Por Leonel Herrera*
El pasado 22 de abril se celebró el Día Mundial de la Tierra, instaurado para reflexionar sobre las problemáticas ambientales globales y las amenazas para la sobrevivencia de la vida, principalmente la especie humana.
La vida en nuestro planeta está amenazada especialmente por los impactos del cambio climático y el riesgo de una hecatombe nuclear, pero también representan un peligro global la proliferación de las guerras, las pandemias y la profundización de las desigualdades.
En El Salvador, la ocasión es oportuna para volver a llamar la atención sobre las principales amenazas mortales para el agua, los ecosistemas, la biodiversidad, la salud y la vida de las presentes y futuras generaciones.
La primera amenaza es -como hemos dicho tantas veces- la minería metálica que podría dejarnos sin agua y más contaminados los ríos, el aire y el suelo. Las empresas mineras utilizarían diariamente millones de litros de agua y decenas de toneladas de cianuro.
La minería metálica no es viable en El Salvador debido a la estrechez territorial, la alta densidad poblacional, el estrés hídrico y porque la mayoría de proyectos mineros se ubican en la cuenca del Río Lempa, el principal afluente nacional.
Vale recordar que el Río Lempa provee actualmente el 70% del agua para el Área Metropolitana de San Salvador y el 33% de la energía eléctrica que consume el país. Su caudal y sus cuencas albergan a diversos ecosistemas y especies.
Lempa es de vital importancia para la agricultura, pesca, turismo y otras actividades económicas de miles de comunidades en unos 200 distritos de los departamentos de Santa Ana, La Libertad, San Salvador, Chalatenango, Cuscatlán, Cabañas, San Miguel, San Vicente y Usulután.
La minería de metales sería el acabose de nuestro principal río que ya sufre un gran deterioro debido a la sobreexplotación de sus recursos, degradación de ríos tributarios, deforestación, mal manejo de desechos sólidos, descarga de aguas residuales y desechos industriales y minería en Guatemala.
La segunda amenaza son los peligros que conlleva la instalación y funcionamiento de plantas nucleares en un país territorialmente pequeño y sobrepoblado como el nuestro. Más aún, cuando se pretende usar como combustible minerales todavía en fase de experimentación como el Torio.
La radiactividad podría expandirse por cientos o miles de kilómetros en caso de un accidente nuclear, como sucedió en Chernóbil (Ucrania) y Fukushima (Japón). El Salvador -y buena parte de Centroamérica- sería invivible si hubiera un accidente nuclear.
Y la tercera amenaza es la posibilidad de convertir a nuestro país en un vertedero de desechos radiactivos de Estados Unidos. Crear depósitos de residuos de uranio, basura nuclear y otros materiales radiactivos pondría en grave peligro el medioambiente, la salud y la vida.
Estas amenazas se deben a la vigencia de peligrosos marcos jurídicos. Las amenaza minera y la nuclear están contenidas directamente en la Ley General de Minería Metálica y Ley de Energía Nuclear, e indirectamente en otras como la Ley de Energía, Hidrocarburos y Minas.
https://www.jurisprudencia.gob.sv/DocumentosBoveda/D/2/2020-2029/2024/12/10723A.PDF
Y la amenaza de contaminación con desechos radioactivos está planteada en el llamado “Acuerdo de Comercio Recíproco”, firmado el pasado 29 de enero por el gobierno salvadoreño y la administración de Donald Trump.
El acuerdo retoma cláusulas del antiguo Tratado de Libre Comercio de Centroamérica y República Dominicana con Estados Unidos (CAFTA, por su siglas en inglés) e incorpora elementos aún más tenebrosos como la importación de desechos radiactivos al país.
En el acuerdo, El Salvador también se compromete a facilitar la llegada de empresas mineras estadounidenses y a permitir instalación de plantas nucleares. El convenio, además, incluye la importación de uranio y la extracción de Torio, posiblemente para las plantas nucleares.
Así que los mortales peligros de la minería metálica, los posibles accidentes nucleares y la eventual importación de desechos radiactivos constituyen el combo amenazante para la continuidad de la vida en nuestro país.
Por tanto, es necesario que toda población salvadoreña, independientemente de su religión, postura política o cualquier otro aspecto, se pronuncie en favor del agua, la salud y la vida, antes que sea demasiado tarde. Ojalá que así sea.
*Periodista y activista ambiental.
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