Caralvá
Intimissimun
(continuación)
Gaceta del Salvador en la República del Salvador. Julio 27 de 1849
Nicaragua
En el correo del Istmo número 5…
… ¿A qué fin extraviarnos de nuestro propósito? ¿no somos nosotros también los centroamericanos, descendientes de una misma familia? ¿La ilustre sangre de los godos no circula también por nuestras venas? ¿No habrá valor y patriotismo en Centro-América? Es hora buena; pero vemos que los resultados no aparecen, y no pudiendo combinar estas ideas; valor y esclavitud; patriotismo y nulidad, necesario es que vengamos a dar en una clave, que nos obra la inteligencia de cosas al parecer incomprensibles.
No se crea que será preciso meditar mucho, para resolver dicho problema; cualquiera que sea nuestro valor y patriotismo, queda completamente nulificado, por estas eternas disensiones, que conmueven a todos los Estados ¿Cuántas calamidades se hubieran evitado, si en vez de atender a parciales o personales miras, se hubiera fijado la atención en conservar la dignidad de toda la República de Centro-América, diré mejor, pues no debe considerarse lo que fue, sino lo que dejó de ser? Si todas esas ambiciones, hubieran consistido en contribuir a cual más a la felicidad común, no seríamos el juguete del inglés; y aun seríamos capaces de llevar adelante por nuestra propia virtud, esas magnificas ilusiones, que fundamos en el poder ajeno. Es la actualidad, es preciso confesarlo, si bien es doloroso, Centro-América no tiene representación alguna capaz de salir en su defensa, ni presentar con fruto sus derechos.
Más prescindiendo ya de los demás Estados ¿Qué es Nicaragua? un Estado constituido a su modo y tan capaz de reclamar sus fueros como Inglaterra los suyos respectivos; pero al mismo tiempo es un Estado aislado, abandonado a sus propias fuerzas, y obligado a sostener una lucha con la más terrible nación del universo, ¿Qué es Nicaragua? un Estado tan digno de consideraciones, como otro cualquiera; pero acometido material y formalmente por el gobierno más terrible, vendido a cada momento por los hijos desnaturalizados; y expuesto a cada instante, a ser víctima de intrigas apoyadas en la astucia y en el oro. Tal vez esta para llegar el tiempo en que casi, todos los nicaragüenses conozcan sus derechos, su posición, sus circunstancias y su glorioso porvenir; pero mientras llegue este dichoso día ¡cuántas muertes, cuanta sangre, cuantos desastres estamos condenados a presenciar, si los habitantes de este Estado, o a los menos sensatos, no meditan en su suerte! Hombres y mujeres honradas, y que tal vez frecuentan como cristianos los sacramentos, pero que al mismo tiempo simpatizan con algunos bárbaros; unen la idea de la religión con la idea de la inmoralidad más espantosa: el crimen con la inocencia y a Cristo con un aborto del infierno. ¡Ha! si como nos he dado escribir estas líneas, nos fuera dado hablar al corazón de tales partidarios; con cuanto entusiasmo no les propondríamos todas aquellas ideas, que, lejos de ser políticas y mundanas como algunos necios piensan, son evidentemente sociales y religiosas, pues se versan, ¡sobre que haya o no haya religión y sociedad! En todas partes hay divisiones nos dirán, en todas partes hay cristianos alucinados, en Francia, en España y aun en la misma Inglaterra; sin duda alguna, pero cuando se trata de contener y perseguir a un invasor, se unen casi todos, olvidan los agravios, se reconcilian, y acuden todos a defender la patria; aun en las cuestiones intestinas, rarísimas veces se ha visto (y en España puede ser nunca) que los hombres honrados y aun los que no están habituados al crimen hagan causa común con los asesinados, incendiarios y bandidos conocidos.
¿Hasta cuándo, pues, nicaragüenses, hasta cuando centroamericanos, pensáis estar divididos y obcecados? ¿Hasta cuándo nuestra patria, nuestra hermosa y amada patria, ha de permanecer humillada escarnecida y castigada? Si no acudimos todos sus hijos a defenderla, a vengarla, y a conservar su honor; no solamente se verá humillada, sino que podría también con el tiempo, pasar a otro poder, adoptando ella otros hijos más cuerdos y sensatos. Levante pues la voz los periódicos, todos los de buen sentido y el entusiasmo y espíritu público que resultare, nos enseñará lo que debemos hacer, respecto a nuestros comunes intereses. Haya alguna uniformidad, un poco de amor patrio, y veremos abiertas las puertas de la felicidad, que, hasta el presente, apenas hemos podido suponer que existan. Sin perder más tiempo y bajo la seguridad, de que en breve, podamos llegar a ser libres, o esclavos; deberían los partidos en cada Estado y los Estados entre sí, saberse entender, y fijar las bases de una resistencia, o las condiciones de la entrega. En vez de andar preguntando ¿Qué se dice de nuevo? Deberían preguntarse ¿qué nueva medida se deberá tomar? Demóstenes reprendía a los atenienses, porque permitían entrar al enemigo en su patria, al mismo tiempo que preguntaban por las plazas ¿Qué hay de nuevo? Con más razón podríamos nosotros dirigir algunas semejantes palabras a nuestros compatriotas ¿Qué cosa más nueva pueden deciros, que lo que vosotros veis? Los ingleses se hace dueños de vuestras costas y se dispone a dar la ley a Centro América… ¿Se abrirá el canal? Los ingleses se oponen a que otra potencia lo abra, sin ofrecer ellos la menor ventaja; más cuando el cielo nos librará de este enemigo, vosotros mismos os formarías bien pronto otro embarazo y ¿qué haremos si se oponen los ingleses? La unión, la misma unión, ciudadanos, no descubriría el medio más seguro de vencer la oposición.
De permanecer como estamos de burlarse de nuestro modo de pensar ¿Qué resultaría? Seríamos víctimas de nuestra propia locura: el gobierno inglés se apoderaría de nosotros tratándonos como a bárbaros y mientras llegase ese tiempo, nos insultaría con infames protestas, en las que no se guardan los términos más vulgares de urbanidad, y se prodigan los insultos mayores al gobierno y al Estado, y en este caso, fuera mejor no haber nacido, y que nuestro Estado quedara borrado desde ahora, del mapa de las naciones y de la faz del mundo.
Fin de ocupación inglesa
“Sin embargo, en 1850 los británico y Estados Unidos firman un tratado, debido a negociaciones internacionales desarrolladas entre ambos países. Así a partir de 1894, los británicos abandonan gradualmente la costa del Caribe entregando en 1905, el territorio a empresas estadounidenses, ocupación esta última que durará hasta 1930”[1] amazon.com/author/csarcaralv
[1] Wikipedia

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