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Óscar Cabrera advierte sobre el bajo crecimiento, la pérdida de productividad, el déficit comercial y la desigualdad

Redacción Nacionales

@DiarioCoLatino

El Salvador enfrenta una serie de obstáculos estructurales que limitan su crecimiento económico y dificultan que el país pueda superar la denominada “trampa del ingreso medio”. Así lo señaló el economista Óscar Cabrera, secretario de Postgrado de la Universidad de El Salvador (UES), durante su participación en el programa Encuentro con Julio Villagrán, donde presentó un análisis sobre las principales “trampas del desarrollo” que enfrenta la economía salvadoreña.

Cabrera explicó que entre 2000 y 2024 el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita de El Salvador creció apenas 1.6% anual. A su juicio, este ritmo resulta insuficiente para que el país pueda alcanzar el nivel de las economías de ingresos altos, que requieren tasas de crecimiento de entre 3% y 4% de manera sostenida.

El economista indicó que el ingreso nacional per cápita salvadoreño alcanzó aproximadamente $5,120 en 2024, mientras que el umbral utilizado para los países de ingresos altos se situaba en alrededor de $14,375. Esto significa que El Salvador tendría que multiplicar por más de tres su ingreso actual para alcanzar ese nivel.

La brecha también se refleja en la comparación con Estados Unidos. Según las cifras presentadas por Cabrera, en 1965 la economía salvadoreña representaba el 11.4% del PIB estadounidense, mientras que en 2024 esa proporción había descendido a 6.8%. Para el economista, el dato evidencia la pérdida de capacidades productivas y la dificultad del país para avanzar hacia bienes y servicios de mayor valor agregado.

 

Baja productividad limita el crecimiento

Uno de los principales problemas identificados es la baja productividad laboral. Cabrera señaló que en 2025 cada trabajador salvadoreño generaba alrededor de $26,226 anuales, aproximadamente la mitad del promedio regional. Costa Rica, por ejemplo, supera ampliamente ese nivel, mientras que Guatemala también presenta una productividad superior a la salvadoreña.

El especialista sostuvo que esta situación está relacionada con la estructura productiva del país, que continúa dependiendo de actividades de bajo valor agregado. Mientras economías como Costa Rica han logrado atraer inversiones vinculadas a sectores de mayor complejidad, como la fabricación de dispositivos médicos y la industria tecnológica, El Salvador mantiene una limitada capacidad para generar productos sofisticados.

A esta situación se suman, según Cabrera, la baja productividad de los servicios, la pérdida de competitividad exportadora, las deficiencias en capital humano, el limitado espacio fiscal para ampliar el gasto público y la dependencia de las remesas familiares.

 

Una economía que exporta trabajo e importa complejidad

Otro de los problemas señalados es la estructura del comercio exterior. En 2025, cerca del 50% de las exportaciones salvadoreñas correspondieron a manufacturas de baja tecnología, alrededor de 26% a productos basados en recursos naturales y solamente 6% a bienes de alta tecnología.

En contraste, las importaciones superaron ampliamente a las exportaciones. Cabrera señaló que el país importa productos de tecnología media y alta, mientras que continúa exportando principalmente bienes intensivos en mano de obra.

“El Salvador exporta trabajo, pero importa complejidad”, resumió el economista, al advertir que esta dinámica reproduce una economía dependiente de proveedores externos.

El deterioro de la balanza comercial se habría profundizado en 2025. El déficit comercial pasó, según los datos presentados, de unos $5,820 millones en 2020 a más de $11,000 millones en 2025. Las importaciones crecieron a una tasa aproximada del 14% anual, mientras las exportaciones lo hicieron entre 4% y 5%.

Cabrera puso como ejemplo la sustitución de productos fabricados anteriormente en el país por mercancías importadas, particularmente provenientes de China y Estados Unidos. A su juicio, el fenómeno evidencia la pérdida de capacidades industriales nacionales y la ausencia de una política industrial capaz de fortalecer a los productores locales.

 

Desigualdad y trabajo no remunerado

Las dificultades económicas también tienen un impacto diferenciado sobre las mujeres. Cabrera señaló que las mujeres dedican alrededor de 25 horas semanales más que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, asumiendo cerca del 75% de esta carga.

Según los datos expuestos, esta brecha se amplió respecto de 2017, cuando era de 19 horas. Además, 14% de las mujeres habría abandonado sus estudios debido a las responsabilidades domésticas y de cuidado, mientras que una proporción importante de trabajadoras del hogar supera las 44 horas semanales establecidas como máximo legal.

El economista calificó este trabajo no remunerado como un “subsidio invisible” que contribuye al funcionamiento de la economía, pero que recae principalmente sobre las mujeres.

La desigualdad también aparece en la distribución de la riqueza. De acuerdo con las cifras citadas por Cabrera, en 2024 el 1% de la población concentraba el 25% de la riqueza, mientras que el 50% más pobre recibía apenas 4.6%.

 

Remesas y pobreza

Aunque la pobreza habría disminuido al 22.5% en 2025, Cabrera advirtió que el resultado no puede atribuirse a las políticas económicas nacionales, sino por las remesas que representan alrededor del 25% del PIB.

El economista sostuvo que, sin estos recursos enviados desde el exterior, la pobreza extrema aumentaría significativamente, especialmente en las zonas rurales. Además, alrededor de 40% de los menores de 16 años se encontrarían en situación de pobreza.

Para Cabrera, la dependencia de las remesas revela una de las principales vulnerabilidades de la economía: los ingresos provenientes del exterior permiten sostener el consumo de los hogares, pero no sustituyen la creación de empleos formales, productivos y con mejores salarios.

 

La necesidad de una política industrial

Ante este escenario, el economista planteó la necesidad de recuperar y fortalecer las capacidades productivas nacionales mediante políticas industriales y comerciales. Consideró insuficiente una estrategia basada únicamente en la apertura de los mercados y la reducción de regulaciones.

Cabrera recordó que El Salvador tuvo décadas atrás una industria manufacturera más dinámica y que durante los años sesenta registró tasas de crecimiento superiores al 6%. A su juicio, el desafío actual consiste en recuperar capacidades productivas, promover sectores de mayor complejidad tecnológica y generar empleos de calidad.

También cuestionó que la inversión extranjera o los proyectos de infraestructura no siempre produzcan un impacto suficiente sobre el empleo nacional cuando una parte importante de la mano de obra utilizada es extranjera.

Cabrera sostuvo que el país debe negociar acuerdos comerciales que permitan reducir los desequilibrios y, al mismo tiempo, impulsar una política industrial orientada a producir y exportar más.

Para el especialista, superar las trampas del desarrollo exige elevar la productividad, diversificar las exportaciones, reducir la dependencia de las remesas, combatir la desigualdad y recuperar capacidades industriales.

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