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Justicia, diplomacia y el elogio de la locura

Carlos Girón S.

Erasmo, Erasmo de Rotterdam, ves, tú, amigo, desde el más allá, cómo tus cátedras expuestas en tu nunca bien celebrada obra “Elogio de la Locura”, conocida también como “Encomio de la Estulticia”, mantienen su vigencia en todos los tiempos, tanto en los actuales como en los de tu época y también de otras anteriores. También diste a luz el “Elogio de la Necedad”, igualmente celebrado aunque no tanto como el otro.

Junto a ese libro se han escrito otros con títulos parecidos como el “Elogio del Ocio”, de Bertrand Russel (filósofo inglés) y el “Elogio del Egoísmo”, del cual honrosamente soy autor –y dicho sea de paso, se ha vendido junto con otro titulado “La Mujer y sus Secretos”, tanto en librerías de México y de Nueva York, como en algunas locales-. De todos ellos, recordado Erasmo, creo que el mejor es el vuestro, por la amenidad y sapiencia con las que describes características o defectos, vicios o quizá virtudes que se dan siempre en los seres humanos sin distinción.

En otro tono, este humanista holandés personifica en el “Elogio de la Locura”, a cada clase de las conductas diversas que manifestamos los mortales, y al señalar tales conductas hace tabula rasa de toda clase de personajes, desde reyes, príncipes y demás gobernantes, hasta filósofos, artistas, religiosos y muchos otros de otros oficios u ocupaciones.

Su libro sobre la locura lo inicia con la personificación de la Estulticia. ¿Y qué pasa con esta? Veamos: como estulticia se denomina a la tontería que, por necedad o por ignorancia caracteriza a una persona. La palabra proviene del latín stultitia y se deriva de stultus, que significa ‘necio’. Y ‘necio’, a su vez, ¿qué significa? Pues, lo mismo, ignorante, tonto…

Como tal, es una palabra que se refiere a aquellos que en sus actos, palabras, acciones u omisiones, demuestran falta de conocimiento, tacto o discreción en relación con determinados asuntos, y que debido a ello se comportan más bien haciendo gala de su necedad, idiotez y falta de respeto ante determinadas cosas.          

Además, sinónimos de estulticia son necedad, estupidez, sandez, tontería, bobería, disparate, imbecilidad o idiotez.

En su celebrado libro, Erasmo señala que la estulticia la encontramos –entre otros campo- en la política cuando nuestros representantes hacen alarde de su ignorancia o desinterés ante determinadas cosas, y que ella, la estulticia, es la del ignorante incorregible.

Hablando de estas cosas, pareciera que aquel gran humanista estuviese viendo lo que nos sucede en estos tiempos a los salvadoreños, donde recién se han dado y se están dando acciones verdaderamente estultas como estas: la absolución, el perdón del pedófilo –honorable magistrado de la Cámara Tercera de lo Civil, para más señas- Eduardo Escalante, por parte de otros también honorables magistrados de la Cámara Primera de lo Penal de San Salvador, quienes han dicho que lo que hizo el pedófilo no es delito, sino una simple “falta”; sí, una falta que llevaba envuelta, escondida, la intención de perpetrar un estupro, que a lo mejor, tampoco habría sido delito para esos justos magistrados. Y, a propósito, ¿acaso no entran estos magistrados en esa categoría de gente estulta? ¡Vaya si no! En su locura ellos se reirán de las protestas y condenas a nivel general que se han ganado su fallo en el perverso caso.

En el ámbito político, ¿será o no estulticia el que partidarios de fracciones opuestas se agarren a sopapos con dimes y diretes alrededor de supuestos tráficos de armas de guerra negociadas fraudulentamente? U otros, que han sido altos funcionarios legislativos y que sean llamados al banquillo de la justicia por supuesta participación en negociaciones, en el pasado reciente, con delincuentes que mantienen el terror entre la población, y aquéllos se declaren “inocentes” –cuando hay hasta vídeos de tales negociaciones?-

Por otro lado, ¿cabrá en esa categoría de acciones de estulticia la reciente e intempestiva expulsión de todo el cuerpo diplomático de la República Bolivariana de Venezuela, con un plazo perentorio de abandonar nuestro país, con lo que de hecho se rompieron relaciones diplomáticas y comerciales y de cualquier otro tipo?

Y, ¿no será todavía más estulto el reconocimiento a un traidor vende-patria, pelele de fuerzas foráneas como “gobernante encargado” de la Patria bolivariana, a cuyos ‘representantes’ se anuncia que serán recibidos con toda pompa aquí en nuestro país? Se sabe que ese pelele es un don nadie en su propia tierra, y que más bien es odiado por el legítimo pueblo venezolano por su intento terco de querer derrocar al régimen constitucional de Nicolás Maduro, para luego abrir de par en par las puertas de la Nación para la invasión de las fuerzas extrañas que han venido intentándolo cada vez y que se apresurarían a apropiarse de los ricos pozos petroleros del Orinoco y de los metales valiosos del subsuelo venezolano. El apoyo leal del pueblo y de las Fuerzas Armadas Bolivarianas ha impedido una y otra vez, que se materialice la intentona del aguado traidor -al que la estulticia le da su reconocimiento incondicional- como lo han hecho antes los asnos del Grupúsculo de Lima, seguidores del ya desinflado Caballo de Troya… ¡Ay estulticia, gemela perfecta de la locura!

La estulticia alega que esa acción de la expulsión diplomática responde al hecho de que en el suelo de Bolívar hay un presidente “ilegítimo”, ignorando que precisamente hace más de dos años fue favorecido por el voto mayoritario del pueblo del mismo solar patrio, y a quien calumniosamente se le acusa de “violar los derechos humanos”. ¡Y miren qué paradoja! En instancias mundiales, como la ONU hace pocos días fue admitida la República Bolivariana de Venezuela como miembro justamente de la Comisión por la Defensa de los Derechos Humanos. ¡Ah esa estulticia tonta de los otros!

Pero, ese a ese rompimiento fortuito y estulto de las relaciones diplomáticas y comerciales por este lado, por el otro, gallardamente el presidente constitucional Nicolás Maduro ha declarado al mundo que “su pueblo bolivariano y el salvadoreño siempre estarán unidos”. Tal gesto le da una sonora coz a la estulticia y a su gemela, la locura…

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