Por David Alfaro
11/01/2026
Anoche, la residencial Marsella II terminó inundada tras una fuerte lluvia. Una urbanización nueva, construida sobre la zona de la lava del volcán de San Salvador. A muchos les sorprende, pero no debería. Cuando se construye sin respetar la naturaleza, la factura siempre llega.
La ministra de Vivienda, Michelle Sol, llegó a la zona a dar ánimos y a transmitir mensajes del dictador. El gesto es mediático, pero el problema es más profundo.
Desde que Bukele llegó al poder, los estudios de impacto ambiental para desarrollos urbanísticos prácticamente desaparecieron. Hoy se construye donde se puede vender, no donde se debe.
Al dictador le obsesiona el discurso del desarrollo económico, pero la lluvia no entiende de discursos ni de finanzas. El agua baja por donde siempre ha bajado. Fingir sorpresa y solidaridad después de permitir estas construcciones es cinismo e hipocresía pura. La verdadera responsabilidad no está en la tormenta, está en un dictador que dejó de vigilar y prefirió mirar hacia otro lado…
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