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Ingleses en Centroamérica XXIV

Caralvá

Intimissimun

Pronunciamiento contra Cónsul inglés

Doroteo Vasconcelos presidente de El Salvador llama a defensa de Centroamérica

… ciudadanos, hijos, soldados de la Patria.

Gaceta de El Salvador en la República de Centro-América

San Salvador noviembre 1 1850

OFICIAL

El presidente de El Salvador, a los pueblos del Estado y a todos los centroamericanos.

Por fin el Cónsul inglés ha llevado al cabo sus hostilidades y puesto el bloqueo a los puertos de El Salvador. Hace cuatro años que se verifica este aniversario de iniquidad en la época de las ferias para herir más vivamente en el corazón y en los intereses del Estado, para privarle de sus principales recursos, y para descargar sobre sus hijos todos los males que están a su arbitrio.

El Estado de El Salvador es reputado por el Cónsul como una población africana o de salvajes, donde no se una de la razón ni del derecho, y donde los funcionarios ingleses se dispensan de toda consideración, entablan sus relaciones por la fuerza, se administran justicia por si mismos, y su voluntad y su interés forman todo su derecho público.

Tal es la manera con que vuestro gobierno, vuestro país, y vuestra soberanía son tratados en la cuestión actual, y en la rencorosa venganza ejercida sobre vosotros, no por la Inglaterra ni el gobierno británico, sino por su agente el Sr. Chatfield a quien su larga residencia en Guatemala, le ha hecho participar de los odios del partido enemigo de El Salvador que reside en aquella ciudad, y con el cual, toma parte contrariando sus deberes de agente de una nación poderosa a quien no hemos ofendido.

Como vosotros lo sabéis, se exige en todo rigor: 1º que el tratado iniciado con el Cónsul el día 12 de noviembre, sea ejecutado por el gobierno sin la ratificación del Cuerpo Legislativo; 2º que el gobierno se retracte de lo que ha publicado en defensa y contra la conducta del Cónsul inglés en sus agresiones sobre todos los Estados, y que haga callar la prensa libre; 3º que reconozca precisamente a Dn. Marcos Idígoras por agente británico, aunque no convenga ni a los intereses ni al honor del Estado la admisión como agente, de un súbdito rebelde que se ocupa de procurar la depresión de su gobierno, y la preponderancia de su encarnizado enemigo.

Sin todo lo que ya se ha dicho sobre tres artículos, calculados expresamente para hollar las leyes constitucionales del país, y para poner su gobierno y pabellón en el mayor oprobio y vergüenza ante las naciones americanas, basta su exposición para que sin necesidad de explicaciones aparezca a toda luz la enormidad de exigir por la fuerza a un pueblo libre, a una sociedad civilizada, este abandono de su justicia, de sus instituciones, de su independencia misma y de su honor.

El Sr. Chatfield se propone por ellos que la constitución fundamental sea abolida. 1º Despojando al Cuerpo Legislativo de su principal atribución en todo país republicano, de ratificar o desaprobar los tratados, y aun privando al gobierno del examen y del conocimiento de los pactos hechos por sus comisionados. Ya se comprende cual sería la ventaja del extranjero al tratar de los intereses más vitales con un país que así los abandonaba sin reverlos, a merced de sus enviados o comisionados. ¡Como se citaría esta irregularidad como un ejemplar y se querría establecer como una regla para toda transacción o pacto venidero; ¡como los tratados que son una ley superior a las del país, quedarían así fuera de la discusión y arreglo del Poder Legislador y del soberano!

En segundo lugar la independencia constitucional sería anulada, introduciendo al país mismos adversarios de él, agentes y funcionarios propios, o valiéndose de sus contrarios para imponer al gobierno, para espiar a la autoridad suprema y para agitar como lo hace Idígoras, aunque miserable e impotentemente, las reacciones y la combinación con los enemigos mismos del Estado.

En tercer lugar, retractándose el gobierno y aboliendo la prensa, mentiría contra su propio honor y existencia a la faz del mundo, se revelaría contra su propio pueblo y su autoridad, y sofocaría infame y traidoramente la voz y el clamor sagrado del país contra las depredaciones y los ultrajes de un agresor injusto.

Son estas, son nada menos que estas pretensiones que se exigen, que se nos imponen empleando actualmente la fuerza, el bloqueo, y todo género de coerción violenta para impelernos a la más vil y vilipendiosa abyección, a la renuncia de una existencia independiente y de nuestro pacto social; o al sufrimiento de la pérdida de la libertad comercial, de la ruina de nuestra hacienda pública, y de los interese particulares del tráfico.

Más por ventura ¿sería este último sacrificio que hiciéramos a una paz ruinosa y degradante? ¡Oh no! Ya los veis aparecer cada año con nuevas y mayores exigencias; ya lo veis levantar cada día con más orgullo su tono imperioso, y su demanda indebida. A cada concesión ilegal se sigue una reclamación preparada, una amenaza, una hostilidad más larga y rigurosa.

Conciudadanos: no es posible someterse sin condiciones al oprobio y a la dominación extranjera, después de aparecer como independientes a la faz de las demás naciones.  Si nos hemos separado de nuestros padres y de la patria simpática de nuestros antecesores por adquirir libertad y gloria, ¿cómo podríamos someternos a un yugo odioso, antipático y absurdo entre pueblos tan diversos, como el que pretende establecer sobre nosotros el expresado Cónsul, imponiéndonos sus voluntades, sus agentes, sus indemnizaciones, sus castigos, su odio a nuestras leyes fundamentales, su política de Guatemala y de disolución de la República?

Es más que evidente que mientras él no llene tales miras, mientras él no vea subyugado todo el espíritu público salvadoreño, las agresiones, las hostilidades, los bloqueos anuales, las exigencias enormes y depresivas del país irán en aumento, hasta aniquilar por la miseria y la depredación, lo que no puede arrebatar ya por la conquista y por la sangre.

Si yo creyese, ¡oh conciudadanos! Que vosotros fluctuabais en tal posición; que rehusabais sacrificar vuestros intereses momentáneos a la libertad y el honor, que la opinión pública no era compacta, bien deliberada y constante para sostener a todo trance los derechos y la dignidad del pueblo salvadoreño respecto de las agresiones y del espíritu de ultraje que arrastran y ciegan al Cónsul británico contra nuestro país; si yo no viese unánime esta indignación noble, esta  energía de un pueblo que levanta su maza impotente contra el ultraje y la  injusticia, yo me separaría del poder, yo me apartaría de la carrera de ignominia y de sometimiento de la patria.

Más yo leo en vuestros corazones ¡oh salvadoreños! con caracteres luminosos vuestra resuelta decisión por defender hasta el último extremo de honor de vuestro pabellón; tengo a la vista vuestras enérgicas manifestaciones, y yo perecería diez veces al frente de este pueblo libre, antes de verlo subyugado al capricho y a las violencias de un poder extranjero.

Vanos han sido todos los pasos para transigir esta cuestión de una manera razonable. Inútil el ofrecimiento de un arbitramento imparcial, ya con un Cónsul norteamericano, ya últimamente con el Consulado francés. El agente británico ha desechado todas las proposiciones que le hizo el Sr. Cónsul de Francia. Rehúsa toda modificación por favorable que le fuese y onerosa a EL Salvador, a los tres artículos de su demanda.

El se hace juez en su propia causa y repele toda intervención de un poder imparcial. Él no somete su razón a ninguna otra, porque tiene la conciencia de su injusticia; y el emplea la fuerza y la violencia como su único derecho.

Yo he protestado que en la cuestión de dinero, sostenida por nosotros con la justicia, la razón y la ley, haría sin embargo todas las concesiones, aún las más exorbitantes y sería objeto de un arreglo, porque vosotros aun siendo pobres miráis con desdén esta contienda ratera y miserable; mas no así en lo que toca a vuestra dignidad y a vuestro honor.

Yo os comprendo, pueblo magnánimo y generoso, vos quedarías sepultado en vuestras playas sangrientas bajo vuestro pabellón glorioso, antes que verlo ultrajado, y veros deprimido a los pies de vuestros opresores.

Dura y terrible es la tormenta que pasa sobre mi cabeza en medio de tan largos y penosos conflictos; pero mi recompensa es alta y brillante al verme al frente de un pueblo heroico, y que, en las épocas mas difíciles, en las crisis mas fuertes, él se hace digno como ahora de levantar siempre su frente coronada por las virtudes y la libertad republicana.

Hijos de esta patria angustiada, pero honrada y grande, no la desatendamos en sus   más vivos clamores a nuestro esfuerzo; no la abandonemos en el ultraje, no la dejemos hollar vilmente por el extranjero, y por el servilismo de la facción de Guatemala que lo ha lanzado sobre nosotros.

Ved en este bloqueo la cantera del salvajismo de Guatemala protegido por el Cónsul inglés, amenazando no solo vuestras costas sino las de Centroamérica. Ver ahí la señal terrible de un combate a muerte de la tiranía extranjera combinada con los traidores de nuestro país, contra la independencia nacional y contra todos los Estados libres. La hora ha sonado. La independencia está amenazada. Pero vosotros sois ciudadanos, sus hijos, sois soldados de esta Patria. No desatendamos su augusta voz y preparémonos a su defensa. San Salvador, Octubre 21 de 1850.  Doroteo Vasconcelos  amazon.com/author/csarcaralv

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