Ricardo A. Hernández
La escuela y la universidad son dos espacios ideales para enseñar a pensar críticamente. Aunque, de acuerdo con Gramsci, estos también pueden convertirse en espacios para mutilar el pensamiento crítico y solidificar la dominación. El filósofo consideraba que un grupo o clase social dirige la sociedad logrando que la población acepte los valores de los gobernantes de forma voluntaria. Así, los dominados asumen que ese orden es natural y se someten a la voluntad de los dominadores. Para Gramsci, los principales mecanismos de dominación son la escuela, la Iglesia y los medios de comunicación.
Esos mecanismos que los grupos dominantes usan para hegemonizar sobre la sociedad no tendrían que permitir el ejercicio del pensamiento crítico, porque al hacerlo correría riesgo su propia hegemonía. Sin embargo, en la escuela siempre habrá, al menos, mínimas fisuras que provocan que la reproducción del discurso dominante sea cuestionada; por lo tanto, ni siquiera en la sociedad más totalitaria se podrá anular toda expresión de pensamiento crítico.
En la sociedad nazi, a pesar del feroz control estatal en las aulas, hubo focos de resistencia que desafiaron el totalitarismo. Por ejemplo, los llamados «Piratas de Edelweiss» fueron un movimiento de adolescentes que se negaban a unirse a las Juventudes Hitlerianas. En el ámbito universitario, un grupo de estudiantes de medicina (la Rosa Blanca) operó como disidente y, a través de folletos, denunciaba los crímenes de guerra nazis. Desde luego, un régimen totalitario tratará por todos los medios de controlar el pensamiento y castigar a aquellos que se atreven a cuestionar el orden establecido.
Para saber si la escuela salvadoreña ha estimulado el pensamiento crítico, habría que reconstruir una historia de las metodologías utilizadas en las aulas para que los estudiantes reflexionen, cuestionen y resuelvan problemas; sin embargo, no existe una historia formal sobre la relación entre la escuela salvadoreña y el pensamiento crítico. A pesar de esto, es un lugar común considerar que el modelo educativo tradicional ha sido «bancario»: al estudiante se le ha formado para memorizar datos y acumular información, pero sin reflexionar sobre el contenido de la misma.
Aunque no tengamos suficiente información para conocer cómo se ha hecho uso del pensamiento crítico para lograr avances científicos en la escuela, sí tenemos evidencias de que en la escuela y la universidad salvadoreña este se generó en el ámbito político. Una cantidad considerable de maestros que conformaron gremiales como ANDES 21 de junio crearon, en 1965, una fisura en la hegemonía del grupo dominante dentro del espacio escolar. Ese grupo docente incidió en el estudiantado de la época, lo que llevó a muchos jóvenes a conformar movimientos estudiantiles opositores al régimen militar de turno.
Gramsci era de la idea de que la Iglesia era una institución que ayudaba a mantener la hegemonía de la clase dominante. No obstante, en el caso salvadoreño, al menos una fracción de la Iglesia desarrolló pensamiento crítico desde la fe, especialmente en los colegios administrados por instituciones religiosas. Por ende, tanto el magisterio como la Iglesia católica (con la teología de la liberación) contribuyeron al desarrollo del pensamiento crítico entre los años sesenta y noventa.
Plantear lo anterior sacude a aquellos que, en lugar de considerar que el magisterio y la Iglesia crearon pensamiento crítico, dirían que desde estas instituciones se indoctrinó a muchos jóvenes y se les “lavó el cerebro”. No obstante, una manera tradicional de enfocar este tipo de fisuras en la dominación es acusando a quienes se resisten, de ser simples títeres de otros intereses que buscan imponer nuevos regímenes totalitarios.
En la misma época, en la Universidad de El Salvador (UES) se desarrolló un pensamiento crítico volcado más hacia su función política, que hacia el desarrollo académico. Desde la UES se levantó la bandera de la transformación social, por lo que no es extraño que el campus fuera asediado y militarizado por el régimen de turno. Un régimen autoritario siempre va a recurrir a la represión para callar a aquellos que se atreven a cuestionar el statu quo. Desde luego, el cuestionamiento a un orden establecido es la esencia misma del pensamiento crítico.
En síntesis, la escuela puede desarrollar el pensamiento crítico tanto a nivel académico —lo cual resulta en un avance para el sistema educativo— como en su función política; es decir, en el cuestionamiento del orden establecido. Aquella máxima del Mayo Francés del 68, «Seamos realistas, pidamos lo imposible», podría ser también el lema perfecto del pensamiento crítico en el mundo escolar.
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