Marlon Chicas
El Tecleño Memorioso
“Sin ningún viento, ¡hazme caso!, gira, corazón; gira, corazón. A los hombres fuertes les pasa lo que a los barriletes; se elevan cuando es mayor el viento que se opone a su ascenso”, reflexiona el sociólogo y médico argentino José Ingenieros en su ensayo “El hombre mediocre” de 1913 que nos invita a revivir aquellos vientos de octubre en Santa Tecla.
En Santa Tecla, lejos están los gélidos amaneceres que obligaron a propios y extraños a protegerse con abrigos a toda hora del día. Los vientos de octubre que, impetuosamente arrebataron sombreros, ropa de tendederos y que juguetearon en más de una ocasión con las faldas de las damiselas.
Cielos inundando de cometas sobre el azul del mismo que, ilusionó a chicos y grandes; que develó pobrezas en casas de lámina y cartón. Que inundó de una parvada de papalotes reciclados lo alto de los techos de la Ciudad de Las Colinas.
Céfiros “que todo lo descubren”, presagiando que lo secreto llegará a descubrirse o conocerse, dejando en evidencia situaciones diversas, que al final terminó en una sentencia moral.
Frescas madrugadas en los portales tecleños agrupando a humildes cortadores chalatecos envueltos en ralos perrajes a espera del alba, mientras los más pequeños soñaban con un futuro mejor.
Vientos de octubre en sus parques, inspirando a poetas y trovadores, así como a fervientes enamorados a construir versos a su amada, la que tiernamente dibujó una sonrisa a su Romeo.
Los fríos atardeceres en sus barrios que convidaron a una taza con café, siendo el motivo perfecto para tertulias de historias y glorias pasadas. Momentos inolvidables en la cumbre de la finca La Gloria y El Boquerón junto al pájaro y la nube.
Auras en la que Nuestro Creador con suma maestría formó en el azul del cielo variadas imágenes con sus nubes, transportándonos a su Reino en la que gobierna con misericordia y cuyos cielos son el estrado de sus pies.
Esos vientos de octubre hoy desaparecidos por la irresponsabilidad del hombre y su mal manejo de la naturaleza divina, hoy nos reclama e invita a cuidar por el bien de todos y las nuevas generaciones la Casa Común.
Recordar es volver a vivir, por lo que los vientos de octubre vivirán eternamente en el corazón de los tecleños, ya que de todo ello solo queda nostalgia y recuerdos de tiempos mejores.
¡Vientos de octubre que no volverán!
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