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La ceguera humana

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
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Es hora de ponerse en ejercicio. Ahora bien, necesitamos de otros lenguajes más fraternos para poder seguir adelante con buen espíritu y mejor actitud, lo que requiere otros cultivos menos confusos y más sabios injertados quizás por la brisa de la comprensión y de la cercanía. Lo importante es que cada cual pueda sentir que es algo en este caminar diario, y que se gana sus andares con la ética de su cotidiano trabajo. No importa la lucha, lo verdaderamente culminante es renacer, considerarse parte de la vida, imaginar otro mundo más humano, concebir otro aliento no tan murmurador y prudente. A propósito, me quedo con la lección de las comunidades siniestradas por el paso del ciclón Idai en Mozambique. El titular de la ONU, con gran acierto destacaba precisamente ese coraje que todos llevamos consigo a poco que lo pongamos en práctica: la determinación de los niños de seguir en las escuelas sin techo, de las mujeres que continúan trabajando en el campo sin herramientas ni tierra y la población en general, que sigue más allá pese a lo acontecido a la gran destrucción de sus medios de vida por los meteoros de marzo y abril pasados. Sin duda, es significativa esta reflexión para poder avanzar solidariamente, al tiempo que nos ayuda a crecer, a dar significación a todo lo que nos rodea. Esto es lo que en realidad nos hace cambiar y tomar otros rumbos más respetuosos con toda vida. Justamente, también la cognición ha de clarificarse asiduamente, porque su ceguera ética que emana de la preponderancia del logro y del dominio que la encandilan es un riesgo que nunca se puede evitar completamente.

En consecuencia, a lo largo de nuestro camino, tenemos tantas escenas para recordar, que es sustancial hallar tiempo para experimentar que aún continuamos siendo dueños de nuestra propia existencia. No es cuestión de mirar hacia atrás, sino de proseguir el camino del aire o sea, el de la libertad. Tampoco hay que tener miedo, hemos de ser valientes en nuestra debilidad pues aunque el Ártico arda en llamas y las Américas estén amenazadas por el calor y las inundaciones, Europa se corrompa, África sea un continente sin perspectiva de futuro y el Sur de Asia albergue la mayor proporción de pobres, siempre nos quedará la fortaleza de poder abrazarnos y compartir. Ahí radica el levantamiento de un linaje cuya primera actitud ha de ser la de respetarse. Lo esencial no es verse en el camino recorrido, sino en regenerarse en un nuevo horizonte que nos dignifique a todos por igual.

No seamos ingenuos ni personas tibias, seamos aduces, animosos. Al fin y al cabo lo valioso no son los títulos conseguidos o el poder acumulado, sino la realización de la persona como tal. Desafortunadamente los sistemas de educación y formación existentes actualmente en el planeta, tampoco suelen responder a las necesidades de aprendizaje para la vida; así una gran cantidad de jóvenes con resultados académicos y formación relevante, resulta que luego carecen de valores (perturbación interna), por consiguiente apenas saben convivir con sus análogos. Lo importante siempre es ver más allá de nuestro distintivo mundo, tantas veces afanado por el lucro y la alucinación ideológica.

Sea como fuere nunca es tarde para corregir caminos andados y empezar con otras ilusiones. Lo prioritario es no dejarse tentar por los fracasos, ni tampoco por los triunfalismos mundanos; es mejor detenerse a escucharse para después poder reavivarse por muy grande que sea el desaliento y las vacilaciones. Fuera triunfalismos, la inmoral pasión humana. No importan las frustraciones, cuando éstas te instan a explorar nuevos horizontes. Sirva como testimonio la siguiente panorámica: a casi un lustro de la adopción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que incluyeron el compromiso de los países a garantizar la educación primaria y secundaria para todos los niños del mundo para 2030, los datos indican que, si no se refuerzan los trabajos en esa área durante los próximos diez años el mundo se quedará en la derrota y la desigualdad de oportunidades educativas persistirá. Habrá que reforzarse.

También se dice que el arte de vencer se aprende en los reveses. La cuestión es rejuvenecer en nuevas ideas para que mejoren las estrategias educativas. En cualquier caso jamás demos por perdida ninguna batalla. Pensemos en el encantamiento del orgullo, que nos endiosa hasta volvernos míseros al envolvernos por un cúmulo de miserias humanas. Pero al fin, uno tiene que doblegarse porque nada es por sí mismo. Jamás olvidemos esto.

Porque aquello que se cree ofuscación del destino es en realidad miopía propia. En última instancia la recuperación de la ciudadanía solo puede venir de un impulso reconciliador, de una fuerza de cambio en definitiva. Alimentarla y hacerla resplandecer es tarea de todos los humanos. Está en juego el futuro de los moradores. Manos al timón.

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Un Comentario

  1. Viendo a Garrik —actor de la Inglaterra—
    el pueblo al aplaudirlo le decía:
    «Eres el más gracioso de la tierra
    y el más feliz…»
    Y el cómico reía.

    Víctimas del spleen, los altos lores,
    en sus noches más negras y pesadas,
    iban a ver al rey de los actores
    y cambiaban su spleen en carcajadas.

    Una vez, ante un médico famoso,
    llegóse un hombre de mirar sombrío:
    «Sufro —le dijo—, un mal tan espantoso
    como esta palidez del rostro mío.

    »Nada me causa encanto ni atractivo;
    no me importan mi nombre ni mi suerte
    en un eterno spleen muriendo vivo,
    y es mi única ilusión, la de la muerte».

    —Viajad y os distraeréis.
    — ¡Tanto he viajado!
    —Las lecturas buscad.
    —¡Tanto he leído!
    —Que os ame una mujer.
    —¡Si soy amado!
    —¡Un título adquirid!
    —¡Noble he nacido!

    —¿Pobre seréis quizá?
    —Tengo riquezas
    —¿De lisonjas gustáis?
    —¡Tantas escucho!
    —¿Que tenéis de familia?
    —Mis tristezas
    —¿Vais a los cementerios?
    —Mucho… mucho…

    —¿De vuestra vida actual, tenéis testigos?

    —Sí, mas no dejo que me impongan yugos;
    yo les llamo a los muertos mis amigos;
    y les llamo a los vivos mis verdugos.

    —Me deja —agrega el médico— perplejo
    vuestro mal y no debo acobardaros;
    Tomad hoy por receta este consejo:
    sólo viendo a Garrik, podréis curaros.

    —¿A Garrik?
    —Sí, a Garrik… La más remisa
    y austera sociedad le busca ansiosa;
    todo aquél que lo ve, muere de risa:
    tiene una gracia artística asombrosa.

    —¿Y a mí, me hará reír?
    —¡Ah!, sí, os lo juro,
    él sí y nadie más que él; mas… ¿qué os inquieta?
    —Así —dijo el enfermo— no me curo;
    ¡Yo soy Garrik!… Cambiadme la receta.

    * * *

    ¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
    enfermos de pesar, muertos de tedio,
    hacen reír como el actor suicida,
    sin encontrar para su mal remedio!

    ¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
    ¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
    porque en los seres que el dolor devora,
    el alma gime cuando el rostro ríe!

    Si se muere la fe, si huye la calma,
    si sólo abrojos nuestra planta pisa,
    lanza a la faz la tempestad del alma,
    un relámpago triste: la sonrisa.

    El carnaval del mundo engaña tanto,
    que las vidas son breves mascaradas;
    aquí aprendemos a reír con llanto
    y también a llorar con carcajadas.

    Juan de Dios Peza