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La filosofía en América: un cuestionamiento

El portal de la Academia Salvadoreña de la Lengua.

LA FILOSOFÍA EN AMÉRICA: UN CUESTIONAMIENTO

Por: Eduardo Badía Serra,

Director de la Academia Salvadoreña de la Lengua.

Veinte y cinco siglos de filosofía han sido la base de la formación de la cultura occidental, de sus grandes imperios, de sus grandes civilizaciones. Ahí están la Grecia y el Oriente del tiempo guía, los romanos del derecho y las leyes, el rico pensamiento teológico del medievo, la cultura europea de la edad moderna, e incluso las grandes formaciones políticas que alimentaron y se desarrollaron en Europa a partir del surgimiento de la sociedad burguesa en el siglo XVIII. El oriente aun en este tiempo de hoy sigue sosteniendo su desarrollo sobre la base de sus culturas ancestrales, al margen de los grandes impulsos de

los intereses de las nuevas economías mundiales. China es un ejemplo, que ahora ha vuelto a Confucio para sostener su ideología nacional dentro de un desarrollo capitalista.

Razones hay para que esta ciencia de las ciencias, al parecer tan relativizada en el presente, haya sido la formadora de tales grandes desarrollos científicos y culturales del occidente, y ello, porque ha sabido actuar en una dimensión constructiva y sistemática, evitando condenarse en recetas y convertirse en especie de catecismos insatisfactorios, y buscando hacer que los pueblos piensen propiamente para que encuentren la libertad y la posesión plena de sí mismos.

En América, esto no ha sucedido. La filosofía no ha sido el motor de su desarrollo ni de su cultura. A tal grado ha sido relativizada su importancia, en nuestro país, por ejemplo, que ha sido eliminada de los programas escolares de nivel medio, y aun en los estudios superiores se le ve sólo como una carga adicional sin relevancia alguna para la formación profesional.

¿Por qué ha sucedido esto en América?

Decía Ignacio Ellacuría que el problema de la filosofía latinoamericana ha sido que a pesar de haber tenido un propósito original y liberador, no ha logrado constituir una pensamiento propio con validez y reconocimiento universal, y ello, porque los filósofos latinoamericanos no han insertado adecuadamente su reflexión dentro de una praxis liberadora. Ellacuría matiza un tanto su cruda afirmación diciendo que probablemente haya sido así porque aún no ha llegado el momento filosófico, que por su propia naturaleza es tardío o no propio de pueblos jóvenes. Habla también Ellacuría de lo que considera un error grave de los filósofos latinoamericanos, esto es, concebir la liberación de sus pueblos como la recuperación de una identidad cultural perdida o alienada, y para él no se trata de eso, sino más bien de pensar la realidad y filosofar para esa realidad buscando con ello la propia liberación de estos pueblos. También critica su quietismo político y su falta de compromiso con una praxis política liberadora.

Augusto Salazar Bondy muy conocido y respetado filósofo peruano, también criticó implacablemente, aunque constructivamente, el enfoque de la evolución cultural e intelectual de los pueblos iberoamericanos, particularmente de su país. En uno de sus libros, ¿Existe una filosofía de nuestra América?, denuncia la falta de originalidad y de coherencia interna del pensamiento iberoamericano, y su mera repetición impostada de las filosofías dominantes del mundo occidental, lo que ha llevado a nuestras sociedades a una condición deprimida del desarrollo, a una dependencia social, económica y cultural que le ha subsumido en una cultura de la dominación. Por imitativa, dice el peruano, la filosofía hispanoamericana ha sido una conciencia enajenada y enajenante que le ha dado al hombre de nuestras comunidades nacionales una imagen falsa y superficial, por remendada, del mundo y de la vida, de ‘su mundo’ y de ‘su vida’…..

En mi opinión, hay tres razones por las que la filosofía no ha sido en América la base de la formación de su cultura: Primero, el ver casi siempre y casi sólo hacia el pasado filosófico; esto es, olvidarse de lo actual, un desfase en el tiempo. Segundo, el ver casi siempre y casi sólo hacia lo exógeno; esto es, olvidarse de lo propio, un desfase en el espacio. Y tercero, el ver casi siempre y casi sólo hacia lo no científico; esto es, olvidarse de lo paradigmático, un desfase en la realidad.

La fundamentalidad, en primariedad, de un pensamiento propio, reside en hacer que los pueblos se formen un concepto originario y arraigado de su realidad, vista esta en función de formarse una visión propia del mundo, de la vida y del hombre mismo , lo cual no significa que tales visiones estén siempre en oposición a otras. Es lamentable que nuestros jóvenes crezcan y se “formen” sin una conciencia de lo que ellos mismos son, de dónde se encuentran y porqué, y hacia dónde se dirigen. Hay que volver un poco a las preguntas de Kant, ¿qué puedo conocer?, cuya respuesta corresponde darla a la metafísica; ¿qué debo hacer?, problema de la moral; ¿qué puedo esperar?, crítico asunto de la religión; y ¿qué es entonces el hombre?, cuya respuesta habría que buscarla en la antropología; y que llevan necesariamente a la formulación de sus antinomias de la razón pura: ¿el mundo es limitado o ilimitado? ¿el mundo es simple o complejo? ¿el tiempo es limitado o ilimitado? ¿el tiempo es simple o complejo? Vistas estas en profundidad, llevan a la comprensión de toda realidad dentro de este mundo cada día más confuso en que vivimos.

No ha sido, pues, la filosofía, como debiera, un elemento útil para una adecuada lectura e interpretación de las realidades del hombre iberoamericano, al margen de, por supuesto, su contribución al desarrollo cultural y educativo de la persona, y aun reconociendo que en su quehacer, el nervio es atender, dudar, rechazar, preguntar, ensayar, fracasar, volver al intento, etc., única forma de poder hundir nuestras raíces en las propias culturas de nuestros pueblos. Recordemos que la filosofía es admiración, temor, temblor y desesperación. Esas son las formas de ser del filósofo, siempre admirándose, siempre temblando, siempre temiendo, y siempre desesperándose, y esos siempre son los que le motivan las preguntas que he citado, y que le originan sus “tres únicamente”, ser sentimiento, ser pensamiento, y ser volición, y probablemente, ser soñador, quizá esto último, un “cuarto únicamente”.

Bien decían nuestros sabios tlamantinime nahuatl que “el hombre es un ser misterioso, cuyas reacciones e inclinaciones son impredecibles, que llega al mundo ‘sin rostro’ y a quien la vida le enseña a ‘tomar una cara’, ‘ir a la acción sobre una realidad evanescente’”.

Y los mayas misteriosos: “el hombre es un ser repetidamente creado en busca de la perfección, y causa de la armonía entre los dioses”. Pensaban nuestros pueblos originales, y lo hacían porque eran sabios; filosofaban, y por eso son eternos, aunque la conquista los haya tratado de ocultar a los ojos del mundo actual, cosa que no lograron. Ellos sí filosofaban. Nosotros no.

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