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La mejor ayuda a Venezuela: respetar la institucionalidad

El asesor de seguridad nacional, de la administración Trump, John Belton reveló que en la conversación sostenida con el Presidente Electo Nayib Bukele, había hablado del tema de Venezuela, China, entre otros.

Concretamente, sobre el tema de Venezuela, Belton escribió, en un tuit: “Discutimos formas de cooperación (…) y colaborar para restaurar la democracia en Venezuela (…)”.

La verdad, ni Estados Unidos ni nadie tiene la potestad o la autorización para “restaurar la democracia en Venezuela”. La revolución bolivariana es la que mejor ejemplo de democracia ha dado desde que el comandante Hugo Chávez Frías llegó al gobierno, producto de las elecciones.

Lo mismo ha sucedido con Nicolás Maduro, quien en mayo del año pasado se sometió a un proceso electoral para su reelección.

Maduro ganó con más del 67 % de los votos, mientras que su contrincante, Henry Falcón obtuvo el 21 % de los que acudieron a las urnas (el 46.2 % del padrón electoral).

Es decir, los legisladores, los gobernadores, los alcaldes y los presidentes desde que Hugo Chávez asumió la primera magistratura lo han hecho a través de procesos electorales, es decir sometidos a la democracia.

Es decir, nadie tiene el derecho –mucho menos el imperio- de “restaurar” la democracia en Venezuela, porque Venezuela vive en democracia.

Más bien lo que el imperio debería promover es que en Venezuela se restaure la institucionalidad, lo que implicaría insoslayablemente reconocer el triunfo de Nicolás Maduro, y por tanto, como el legítimo presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela.

Obligar a los gobiernos de América Latina a que reconozcan al autodenominado presidente Juan Guaidó, además de que es un absurdo político, es ir en contra de los principios de la democracia, en tanto que no se puede apoyar a un golpista, y así lo establece la Carta de Democrática Interamericana.

Venezuela no necesita que países foráneos “restauren su democracia”, porque ya viven en democracia, sus gobernantes son elegidos por la vía del voto. Lo que Venezuela necesita es que los foráneos no se inmiscuyan en los asuntos internos, a menos que sea para contribuir al diálogo interno y al respeto de la institucionalidad.

Y es en esta dirección que el futuro Presidente de El Salvador, Nayib Bukele, debe transitar por cuestiones de soberanía y de convivencia pacífica.

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