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PARA GANAR HEMOS VENIDO (*)

CLARABOYA

 

Álvaro Darío Lara

-La poesía de Antonio Aguilera

“A la orilla del mar, hay otro mar

más hondo; de más saladas aguas

que las aguas del mar”.

                

                Oswaldo Escobar Velado

 

Por intermedio de la editora y gestora cultural Yamar Durán llegó a mis manos hace unas semanas un libro con un sugestivo título “El tiempo me mira”, de nuestro querido amigo, don Antonio Aguilera, “don Toñito”, y como es ya ampliamente conocido, “el poeta obrero”.

Leyendo su obra, he recordado al Neruda de “Viajes”, particularmente al hermoso y conmovedor texto que el gran chileno intitula “Viaje al corazón de Quevedo”, y que, en sus primeras letras dice textualmente: “En el fondo del pozo de la historia, como un agua más sonora y brillante, brillan los ojos de los poetas muertos. Tierra, pueblo y poesía son una misma entidad encadenada por subterráneos misteriosos. Cuando la tierra florece, el pueblo respira libertad, los poetas cantan y muestran el camino. Cuando la tiranía oscurece la tierra y castiga las espaldas del pueblo antes que nada se busca la voz más alta, y cae la cabeza de un poeta al fondo del pozo de la historia. La tiranía corta la cabeza que canta, pero la voz en el fondo del pozo vuelve a los manantiales secretos de la tierra y desde la oscuridad sube por la boca del pueblo”- 

Nacido en la ciudad de Santa Tecla, La Libertad, en 1941, Antonio Aguilera, es un luchador social de amplia trayectoria, y un hombre noble que se ha ganado el pan con sus manos obreras.

Por ello el verbo “construir” tiene una relevancia especial en sus versos, esa construcción, esa transformación diaria y urgente de la realidad con su esfuerzo. No es casual entonces que cante: “porque sigo de pie, porque estoy presente. /Y es que esta tarea de vivir y construir/es una faena interminable”. (Poema: “Somos siembras temporales”).

“El tiempo me mira” es una colección de treinta y cuatro poemas escogidos por su autor de una cantidad de textos escritos y publicados a través del tiempo, pero que aún no habían sido formalizados en un volumen. Meritoria es, entonces, su decisión de darlos a la luz pública. Y loable, es también, la responsabilidad del sello editorial “Celdas Ediciones” al imprimir estos cantos, para que alcen vuelo, en los cielos abiertos y azules de la Patria.

La poesía de don Antonio es una poesía franca, transparente, de evidente talante lírico, como la auténtica poesía, pero que propende a cargar con el dolor del mundo que, el poeta, ha conocido, en las calles y veredas del país. Y es, precisamente, desde esa actitud que afirma: “Por eso hoy estoy dispuesto a derrotar/ la miseria con mi rústica terquedad, / con este orgullo de obrero, forjador de mi propia andanza”. (Poema: “Rústica terquedad”).

Formalmente se advierte un trozado muy acertado en sus versos y una natural intuición rítmica, nunca fácil en la poesía libre.

Del dolor nacional, levanta su voz al drama mundial: “Y ahora… ¿quién va a rendir pleitesía o sumisión a un misil/ que asesina pueblos enteros?  (Poema: “Contradicción”).

La poesía adquiere un tono filosófico, existencial, amatorio: “Por eso te sueño en el sueño…” (Poema: “El tiempo me mira”); “Al final, frente al espejo del tiempo, / ¿qué le hicimos a la vida?” (Poema: “Huellas fatigadas”); “Lluvia inesperada remoja el recuerdo.   /En ese instante se extravió el silencio/ en mi corazón bohemio”; (Poema: “Lluvia inesperada”) y “en este extenso, fértil y rudo campo de la vida, / donde solo somos siembras temporales”. (Poema: “Somos siembras temporales”)

En su andar de hombre mayor, don Antonio, ha visto los distintos rostros de la Patria, la ha visto sometida, en pie de lucha, airosa, ultrajada, vencida… Su canto nos testimonia esa amargura: “Todo parece perdido en el frío silencio de la historia”. (Poema: “La noche tendrá su día”); sin embargo, en el mismo poema remata eficazmente, elevando el colorido barrilete de la esperanza: “La noche tendrá su día otra vez, / como un sueño tiene su despertar…/ Y vos me tenés a mí, / y yo te inspiro”.

El poeta, que ha transitado tanto, sabe, que ya pasó el tiempo de la engañosa rapidez vital: “Por eso no tengo prisa en ir o venir;/ estoy ocupado limpiando mi camino de abrojos, / el único camino”. (Poema: “Camino de abrojos”).

Esa es la razón por la cual no teme a las jaurías que asolan a la Patria. Y con voz serena, nos anuncia la ineludible claridad que llegará tarde o temprano: “Porque no hemos perdido la esperanza, / la lucha continúa a nuestro favor;/ para ganar hemos venido. / Amigo, recuérdalo siempre, / que no se te olvide nunca”. (Poema: “De posada en posada”).

Esa es la promesa. Esas son sus preclaras palabras a la altura de su larga vida. Por ello, cerramos, otra vez, con el vegetal, mineral Neruda: “Este es un viaje al fondo escondido que mañana se levantará viviente. Este es un viaje al polvo. Al polvo enamorado que mañana volverá a vivir”.

En un mundo que, apuesta por la superficialidad, y donde muchos se extravían maravillándose por el brillo de los falsos oros transitorios, la poesía de don Antonio Aguilera “el poeta obrero” como lo distinguió la Universidad de El Salvador, en 2023, es un vivo testimonio de autenticidad humana y de respetuosa devoción por la palabra.

(*) Palabras ofrecidas en la presentación del libro “El tiempo me mira” de Antonio Aguilera. Casa del Maestro, Santa Tecla, La Libertad, octubre de 2026.

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