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Nuestra cultura política

Álvaro Darío Lara

Escritor y poeta

P

robablemente uno de los temas, thumb más destacados de la vida nacional, prescription sobre todo, hospital en el área de las comunicaciones, es el tema de la política criolla. Incluso, con mucho más espacio informativo que la terrible y preocupante violencia.

La gran mayoría de las entrevistas televisivas, radiales y escritas están destinadas a la eterna coyuntura política, en este país, y en esta zona del mundo, donde para el caso, los eventos electorales se suceden uno tras otro, sin apenas respiro para los candidatos y sus maquinarias de votos, como para los mismos electores. Si tal agilidad y empeño logístico, lo tuviéramos para otros fenómenos de alto riesgo, como la prevención ante las epidemias, la vulnerabilidad de nuestro entorno natural, y todo aquello que nos demanda la convulsa realidad del país, con toda posibilidad otro gallo nos cantara.

Muchos de los interesados en el quehacer político, y muchos de los académicos de las decenas de universidades que alzan –dudosa-  cabeza en El Salvador, nos repiten frecuentemente que “todo es político”. Y esto es cierto, especialmente, si uno se lo toma tan literal. Pero también -hay que entender- que la vida de los ciudadanos no puede estar atiborrada de la cantidad de situaciones insulsas que protagonizan cotidianamente los personajes públicos y sus partidos. Debemos encauzarnos –urgentemente- hacia a una sana vivencia y convivencia con lo político, tanto como práctica del día a día; como también, en su difusión noticiosa. No es posible que todos los espacios, estén saturados de nimiedades que rayan francamente ya, en las nebulosas veleidades del jet set de Hollywood. Es lamentable cómo se efectúan abordajes periodísticos, plagados de sensacionalismo y amarillismo, dignos de las sagas que les dedican a Justin Bieber, Cristiano Ronaldo, Lady Gaga, Ricky Martin, u otras celebridades.

Leyendo un rotativo matutino (LPG: 20/9/2014), reparamos –recientemente- en una interesante entrevista con el historiador Sajid Herrera, Director Nacional de Investigaciones de la Secretaría de Cultura, en el marco del 193 aniversario de la independencia nacional, quien preguntado por el periodista, responde de forma ilustradora. Reproducimos brevemente, el fragmento aludido. Veamos la pregunta: El Salvador es el país de la eterna campaña política. Desde el punto de vista histórico, ¿siempre fue así? A lo que el doctor Herrera, afirma: “Se puede decir que sí, a diferencia de otros países vecinos como Guatemala, donde la prioridad de las agendas es lo étnico, aquí de lo que más se habla es de lo político. Y aún más, de lo partidario. Si uno revisa los periódicos, por lo menos a lo largo del siglo XX, se da cuenta que lo político siempre ha tenido una primacía sobre los demás temas del país”.

Es entendible que lo político, o lo que es aún más claro, lo político partidario, según señala Herrera, haya preocupado siempre a una porción de la América Central, que tuvo desde sus inicios como república independiente, tantos y tantos problemas, derivados de su inviabilidad como proyecto separado del sueño de la unidad federativa; además, de los marcados intereses de grupos de poder, que se atrincheraron en facciones encarnizadas desde el siglo XIX hasta el presente. Sin embargo, es indispensable desintoxicar la vida ciudadana de la sobredimensión que lo político partidario o su degeneración “lo politiquero”, ocupa. Loable es, que los medios prioricen la acción social, comunitaria; la cultura, el deporte, el arte y la educación, como ejes importantísimos donde debe descansar la misión humanista que los medios deben promover y estimular, más allá del recuento noticioso.

Buscar el justo equilibrio, beneficiará –indiscutiblemente- a la ciudadanía, a la política, y a los medios mismos.

 

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Meditando por Carlos Hurtado

Un Comentario

  1. Juan Leonardo Alvarenga

    La política bien practicada es beneficiosa. El problema de las naciones centroamericanas es la conducta politiquera de hombres y mujeres en sus partidos. Todo lo que se hace viene de la política, se haga bien o mal. Lo que hay que ignorar es a los politicastros, corruptos e ignorantes.