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Poesía mundial salvadoreña: David Escobar Galindo y Carmen González Huguet

 

César Ramírez Caralvá,

Escritor

 

David Escobar Galindo miembro de la Academia Salvadoreña de la Lengua y Rector de la Universidad Dr. José Matías Delgado, ganó el Premio mundial con su poemario místico Hombre hacia Dios, que triunfó sobre 270 obas participantes en el Certamen 31, “Fernando Rielo de la Poesía Mística, el 14 de diciembre de 2011 en España.

José Luis Lovo Castelar 15 de marzo de 2012, en Boletín 27 Academia Salvadoreña de la Lengua, Correspondiente de la Academia española anotó:

El laurel… fue otorgado al autor del libro “Hombre hacia Dios”, el que mejor reflejó el espíritu del premio, supo imprimir su sencillez y profundidad, cultura y cotidianidad, delicadeza y vigor, religiosidad y vivencias. Según el jurado: “La frescura de los versos son un ejercicio de la fe expresada en cada palabra que emerge de la conciencia inspirada del poeta”. David ha comentado que sus poemas tratan de desdramatizar la relación entre el ser humano y la divinidad.  Muestran la conexión que los seres humanos tenemos con Dios.

Nos dice: “Dios ya está aquí, nunca ha dejado de estar entre nosotros, pero hay que tomar conciencia de esa cercanía, que implica conexión permanente”. Es un verso testimonia de lo cotidiano, que nace al ritmo de impulsos interiores.

Hombre hacia Dios

Le escribo a Dios cada mañana una

pequeña fábula sonriente.

A mediodía, le escribo a Dios a diario un

ardoroso ensayo sobe las poluciones de

la fe.

Cuando atardece, le escribo a Dios sin falta,

un mensaje en clave de nostalgia.

Le escribo a Dios cada crepúsculo una

escueta nota de despedida.

Y a diario, al emprender la noche, le escribo

a Dios una oración sin nombre.

A media noche, pues, todo está escrito.

Todo está escrito, por mí, cronista

inmemorial, escribano de Dios,

notario distraído que la mañana siguiente

no se acuerda de nada,

para empezar de nuevo con el alma

desnuda.

Carmen González Huguet ganó el 11 de diciembre de 2017 el 37 Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística.

Con el poemario El alma herida, Carmen González Huguet (San Salvador, 1958) se ha hecho con el XXXVII Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística, celebrado el 11 de diciembre (2017) en Roma, en la Embajada de España ante la Santa Sede.  Sobre la obra ganadora el Jurado ha concluido que “en los noventa sonetos que componen este libro, la autora introduce, sin concesiones a ningún facilismo retórico, versos auténticos, vibrantes, libres de ambages. El universo poético se nutre del material extraído de la propia vida: las búsquedas personales, las luchas interiores, la tensión hacia el horizonte que marca la esperanza, todo ello sazonado también de gratitud y de una actitud suplicante que nace de un verdadero fervor:

 

«Gracias por la alegría y el quebranto,

por la flor y la tierra en el barbecho,

por el esfuerzo diario y el provecho,

por el gozo, Señor, y por el llanto».

 

Los poemas respiran paz y mística alegría, al mismo tiempo que crece la fe y la esperanza en la herida purgante de los momentos de ausencia tan traída y llevada en nuestra mejor literatura:

«Puebla, pues, esta ausencia que me hiere

Y sé Tú aquel refugio que me aloja,

Y Tú, mi sol, la lluvia que me moja

Y el Amor absoluto que no muere».

 

 

Sonetos del poemario 

El alma herida

 

Qué soledad de ti si estás dormido.

Qué silencio en la noche pavoroso.

Yo me asomo al abismo misterioso

donde no hay luz, ni nombre, ni sonido.

 

Y no te encuentro, Dios. Pero en mi oído

me nombras y me llamas, silencioso,

y en todas tus criaturas, melodioso,

oigo tu canto del amor nacido.

 

Levántame del fondo del fracaso.

Anda conmigo en medio de la gente

hasta la triste hora del ocaso.

 

Llévame, río, de tu oscura fuente

a descansar contigo, paso a paso,

dulce, profunda, apasionadamente.

 

 

Espérame a la orilla de la tarde,

divino Amor, en esta cita ciega.

La lluvia envuelta en niebla fina llega

y se oculta en la ausencia el sol cobarde.

 

No me pidas, Amigo, que te aguarde

bajo este cielo que mi cuerpo anega.

¿Diluye acaso el fuego de la entrega

aquel que al centro del incendio arde?

 

Te espero aquí, Señor, siempre te espero.

Mas cuanto tardas. La emoción cautiva

mi pobre corazón de amor herido.

 

Los años pasan. De esperar me muero.

Llévame ya, Señor, contigo arriba,

y acógeme en tu cielo prometido.

 

 

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