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La oligarquía salvadoreña mató al: Padre, Hijo y Espíritu Santo

Por Óscar Miguel Marroquín

“Un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Nuestra historia seguramente debe ser recordada muy a menudo, porque es una historia donde los pobres hemos sido violentados y ofendidos por una oligarquía terrorista, una oligarquía que se cree dueña de la vida y con derecho a matar.

No basta con detallar sobre los acontecimientos recién pasados; es necesario poner mucho pensamiento al dato histórico colectivo; escudriñar en profundidad sobre la orden de matar no basta, hace falta ir más allá de eso, hace falta una filosofía de la moral, de la ética, del espíritu, del desprecio por la vida que los oligarcas mostraron. La eliminación física del ser humano por pensamiento y obra del que se cree dios todopoderoso debe ser estudiada por la academia.

Como ejemplo, aquel 30 de julio de 1975 las balas fueron liberadas del fusil en dirección a los estudiantes; los portadores del uniforme verde olivo no discutieron la orden, la cumplieron. ¿Acaso fue esta una orden legal? ¿En qué artículo de aquella constitución reza que el ejército o cuerpos de seguridad debe disparar contra la humanidad de estudiantes por el hecho de manifestarse pacíficamente contra un gobierno dictatorial?

Sus nombres aún permanecen como Apolinario Serrano, José López, Patricia Puertas y Félix García, quienes fueron brutalmente asesinados por un puesto de control de la Policía Nacional (PN) frente al cuartel de Caballería el 29 de septiembre de 1979. ¿Por orden de quién y por qué? Todos ellos eran campesinos y, además, formaban parte de la Federación Cristiana de Campesinos Salvadoreños (FECCAS), una coincidencia que resulta llamativa, ya que también integraban una organización social.

Una curiosidad más; el 12 de marzo de 1977, el sacerdote jesuita Rutilio Grande[1], Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus también fueron asesinados, sin que hasta la fecha la justicia haya caído sobre los autores intelectuales y materiales. No alcanzarían millones de páginas para sacar a la luz los incontables hombres y mujeres asesinados por militares, cuerpos de seguridad y los escuadrones de la muerte que en realidad no eran otra cosa más que policías vestidos de civil. Los escuadrones de la muerte eran financiados por oligarcas y terratenientes salvadoreños.

El 16 de enero, los acuerdos de paz dispusieron la desaparición de los antiguos “cuerpos de seguridad” de carácter militar (Policía de Hacienda, Policía Nacional y Guardia Nacional)[2]. La historia se cuenta sola; es obvio que dichos “cuerpos de seguridad” desaparecieron por todas las atrocidades y crímenes cometidos contra la sociedad. Pero aún hay más, resulta que se conoció que en: The Miami Six fue titulado un grupo de seis oligarcas que vivían en Miami y se los nombró así, por su posible complicidad con los Escuadrones de la Muerte; ellos son: Viera Altamirano, Luis Escalante, Arturo Muyshondt, los hermanos Salaverria probablemente (Julio y Juan Ricardo) y Roberto Edgardo Daglio[3], según datos desclasificados, los seis de Miami se reunían con nada más y nada menos que con Roberto D´Aubuisson. Ellos, los dueños de la vida, decidieron y “El exmayor Roberto D’Aubuisson dio la orden de asesinar al Arzobispo y dio instrucciones precisas a miembros de su entorno de seguridad, actuando como «escuadrón de la muerte» para organizar y supervisar la ejecución del asesinato”[4]; entonces, Óscar Arnulfo Romero también murió. Nadie que fuera señalado de comunista escapaba de las garras terroristas de la oligarquía.

Ni Padre, ni el Hijo y menos el Espíritu Santo salvaban al señalado de ser comunista. El 2 de diciembre de 1980, cuatro feligresas —las hermanas Maryknoll Maura Clarke e Ita Ford, la hermana ursulina Dorothy Kazel y la misionera laica Jean Donovan— fueron víctimas de la creciente violencia contra los miembros de la iglesia que se pusieron del lado de los pobres en El Salvador[5]. Los nombres de los criminales fueron dados a conocer por el hecho de que las religiosas eran norteamericanas. Eran miembros de la Guardia Nacional (Daniel Canales Ramírez, Carlos Joaquín Contreras Palacios, Francisco Orlando Contreras Recinos, José Roberto Moreno Canjura y Luis Antonio Colindres Alemán).

Lo de The Miami Six no lo es todo; la revista Proceso (número 1056) de la Universidad Centroamericana UCA publicó: “No cabe duda de que Posada Carriles y Félix Rodríguez (ex agente de la CIA) hicieron de El Salvador un espacio para sus actividades ilegales y terroristas”, ambos reconocidos anticomunistas. Sobre la espalda de Posada Carriles pesa la acusación de haber derribado un avión cubano, que dejó 73 personas muertas. La revista en mención señala además que, Carriles vivió por largo tiempo (años) en El Salvador y cosechó amistades en el ámbito político, militar y empresarial.

Todo eso explica por sí solo cómo es que la derecha sistematizó la represión a lo largo y ancho del país; explica cómo el Estado cayó en manos de una oligarquía dispuesta a matar o eliminar a quien fuera necesario. Los cuarteles del ejército y de los cuerpos de seguridad (PH, GN y PN) fueron guaridas de los terroristas; guaridas, en donde se torturaba y asesinaba a todas aquellas personas que se les consideraba o eran acusadas de pertenecer a organizaciones subversivas.

La brutal sistematización de los asesinatos colectivos o individuales quedó evidenciada en noviembre de 1989, cuando seis sacerdotes jesuitas; una empleada y su hija fueron asesinados al interior de la UCA por soldados del batallón Atlácatl. Esta masacre puso plenamente al descubierto que en El Salvador los oligarcas se tomaron muy en serio el estribillo de “El Salvador será la tumba donde los rojos terminarán”. Este daltonismo ideológico llevó a la élite económica del país a pensar y actuar de manera tal que sus intereses económicos estaban por encima de la vida humana.

Millares de salvadoreños buscaron la manera de salvar sus vidas; forzados por el terrorismo oligárquico, abandonaron masivamente el país. México y Estados Unidos fueron los países más inmediatos; otros ciudadanos optaron por un programa de migración controlada. Canadá, Australia y Suecia, por mencionar algunos países, se convirtieron en una opción de escape y de refugio.

 

[1] https://www.alharaca.sv/democracia/recordar-al-padre-y-beato-rutilio-grande/

[2] https://dplf.org/wp-content/uploads/2024/08/informe_panel_-_acuerdos_de_paz_y_democracia_-el_salvador_-_30_aniversario.pdf

[3] https://www.revistafactum.com/the-miami-six-por-que-fueron-excluidos-del-informe-de-la-comision-de-la-verdad/

[4] https://www.pddh.gob.sv/portal/wp-content/uploads/2023/09/Anexo-I.pdf

[5] https://origins-osu-edu.translate.goog/milestones/murdered-churchwomen-el-salvador?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=tc

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