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Pinochet: a propósito de dictadores de ayer y hoy (parte final)

Óscar Miguel Marroquín*

Periodista

Cada once de septiembre, recordamos con tristeza y dolor el asesinato del presidente chileno Salvador Allende a manos de la oligarquía chilena con el respaldo del ejército y el general Augusto Pinochet y Estados Unidos. Cabe agregar que esta misma fecha es para rememorar a las más de 4,000 personas asesinadas y a los miles de torturados por la dictadura.

A raíz de la conspiración militar contra Allende, Chile se transformó en un laboratorio para el resto de América Latina. El modelo neoliberal se aplicó bajo la dirección de un grupo de economistas formados en Chicago y con la guía ideológica del economista Milton Friedman, quien decía que “la responsabilidad social de los negocios consiste en incrementar sus beneficios”. Esta frase de Friedman nos ayuda a comprender por qué Allende era un estorbo en el camino. Dicho de otra manera, los sectores conservadores en Chile disfrazaron la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética y utilizaron ese pretexto para justificar el magnicidio.

Poco después, la fachada de la oligarquía y de Estados Unidos se desmoronó; tras el magnicidio, quedó claro que había poco o nada de esa tesis geoestratégica, ya que lo que realmente se escondía era un plan o modelo que fue rápidamente impuesto en América Latina, y para ello fue esencial la intervención directa del estamento militar latinoamericano.

Mientras los militares llevaban a cabo una represión sangrienta en Chile y de manera similar en otras naciones, las fuerzas conservadoras fueron consolidando paulatinamente el modelo neoliberal. Es decir, mediante la eliminación de opositores, los oligarcas, en confabulación con los militares, buscaron erradicar cualquier rastro de seguidores de Allende. Luego, inició el Consenso de Washington, un término acuñado por el economista John Williamson.

Inicialmente, el Consenso de Washington incluyó diez puntos centrales para las economías latinoamericanas; detrás de esto estaban el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. También es importante señalar que esto fue una especie de consolidación del modelo neoliberal y, por ende, una derrota para el movimiento social que durante décadas había resistido el modelo neoliberal o de libre mercado, y el Consenso de Washington.

Como resultado, el magnicidio que ocurrió en Chile en ese trágico 11 de septiembre de 1973 podría ser una advertencia de que la historia no ha terminado, porque, a diferencia de las dictaduras militares, podrían estar surgiendo nuevas resultantes de las disparejas relaciones de poder económico y de una democracia representativa, que solo defiende a aquellos que controlan la gran economía (bancos, comercio, entre otros). Como hipótesis, se podría argumentar que los conceptos y categorías de Milton Friedman y John Williamson han dejado atrás todas las ideas propuestas por Karl Marx, que en décadas pasadas fueron bandera de lucha de los más desfavorecidos o excluidos de América Latina.

La frase que nos advierte “un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla” resuena en los nombres de los presidentes: Nayib Armando Bukele Ortez de El Salvador; José Antonio Kast Rist de Chile; Javier Gerardo Milei de Argentina; Abelardo Gabriel de la Espriella Otero de Colombia; y Nasry Juan Asfura Zablah de Honduras y Keiko Sofía Fujimori Higuchi.

Lo anterior implica que no importa si se trata de dictadura militar, dictadura de partido único, dictadura personalista, dictadura monárquica o dictadura híbrida. Las dictaduras pueden instaurarse de maneras muy distintas. Algunas se conforman cuando un líder o un partido político, que llega al poder democráticamente, decide impulsar medidas que desconocen la división de poderes y las libertades políticas y civiles. Otras se constituyen a partir de revoluciones, guerras civiles o golpes de Estado. En todos los casos, las prácticas autoritarias, la persecución política y el desequilibrio de poderes suelen impedir que el dictador o la cúpula gobernante sean removidos del poder [1]. Algo similar sucede en El Salvador, un país que durante varias décadas había respetado la Constitución, celebrando elecciones para elegir un nuevo presidente cada cinco años; no obstante, esta situación cambió drásticamente y ahora hay un presidente que ha modificado las reglas democráticas a su favor.

Dicho presidente no solo ha gobernado el país durante un período de cinco años, como lo estipula la Constitución, sino que ha añadido un período adicional de dos años, que puede considerarse irregular. Además, para 2027 se está postulando nuevamente para la presidencia; por lo que es importante mencionar que el nuevo período presidencial ya no será de cinco años como lo establecía anteriormente la Constitución, sino de seis. En otras palabras, la posibilidad de que El Salvador caiga nuevamente en una dictadura no está muy lejos.

Desde la firma de los acuerdos de paz en 1992 entre el gobierno del derechista presidente Alfredo Cristiani y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), los diferentes partidos políticos con intención de llegar al poder habían venido respetando el orden constitucional, esto a pesar de que, desde la fecha en mención, tanto la derecha como la izquierda ostentaron el poder en diferentes períodos y en ningún caso se optó por romper con lo establecido en la Constitución.

En conclusión, El Salvador podría estar convirtiéndose en un nuevo laboratorio de Estados Unidos, tal como ocurrió en Chile tras el magnicidio de Salvador Allende. Es bien sabido que, si el gobierno de Estados Unidos no se pronuncia en contra de situaciones políticas como la que se vive actualmente en El Salvador, es simplemente por complicidad. Finalmente, como ejemplo, vale la pena mencionar un caso cercano: Juan Orlando Hernández se mantuvo como presidente en Honduras por dos períodos consecutivos, a pesar de que la Constitución de ese país lo prohíbe; de no haber sido señalado como narcotraficante por un tribunal de Nueva York, Hernández podría haber permanecido en el poder por tiempo indefinido.

 

Periodista y magister en estudios latinoamericanos

 

[1] https://concepto.de/dictadura/

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