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Ministra de Educación, Carla Hananía de Varela confirmó que los estudiantes deberán retornar a las aulas cumpliendo los protocolos de bioseguirdad. Foto Diario Co Latino / MINED.

LA RECUPERACIÓN ESCOLAR

 

Myrna de Escobar

Completar en una semana, lo que debe completarse en un año escolar, es tarea difícil para quien se somete al período de recuperación en nuestro sistema educativo.

Con la pandemia este fenómeno, propio del sector público, se ha extendido a los colegios. El padre exige la aprobación de su representado porque está “pagando una alta colegiatura”, o porque no es posible “que aplace” aunque no haya méritos; situación injusta, a mi modo de ver, por los que sí se aplican diariamente en el aula.

Citaré dos ejemplos de lo que se vive en torno a la recuperación, lo que significa abordar la situación con el padre de familia, preocupado hasta el último momento de que su representado no repruebe el grado. Este problema, recurrente cada vez más, incrementó con la pandemia. Se repite cada noviembre. El desfile de padres, ausentes durante todo el año lectivo, empieza. Las llamadas a horas y deshoras no cesan, las excusas de los alumnos para no cumplir con las tareas en tiempo corto abundan, aunque hayan dejado hasta tres asignaturas, retrasando así la elaboración de cuadros finales de promoción.

La primera es una conversación entre dos empleadas de maquila en un autobús.

__ La Xiomara se va quedar aplazada ni no va la escuela esta semana. Bien haragana me salió la cipota.

__ La miya debía ir a noveno, pero aplazó tres veces un quinto. Salió testaruda, la bicha. ¡Ya no sé qué hacer!

Según entendí, la jovencita estaba en apuros para pasar el séptimo grado.

__ ¡Y así quiere la fiesta de quince años el otro mes! __ comentó la primera mujer.

__ Le compré un celular caro, con gran sacrificio, para que no tuviera la excusa del Ciber todos los días, pero por gusto. Saca malas notas, no ayuda en la casa y ni se baña, la muy chuca.

El teléfono es el distractor por excelencia para niños y adolescentes. Su uso indiscriminado afecta la concentración, los vuelve sedentarios, lentos, obesos, ausentes de la realidad.

__ ¡Solo en el juego pasan!

__ y los chiquitines, sordos están ya por el volumen de la música. No atienden cuando les pido que laven los platos. Cuando llego a la casa hay un tiradero por todos lados.

Se desvelan en la virtualidad descuidando la dieta, la calidad del sueño, y los estudios, básicos en esta etapa de desarrollo de buenos hábitos y rutinas. Dejarlos al cuido de un celular solo fomenta la perdida de perspectiva social, emocional, creativa e intelectual.

Lo último que escuché me desanimo, pero era hora de bajar del bus.

__ ¡Hagamos el esfuerzo, comagre! La fiestecita de los quince será lo único bueno que recordaran cuando sean grandes. Mire nosotros, solo trabajando para pagar chillos vivimos. ¡Hagamos la cabuda para celebrarlo!

En el salón clase las historias no varían. La Tere debía reflexionar sobre el cuento del Gato Negro en su libro de Lenguaje, pero desespero a todos en la recuperación con su insistencia.

__ ¿Quién leyó el cuento? __ ¿De qué se trata?

Llegó al punto de sobornar a quien le diera copia para resolver la tarea.

__ ¡Los invito al refrigerio sí me dicen de qué se trata esta babosada!

Después de un largo silencio, añadió:

__ Acepto amigo con derecho al que me diga de qué se trata el cuento, pues.

Luego de advertir que era broma prosiguió incomodando a quienes trataban de concentrarse.

Con el ofrecimiento así planteado, ni lentos ni perezosos, los compañeros inventaron otras cosas al cuento, y la Tere tomó ideas para resolver la tarea, sin leer de primera mano. Uno argumentó que el ebrio del cuento había incendiado a la mujer y que él estaba triste por no haber salvado al gato. Otro dijo que el ebrio estaba en apuros por haber matado al gato del vecino, y por eso debía enfrentar la justicia. Un tercero agregó que la mujer había tropezado con el gato en la escalera y el hombre era culpable por perseguirlo en su borrachera.

Llegado el momento, pedí el reporte oral de la lectura y Tere debía ser la primera. Ansiosa por salir del aula, ella aceptó y narró lo que le habían contado, no sin antes advertir que detestaba perder el tiempo en la lectura.

El desconcierto de los demás fue claro y enojó a Teresa. Su historia era diferente, sin embargo, la animé a completar su versión del cuento de terror, sin mala ortografía y buena caligrafía. No con letras a medias ni palabras abreviadas, como suele hacerlo.

Al terminar la clase se acercó al escritorio y escupió unas palabras propias de su enfado.

__ ¿Por qué me puso a leer esa MIER…?

Luego de reaccionar a su imprudencia, se disculpó.

__ Es la versión del cuento que creíste, no la que leíste. __Añadí__. Pero, es interesante y puede ser el borrador para tu primer cuento de … No me dejó terminar. Tiró el libro en el pupitre y abandonó la clase.

Incapaces de leer una línea, pero fieles al manual del entretenimiento virtual, nuestros alumnos se resisten a la lectura y se enfadan cuando de activar la memoria y el pensamiento crítico se trata no adquiriendo las competencias necesarias para el siguiente nivel.

Lo anterior no solo pasa en tercer ciclo. Muchos niños no aprenden la lecto-escritura y a sus padres no les importa. Ignoran las llamadas telefónicas del maestro, no revisan las tareas con sus pequeñitos, pero si están atentos a lo que reciben de la escuela: cuadernos, calzado, alimentos, uniformes, etc.

__ ¡Para eso uno los manda a la escuela! __Argumentan.

Atrás queda ese interés mostrado en pre -escolar donde están atentos a la loncherita, las fotos y los vistosos trajes típicos para los actos escolares.

Para finalizar, al día siguiente mi alumna comentó que había entendido el cuento. Le regalé mi libro favorito de Edgar Allan Poe, segura de que estaba lista para disfrutar de su lectura. El último día de la recuperación nos sorprendió con una nueva versión de su cuento. Esta vez titulado: El Pobre Gato Blanco. Aunque tarde, el criterio de evaluación se había logrado.

 

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