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Pinochet: a propósito de dictadores de ayer y hoy (primera parte)

Óscar Miguel Marroquín*

Periodista

Desafiar el olvido es una exigencia tanto personal como colectiva, ya que olvidar puede llevarnos a creer que algo no ocurrió, beneficiando al opresor y al sufrimiento causado. Salvador Allende fue traicionado, acusado y asesinado por los poderes fácticos; con la complicidad del ejército y por supuesto, con la participación directa de Estados Unidos. La democracia que los norteamericanos han proclamado tantas veces; fue pisoteada por ellos mismos. Allende llegó a la presidencia mediante un proceso electoral; es decir, por la vía de la puñetera democracia burguesa: Allende eligió el camino pacífico para alcanzar el poder y lo logró, sin embargo, Agustín Edwards Eastman y otros oligarcas decidieron llevar a cabo un magnicidio, contra el legítimo presidente de Chile.

No hubo una sola razón que cuestionara la legitimidad de Allende como presidente, no existió ninguna, salvo las patrañas ideológicas inventadas por los enemigos de su propia democracia; es decir, por la democracia burguesa tal como la llamo el propio Salvador Allende; nada de raro existe en este asesinato, la oligarquía chilena no podía perdonar que el pueblo junto a su nuevo presidente, abrazaran y avanzaran hacia un nuevo paradigma social y económico principalmente y, entonces, recurrieron a lo de siempre, a lo que saben hacer muy bien: al terrorismo.

Habría que decir también, que sedientos de sangre fueron en busca del profesor universitario Víctor Jara; tras su captura, fue torturado por varios días y luego asesinado, su cuerpo arrojado al costado de un camino. Testigos refieren que los terroristas (ejército chileno) utilizaron cuarenta y cuatro balas para acallar la voz de uno de los mejores cantautores que ha tenido Chile y toda América Latina. Víctor Jara expresaba y cantaba así: Que los derechos humanos, los violan en tantas partes, en América Latina domingo, lunes y martes, nos imponen militares, para sojuzgar los pueblos, dictadores, asesinos”. Los coroneles y generales, fracasaron en el intento más burdo, la voz de Víctor Jara resuena ahora como el rugido de un volcán.

De ese modo, los universitarios pagaron un alto precio por pensar de manera diferente, Jorge Ortiz Moraga estudiante de medicina, nunca más volvió a su hogar, la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) tras torturarlo, posiblemente lo arrojó al mar. Recién, durante su gestión el presidente Gabriel Boric (2022-2026) firmó un decreto que permite la búsqueda de los desaparecidos durante la dictadura de Augusto Pinochet.

Algo similar ocurrió en El Salvador en relación con la represión que la dictadura militar ejerció desde sus inicios con el general Maximiliano Hernández Martínez; La oligarquía en complicidad con los militares asesinó al obispo Oscar Arnulfo Romero; secuestraron y mataron a miembros del Frente Democrático Revolucionario (FDR): Enrique Álvarez Córdova, Juan Chacón, Manuel Franco, Enrique Escobar Barrera, Humberto Mendoza y Doroteo Hernández[1]. Cabe destacar que, ninguno de los asesinados pertenecía a ningún grupo guerrillero. A pesar de ser un terrateniente, Enrique Álvarez Córdova, defendía profundamente la propuesta de la distribución de las tierras a los campesinos salvadoreños mediante una reforma agraria.

Es imposible ocultar tanta historia que ha ocurrido en el suelo latinoamericano; por más que intenten silenciar la verdad, está siempre saldrá a luz: Maurice Halbwachs nos dice “No existe ninguna sociedad donde hayamos vivido algún tiempo que no subsista o, al menos, que no haya dejado ningún rastro de sí misma en grupos más recientes de los que hayamos formado parte: la permanencia de estos vestigios basta para explicar la permanencia y la continuidad del tiempo propio de esta sociedad antigua en la que podemos volver a entrar con el pensamiento en cualquier momento”[2].

Por otra parte, la proclamación de democracia tantas veces pregonada por los Estados Unidos no es más que una falacia en toda regla; la dictadura chilena con Pinochet al mando duró alrededor de 17 años; siendo entonces los estadounidenses los defensores de la democracia, ¿Qué hicieron por restablecer el orden constitucional y evitar la dictadura? ¿Acaso condenaron el asesinato de Salvador Allende? ¿Se pronunciaron acaso ante tanto asesinato cometido por Pinochet?

Vanessa Williamson, investigadora principal de gobernanza en el think tank estadounidense Brookings Institution, afirma que, “Estados Unidos tiene muchas prácticas antidemocráticas de muy larga data”[3]. En resumen, lo que dice Williamson muestra que la tan alabada democracia estadounidense no es más que palabras vacías y, lo que es peor, es una retórica manchada de sangre.

La política de Estados Unidos respecto al acontecimiento del 11 de septiembre de 1973 es tan antidemocrática que, a cincuenta años, aún existen archivos clasificados en poder de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Documentos que, naturalmente esclarecerían cuál fue el papel de EE. UU; para inicialmente, desestabilizar el gobierno de Allende y, luego, planificar acciones políticas en conjunto con la oligarquía chilena que deseaba deshacerse de Allende y su gobierno, además de preparar las condiciones entre los militares reclutados por la CIA, (entre ellos estaba Pinochet), para dar la estocada final.

En consecuencia, la democracia de los Estados Unidos no podía ser de otro modo que a través de bombas y fusiles; Chile no fue la excepción, otros países de América Latina corrieron la misma suerte. Para el imperio y las oligarquías aliadas, no hay ni habrá ningún otro modelo de convivencia social y política, que no sea el que imponen quienes controlan principalmente el poder económico. Los trabajadores y otros sectores de la sociedad chilena decidieron elegir en las urnas un presidente con pensamiento socialista, sin embargo, a pesar de que Salvador Allende y su partido participaron justamente bajo las reglas de la democracia participativa o burguesa, el resultado no fue respetado; la CIA y los oligarcas chilenos hicieron lo que mejor saben hacer, organizaron y ejecutaron el magnicidio en contra de Salvador Allende.

Por lo tanto, el desafío de los pueblos latinoamericanos debe ser: NO OLVIDAR LA HISTORIA, PARA QUE ESTA NO SE REPITA.

 

*Periodista graduado por la Universidad de El Salvador y master en estudios latinoamericanos por la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia.   

 

[1] https://cedema.org/digital_items/3623

[2] https://ia601509.us.archive.org/17/items/MemoriaColectivaHalbwachs./Memoria%20Colectiva-Halbwachs.-.pdf

[3] https://www.dw.com/es/cu%C3%A1n-democr%C3%A1tico-es-realmente-estados-unidos/a-70182365

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