Periodistas:
Óscar Miguel Marroquín y Héctor Sermeno
El concepto de pobre-dólares fue introducido por el sacerdote jesuita Javier Ibisate, quien se desempeñó como profesor de macroeconomía en la Universidad Centroamericana (UCA), y se refiere a «las remesas familiares enviadas por los migrantes». Es relevante destacar que para que existan remesas, debe haber migrantes, y para que los salvadoreños puedan migrar hacia los Estados Unidos, es necesario invertir entre diez y veinte mil dólares. El aumento de la migración salvadoreña ocurrió debido al conflicto armado que comenzó en 1980 y finalizó con un Acuerdo de Paz en 1992. En esa época, los salvadoreños pagaban a los traficantes de personas, conocidos como “coyotes”, alrededor de cinco mil dólares. Es importante mencionar que la travesía de Guatemala hacia el territorio estadounidense muchas veces ha culminado en tragedia: “La tarde del 23 de junio, los salvadoreños Óscar Alberto Martínez, de 25 años, y su hija Valeria, de un año y 11 meses, perdieron la vida al intentar cruzar el río Bravo en la ciudad de Matamoros del estado de Tamaulipas, México”[1].
Una segunda ola de migrantes salvadoreños ocurrió después del acuerdo de paz entre la guerrilla y el gobierno; Estados Unidos deportó a un número considerable de pandilleros hacia El Salvador, lo que generó un aumento en la violencia de las pandillas en todo el país. Desde entonces, el costo de contratar “coyotes” se duplicó, como lo indicó Mauricio, un joven salvadoreño del oriente del país, quien reside en Queens, Nueva York, desde 1999. “Yo le pagué 10 mil bolas al coyote y me hizo pasar hambre casi todo el trayecto. A mí me ayudó mi hermano, que ya estaba aquí y le dio la mitad al coyote antes de salir de El Salvador, y así que al llegar había que darle el resto para que me dejaran en libertad”. Mauricio asegura que le llevó tres años pagar la deuda que contrajo. Ese dinero le sirvió para alcanzar “el sueño americano”. Al principio, no le resultó nada sencillo conseguir un empleo estable. En Nueva York, hay más oportunidades laborales en hoteles y restaurantes donde ni siquiera pagan el salario mínimo; en la construcción se gana un poco mejor.
Relata que una de sus experiencias más difíciles fue después del ataque contra las “Torres Gemelas” en septiembre de 2001, ya que el empleo escaseaba en todos lados. “Todos teníamos miedo porque militarizaron las estaciones de buses y del metro y, frecuentemente, nos pedían que nos identificáramos”, recuerda el paisano, aún con un poco de temor en su voz, temiendo ser detenido y deportado alguna vez. Mauricio mostraba una gran preocupación y no sin razón; necesitaba saldar la deuda con su hermano y, además, enviar dinero a su madre y a su esposa, con quien tuvo dos hijos. Este es solo un caso entre miles de salvadoreños que enfrentan situaciones muy difíciles en los Estados Unidos, especialmente aquellos que carecen de documentos legales para trabajar.
Un caso similar al de Mauricio es el de Evelyn; otra compatriota que, aunque nació en San Vicente, se trasladó desde muy joven a la capital, San Salvador, buscando trabajo como empleada doméstica. Poco después, se dio cuenta de que en EE. UU. podía ganar mucho más que en El Salvador; no dudó y empeñó las escrituras de su casa para conseguir dieciocho mil dólares para contratar los servicios de un coyote que la llevara a Nueva York y así ayudar a sus tres hijos que dejó bajo el cuidado de su madre. Como muchas otras mujeres salvadoreñas, buscó el “sueño americano” sin conocer el sufrimiento que enfrentan miles de mujeres indocumentadas.
Evelyn, quien actualmente vive en Nueva Jersey y trabaja en una fábrica de ropa en Union City, dice que llegó a NYC en 2020, en plena pandemia, lo que hizo que le costara mucho encontrar trabajo. “Una mujer sola tiene que rebuscarse aquí, porque cualquiera puede ganar un promedio de cien dólares al día, lo que sumaría unos dos mil dólares al mes; pero eso no alcanza ni para pagar el alquiler de un apartamento uno solo, por lo que se necesita buscar a otras personas con quienes compartir los gastos de la casa, para poder ahorrar algo; pero, con eso se pierde toda privacidad para vivir”, comentó Evelyn, soltando un profundo suspiro de tristeza.
Tanto Mauricio como Evelyn mencionan que, al llegar a la Gran Manzana, amigos o familiares les aconsejaron comprar documentos falsos (chabeliados, como se les denomina en Estados Unidos). Este documento conocido como Seguro Social es necesario para quienes solicitan empleo; sin embargo, muchos empleadores son conscientes si el documento es falso y, cuando descubren la falsedad, no dudan en aprovecharse de estas personas ofreciéndoles salarios bajos y, en ocasiones, trabajos extenuantes, como limpiar la nieve de los exteriores de edificios.
Pero no toda su experiencia en la USA, como lo llaman los compatriotas de la diáspora, ha sido negativa, ya que Mauricio y Evelyn han logrado construir sus casas en sus lugares de origen, gracias a las remesas enviadas tras años de arduo trabajo. “Realmente, estas remesas que uno envía a lo largo de tantos años nos cuestan lágrimas, sudor y sangre”, coincidieron en señalar ambos compatriotas, quienes además afirmaron que, actualmente, con las redadas de ICE, las cosas se están volviendo muy difíciles.
En la actualidad, la administración Trump está contratando nuevos efectivos del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) con el objetivo de aumentar las redadas contra inmigrantes indocumentados; algunos de estos efectivos ahora son conocidos como “caza-recompensas”, es decir, reciben recompensas por capturar inmigrantes. Es relevante destacar que Donald Trump no está logrando intimidar a nuevos inmigrantes que huyen de la grave situación económica y política en El Salvador.
En conclusión, la oligarquía salvadoreña es quien, después de todo, se ha beneficiado con los millones de dólares que envían los pobres a El Salvador. La banca y el comercio se han extendido por todo el país, pero no porque la inversión extranjera haya crecido y menos por el esfuerzo de los oligarcas.
[1] https://noticias.uca.edu.sv/noticia/el-rostro-doloroso-de-la-migracion
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