fortalecer áreas relacionadas con la agricultura, el café, el medio ambiente, la construcción, la tecnología y otras actividades productivas.
Como ejemplo, planteó que las sedes universitarias que se proyecten fuera de San Salvador deberían especializarse de acuerdo con las características económicas y sociales de cada territorio.
Una universidad o instituto tecnológico en Chalatenango, por ejemplo, podría orientarse hacia la agricultura, mientras que en zonas como Ahuachapán podrían impulsarse estudios vinculados al café y en las regiones costeras carreras relacionadas con las actividades propias de esos territorios.
“No se trata solamente de reproducir lo mismo”, sostuvo Fagoaga, sino de convertir la educación superior en una herramienta para producir conocimiento y generar desarrollo.
Una universidad que produzca conocimiento
Otro de los problemas señalados durante la entrevista fue la limitada capacidad del país para producir investigación científica y tecnológica.
Fagoaga afirmó que El Salvador continúa teniendo una inversión reducida en investigación y desarrollo, mientras otros países que han logrado avances importantes han destinado mayores recursos a la ciencia, la tecnología y la innovación.
Para el sociólogo, incrementar el presupuesto educativo debería estar acompañado de fondos para investigación, desarrollo tecnológico y generación de conocimiento.
También consideró necesario fortalecer las capacidades de los docentes universitarios, quienes muchas veces deben impartir numerosas horas clase en diferentes instituciones para garantizar sus ingresos, dejando poco tiempo para investigar.
Formar técnicos y profesionales
Fagoaga también coincidió con la necesidad de fortalecer la educación técnica y tecnológica. Recordó el debate generado en torno a la falta de trabajadores especializados.
El problema, explicó, no debe plantearse como una oposición entre universidad y formación técnica. Ambas son necesarias, pero deben responder a una estrategia nacional de desarrollo.
El país necesita profesionales universitarios, investigadores, científicos y humanistas, pero también técnicos capaces de incorporarse a sectores productivos que requieren mano de obra especializada.
Recuperar una visión de largo plazo
Finalmente, el sociólogo consideró que la transformación educativa requiere políticas de largo plazo y una mayor participación del Estado.
Recordó experiencias históricas en las que las reformas educativas buscaron articular la formación de los jóvenes con el modelo económico y las necesidades laborales del país.
En esa perspectiva, planteó incluso la posibilidad de crear un Ministerio de Educación Superior que permita articular las universidades, los institutos tecnológicos, la investigación científica y las necesidades productivas.
Para Fagoaga, las 50 mil becas pueden significar un alivio y una oportunidad para miles de jóvenes, pero el verdadero desafío consiste en construir un sistema de educación superior que no se limite a ampliar la matrícula.
El reto, concluyó, es pasar de un modelo predominantemente reproductivo y mercantilizado a uno capaz de producir conocimiento, formar profesionales y técnicos, impulsar la investigación y contribuir efectivamente al desarrollo nacional.
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