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La estética del Centro Histórico de San Salvador

Ricardo A.  Hernández

Muchas de las expresiones de los ciudadanos cuando se refieren al Centro Histórico de San Salvador hacen referencia a su belleza, la expresión más común es: “hoy se ve más bonito”. Está afirmación indica que antes se veía feo, y esa fealdad estaba determinada por la cantidad de personas que vendían las calles, avenidas y plazas del lugar. Los seres humanos pueden afear un espacio dependiendo de cómo estén distribuidos. Bajo esa concepción estética, cuando las personas venden con canastos o carretas, o construyen champas para alojarse, afean y deterioran un espacio físico.

Hoy, el Centro Histórico es bonito porque esos vendedores ya no están ocupando las calles; las aceras están libres y se puede caminar más fácilmente, hay mejor iluminación, y los edificios han sido remozados, pintados, y equipados con puertas ventanas nuevas y aire acondicionado. La municipalidad publicita esa estética a través de imágenes en videos y en fotos.

En el pasado, ¿era feo el Centro Histórico de San Salvador? Según el concepto de estética que expresa mucha gente, podríamos decir que sí; sin embargo, no estaba abandonado, ya que ahí hacían su vida miles de personas. Muchos ciudadanos se tomaban un café barato, comían un pedazo de pan o compraban alguna verdura o pieza de ropa al pasar por ese espacio en un espacio “feo”. Esas personas podían caminar en un espacio feo, como lo pueden hacer ahora en uno bonito; la diferencia radica en que entre más bonito sea el lugar, más difícil será para ellos tener la capacidad económica de consumir ese café o comerse un pedazo de pan

Cuando era feo, El Centro Histórico no atraía al tipo de público que llega hoy en día, ya que las personas que hoy frecuentan los cafés y restaurantes exigen cierta estética para ser clientes de un lugar. Son usuarios del Centro Histórico en la medida que este sea atractivo, de acuerdo con su concepto estético de un espacio urbano.

Los cambios que ha tenido el Centro Histórico nos permiten comprender que se enfrentan dos conceptos de lo estético. Por un lado, el del San Salvador feo, desordenado y lleno de ventas callejeras, el cual no estaba vacío, sino habitado por miles de personas, (quienes, según los nuevos visitantes, tenían “mal gusto estético”). Muchos de estos nuevos usuarios dirán: «antes nos daba miedo venir aquí». Por otro lado, quienes lo frecuentaban en aquella época de fealdad, ahora que lo ven bonito, quizás se sientan atraídos por esa nueva estética y les agrade, aunque ya no puedan consumir casi nada de lo que ofrecen los nuevos negocios instalados allí.

Las políticas públicas también tienen una estética, la que aplican los gobiernos municipales va dirigida a que el ciudadano perciba el lugar como un espacio más bonito. Sin embargo, una manera de “quitarle fealdad” al entorno urbano pasa por hacer a un lado a muchas personas que, no caben en el concepto de la estética que compartido por los funcionarios y una parte del mercado. Al final, La belleza se paga con exclusión económica y desplazamiento social. Lo bonito, según la percepción estética de algunos, sale caro. Los que no pueden pagarlo, deben buscar otros lugares que estén en calles y avenidas con la estética del pasado.

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