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La iglesia católica y la ciudadanía en general, conmemora el 46 aniversario del asesinato de Monseñor Óscar Arnulfo Romero. Foto: Diario Co Latino / Samuel Amaya.

Monseñor Romero defendió el respeto a la dignidad de las personas

Samuel Amaya

@SamuelAmaya98

La iglesia católica, junto a la Fundación Monseñor Romero y la ciudadanía en general, conmemoró el 46 aniversario del asesinato de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, el Santo de América que luchó por la justicia social y la dignidad de los salvadoreños.

En la Plaza Salvador del Mundo, en San Salvador, se desarrolló una procesión de farolitos, una Santa Misa y actos culturales, todo en honor a Monseñor Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980 en la Capilla de la Divina Providencia, luego de oficializar una misa.

Durante la jornada se colocaron fragmentos de audios de las homilías de Monseñor Romero, donde llamaba a la justicia y a la dignidad de las personas. Participaron cientos de ciudadanos que sienten una motivación con Romero. La procesión de farolitos fue encabezada por el cardenal Gregorio Rosa Chávez. La iglesia colocó también al frente a cuatro “angelitos” que representan cuatro profesiones de la sociedad salvadoreña que enfrentan “dificultades” y “crisis”: Médicos y enfermeras, maestros, abogados y periodistas.

La procesión se realizó en los alrededores de la plaza Salvador del Mundo con tres estaciones, donde se hicieron reflexiones. En la primera, se reflexionó que Monseñor Romero no ha muerto, sigue vivo en los corazones de millones de salvadoreños. En la segunda estación, se reflexionó que la memoria de Monseñor Romero llama al pueblo a recuperar la denuncia profética. La tercera estación reflexionó sobre los dichosos que están de rodillas ante Dios, en una sociedad que idolatra la riqueza y el dinero.

Romero fue asesinado el 24 de marzo de 1980 luego de pedir el cese a la represión. Foto: Diario Co Latino / Samuel Amaya.

“Monseñor Romero para nosotros es el referente de los derechos humanos a nivel mundial», manifestó Tere Laínez, ciudadana que asistió a la conmemoración del cuadragésimo sexto aniversario del martirio del Santo de América; recordó la importancia de seguir el mensaje de Romero ante las situaciones actuales.  «En otros países lo quieren mucho porque es un gran referente de la vida», destacó Laínez que llegó junto con dos familiares desde Ilobasco, Cabañas.

Luego de la procesión de farolitos, se desarrolló una eucaristía, presidida por Oswaldo Escobar, obispo de Chalatenango; en su mensaje destacó las características de Romero e informó parte de su vida cristiana.

“Cada día son más las personas que se están acercando a la figura de San Óscar Romero. Abundan las tesis doctorales en muchas universidades y cada vez nuestro Santo es más estudiado”, dijo el padre, quien, a la vez, señaló que los salvadoreños deben glorificarse ya que Romero significa un tesoro mundial.

“A veces pareciera que todavía no nos creemos que tenemos este gran Santo de talla universal. Pareciera que los salvadoreños no nos hemos dado cuenta de este gran tesoro que tenemos en la figura de nuestro mártir. Se le conoce a Romero como la voz de los sin voz”, destacó Escobar.

El líder religioso destacó parte de la vida de Romero; nació en Ciudad Barrios, San Miguel, el 15 de agosto de 1917; le tocó ayudar a su padre en algunas tareas agrícolas y en la repartición de cartas y telegramas, ya que su padre también era telegrafista y cartero.

Romero se destacó en la redacción y en la oratoria, “él, incluso lo podemos ver en su ministerio de arzobispo, que no tartamudeaba, no tenía muletilla. Romero era una persona de soltura de palabra y de una oratoria increíble”. Por estos talentos, es enviado a Roma a estudiar en la Universidad Gregoriana. “Se ordena de sacerdote en Roma y comienza en la Universidad Gregoriana una carrera que en aquel tiempo se le llamaba ascética y mística, porque Romero siempre fue muy fervoroso. Hoy a eso se le llama teología espiritual”.

En la jornada se desarrolló una procesión de farolitos, una santa misa y actos culturales. Foto: Diario Co Latino / Samuel Amaya.

Durante sus estudios en Roma, la Segunda Guerra Mundial obligó a los extranjeros a salir del país. Romero viajó en barco junto a un amigo sacerdote y llegó a Cuba. Al llegar de nuevo a El Salvador, el nuevo obispo de San Miguel lo envió como párroco a Anamorós, pero al descubrir sus talentos decidió nombrarlo su secretario privado.

“Era el director espiritual de un montón de instituciones, siempre amante de la pobreza y de los campesinos. En San Miguel, lo tacharon de cura comunista o de cura rojo porque los grandes terratenientes y finqueros de aquel tiempo contrataban muchos peones y no les daban ni dónde dormir. El parque de San Miguel se llenaba de trabajadores que en el día habían cortado café o caña; Romero comenzó a tener unos enfrentamientos por la causa de la justicia, no por ideologías, sino porque él, cristianamente consideraba que eso no podía ser”.

Romero fue enviado, dijo el padre, al Seminario San José de la Montaña, para desempeñarse como secretario de la conferencia episcopal. En 1970 fue nombrado obispo auxiliar de San Salvador; en 1974 fue nombrado obispo de Santiago de María “allá se va a topar con la miseria”.

Luego de 3 años, en 1977, se nombra a Romero como arzobispo de San Salvador y tras la muerte de su amigo, el padre Rutilio Grande y los laicos, aunado a la represión de los campesinos, Monseñor Romero se compadeció de su pueblo y evolucionó como la figura como la que hoy se conoce.

“Romero su punto focal fue el respeto a la dignidad de la persona, él estuvo luchando siempre para que toda persona fuera respetada en su dignidad y este es un gran legado para los salvadoreños; todos debemos defender la dignidad de cada persona nos caiga bien o nos caiga mal; la dignidad es irrenunciable y comienza por el respeto”, expresó el padre.

Romero era un cristiano, era un pastor y era una persona que intentó vivir a plenitud el evangelio de Jesucristo, agregó el padre ya que algunas personas lo consideraban activista y no era así, Romero era misionero real de Dios. Romero “amaba a todo el mundo”, el odio no estaba en su diccionario cristiano, enfatizó Escobar durante su homilía.

“Incluso, llegó a amar a todos los que lo contradecían, a otorgar el perdón a quien lo pudiera asesinar; no es por el camino del odio, no es sembrando venganza ni división que nosotros vamos a ser mejores seres humanos y mejores discípulos del Señor, sino que es amando. El cristianismo no nos permite, de ninguna manera, que nosotros alberguemos en nuestro corazón estos sentimientos (el odio)”, añadió el obispo Oswaldo Escobar.

La presencia de los salvadoreños fue poca en comparación con años previo a la pandemia. Foto: Diario Co Latino / Samuel Amaya.

El líder religioso sostuvo que Monseñor Romero “es el profeta de la justicia social”, pues “así se le ha reconocido universalmente y por eso para nosotros, debemos de aprender a respetarnos los unos a los otros; también, Romero nos recuerda que tenemos que volver a Jesús y a su evangelio”.  “Romero estuvo luchando hasta el último momento de su vida por ser fiel al magisterio de la iglesia y por mantenerse siempre en comunión con la iglesia madre”.

Otro de los aspectos que enfatizó el padre Escobar fue que Romero representa la identidad del mismo pueblo salvadoreño, ya que Romero fue parte del pueblo, comiendo y actuando como un ciudadano más, junto con los pobres. Romero es el personaje que hace a El Salvador una nación grande.

En su último mensaje, Escobar pidió al Señor y a San Oscar Romero que intercedieran por El Salvador.

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