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Ingleses en Centroamérica XXII

Caralvá

Intimissimun

Cónsul Federico Chatfield

Ruta por Nicaragua al Pacífico.”

 

Gaceta de El Salvador en la República de Centro-América

San Salvador septiembre 27, 1850

El Salvador y el Cónsul Federico Chatfield

 

Es insuficiente la simple lectura de la intimación siguiente para adquirir evidencia de dos cosas: de la arrogancia del Sr. Cónsul y de la debilidad de nuestros Estados, y en verdad, que no es muy fácil averiguar cuál de las dos será mayor; pues si bien la humillación en que yace cada uno de los Estados de la América del Centro no puede llegar a ser más oprobiosa; el arrojo y osadía del Sr. Chatfield no pueden tampoco ser ya más repugnantes, en el mismo hecho de no tener límites. ¿En qué se funda el Sr. Cónsul, para insultar de ese modo a los gobiernos? ¿Pretende hacer alarde del poder de su nación? ¿Intenta hacernos ver su intrepidez y el mérito de su diplomacia? … Fúndase en los resultados “de Bloquear los puertos, antes de las grandes ferias, el único mal que puede resultar consiste, en que algunos favoritos puedan salir de sus apuros mejorando su condición actual a nombre de la nulidad de los gobiernos. – Que reclamen estos, que la prensa levante su voz, que la indignación general prorrumpa en quejas, no es un verdadero mal para el representante de la Gran Bretaña. Antes bien, pues sirviéndole, como hasta aquí, de pretexto para nuevas intimaciones, abre la puerta a la especulación, satisface las tendencias de un partido, y da pábulo a su venganza y vanidad. Esto es lo que puede sospecharse por lo menos”.

“Y cuando el Sr. Cónsul llegar a dar algún valor a los principios? Sus reclamos han sido satisfechos con razones, y desentendiéndose de todas ellas, adopta la amenaza y el rigor. Vergonzoso es decirlo, pero más lo sería justificar tal proceder con el silencio.  A veces hemos creído, que no habiendo el Sr. Chatfield conocido su posición en Centro-América, pudiera haberse dejado arrastrar por adulaciones y sugestiones de cierto partido, haciéndose juguete de sus mezquinas pasiones; pero también hemos llegado a sospechar en ocasiones, que dicho partido sea más bien instrumento voluntario del Cónsul. De todos modos, bien sea este instrumento de aquel, o aquel de este; bien sean cómplices ambos, o bien movido cada uno y móvil a la vez, lo cierto es, que hay una coincidencia extraña en ellos, coincidencia que la Gaceta de Costa Rica, órgano oficial de uno y otro, nos ha manifestado del modo más claro y terminante. ¡Cuan útil es en ocasiones, que un gacetero no tenga el juicio necesario! Si aquel ridículo periodista hubiera tenido sentido común, muchas ideas hubieran permanecido encubiertas con el velo del misterio. Vale a veces mucho más un loco, que un cuerdo; o por lo menos, no hace tanto daño”.

“Extraño empeño el que ha tomado: Chatfield el de vejar y el de gacetero de Costa Rica, tolerando a su Gobierno, el de justificar las vejaciones. Si se agrega a esto la consideración de que ni Chatfield ni el gacetero obran aisladamente, tendremos que suponer un partido, que por más ruin, miserable y asqueroso que él sea, no deja de incomodar y de fastidiar, mientras conserva algún poder. – Un bien, sin embargo podría nacer de aquí. No sería extraño que en los tres Estados amigos, hubiese algunos que, no obstante, los muchos y poderosos motivos  que nos inducen a la decantada unión, se hallaran poco inclinados a realizarla por su pare. Más si después de observar tantas y tan caprichosas exigencias del Sr. Cónsul, fundadas en nuestra debilidad y en nuestro aislamiento, no fijan su atención en el único medio que podría adoptarse para nuestras defensas, serían acreedores a todos los males de la esclavitud, más vergonzosa.”

“El desengaño está a la vista y el remedio en nuestras manos. Ni los ataques del Sr. Cónsul, ni la desfachatez del periodista, ni la malignidad de los traidores, podrían acarrearnos males, que, habiendo unión, no pudiéramos convertir en principio y raíz de muchos bienes.”

“Íbamos a concluir aquí, mas no es posible resistir a cierto impulso de nuestra curiosidad. ¿Por qué el Sr. Idígoras se ha hecho instrumento del Sr. Chatfield? ¿Por qué no explica su conducta? Como español, como centroamericano y aun como hombre debería avergonzarse de verse en los papeles públicos, mezclado y confundido en una causa tan indecorosa. ¡Servir de instrumento a un enemigo antiguo de Centroamérica, a un enemigo del comercio! ¡!Que oprobio! ¡qué ignominia! (Del Istmo núm. 47)

 

Canal Interoceánico

Comunicación

Interesante. – Se ha recibido de Washington oficialmente la noticia de la ratificación y canje del convenio celebrado el 19 de abril, entre los Estados Unidos y la Gran Bretaña.

De un periódico de Nueva York, fecha 11 de julio. “Ruta por Nicaragua al Pacífico.”

Petición de varios ciudadanos de los Estados Unidos, al Honorable Senado y Casa de Representantes de los Estados Unidos.

Nosotros los infrascritos, ciudadanos de los Estados Unidos, en vía para la California, representamos respetuosamente; que consideramos de la mayor importancia, que las líneas de comunicación entra las playas del Este y Oeste de los Estados Unidos, al través de los puntos centrales del continente, se hallen sin obstáculos y libres; y que desde luego, es del deber el Gobierno americano en todo tiempo tomar conocimiento de cualesquiera de los obstáculos que se presenten a este libre tránsito, y removerlos. De que es la política, y ha sido el deseo de los gobiernos de todas las repúblicas americanas facilitar el tránsito donde quiera que pueda el efectuarse, tenemos abundantes pruebas; y el Gobierno de los Estados Unidos se ha empeñado en asegurar permanentemente para sus ciudadanos, por medio de estipulaciones de tratado, las ventajas de esta disposición liberal.

Por el tratado con la Nueva Granada, a todos los ciudadanos americanos y a sus efectos personales, se permite pasar libremente por el istmo de Panamá,  y por el tratado con la república de Nicaragua, queda asegurado, no solamente este mismo derecho y el de toda propiedad y mercancías “en tránsito” pasen exentos de cargas, sino que los buques americanos puedan también entrar en los puertos de la república en ambos océanos, libres de derechos de puerto etc. con conocimiento de estos hechos, y descansando en la fe de los tratados y en la protección de nuestro Gobierno, nosotros los infrascritos hemos escogido la ruta de este istmo para la California, vía del río San Juan y lago de Nicaragua; elección que no tenemos que sentir, sino es en cuanto a lo que estamos por exponer. Al llegar al puerto de San Juan de Nicaragua, lo hallamos ocupado por oficiales y fuerzas de la Gran Bretaña, en el se hallaba fondeando un buque de guerra inglés, y todos los negocios del lugar los administraban empleados británicos; y sobre todo, tremolaba la bandera británica. Aquí, aunque es notorio, que este puerto de tiempo inmemorial ha pertenecido a España y subsecuentemente a Nicaragua, fuimos obligados a pagar a dichos empleados un derecho de anclaje de cincuenta centavos por cada una tonelada de nuestro buque, y otro de un cinco por ciento sobre nuestros efectos, con inclusión de nuestras provisiones, medicinas etc. etc., exacción inesperada y de la que, por nuestro tratado con Nicaragua, deberíamos haber sido exentos; muy lejos además de haber sido auxiliados en nuestro tránsito por los expresados empleados británicos, encontramos de parte de ellos toda clase de obstáculos e impedimentos.

No ignoramos el hecho, de que, en principios de 1848 una fuerza británica se apoderó de este puerto, so pretexto de que pertenecía a un indio llamado “ Rey de los Mosquitos” protegido por Gran Bretaña; y de que ahora lo obtienen, bajo términos de un armisticio militar con Nicaragua; pero representamos que según lo que hemos podido observar, ni un solo “indio mosquito” vive ni jamás vivió ahí, y notorio es, que el postizo Rey de los Mosquito, no ejerce aquí más autoridad que en la ciudad de Filadelfia. Los únicos poderes ejecutivos, administrativos y legislativos que hay los desempeña un caballero, que se intitula “Cónsul británico” ayudado por algunos ingleses subordinados, y de algunos oficiales británicos de más  o menos rango, como aquellos que a veces suelen visitar el puerto; y tenemos buenas razones para creer que la intención del Gobierno británico es, la de establecer en este punto importante autoridades británicas, no obstante su pretendida relación con el pretendido Rey Mosquito, y a pesar de las estipulaciones del mencionado armisticio. En la actualidad el Cónsul británico está disponiendo de tierras, bajo su sello oficial; varios ingenieros británicos están reconociendo y midiendo el puerto y las playas adyacentes con el objeto, sin disfraz, de erigir fortificaciones permanentes, se están trayendo ahora de Jamaica varios materiales, hechos que eficientemente se oponen a cualquiera explicación que en sentido contrario hiciese el gabinete británico.

Así mismo representamos, que por el armisticio con Nicaragua se estableció una cierta tarifa, que debía continuar durante dicho armisticio, pero que, aunque este todavía se halla en fuerza, se ha promulgado recientemente otra nueva, por la cual se impone un derecho de dos y medio por ciento sobre toda clase de exportación o artículos que pasen afuera de este puerto. No solamente gravita este derecho fuertemente sobre el comercio de los Estados Unidos, a cuyo país se dirigen la mayor parte de las exportaciones, sino que también obra como un impuesto sobre todos los pasajeros de California a los Estados Unidos; y representamos respetuosamente, que no existe autoridad ni derecho para la imposición de este nuevo derecho, ni tampoco para que se nos exija sacar de los cónsules británicos, en puertos americanos, un certificado de cargamento, so pena de pagar  dobles derechos.

Estamos convencidos, de que esta ruta ha de ser la línea principal de comunicaciones entre los Estados Unidos del Este y la California -la más fácil – la más pronta – la más barata – la más sana y agradable, siempre que no sean obstáculos ilegales, como los que actualmente existen en el puerto de S. Juan de Nicaragua. Y ya que esta admitido universalmente que esta es la única ruta factible para un canal marítimo entre los dos océanos (en cuya construcción los Estados Unidos están más profundamente interesados que ninguna otra nación del globo) representamos que es del deber de su gobierno no permitir pretensiones algunas infundadas de soberanía, ni usurpaciones territoriales, so pretexto de protección a tribus salvajes, con objeto de impedir la construcción de semejante obra, o de embarazar el tránsito a los ciudadanos americanos y el de su propiedad.

Y además, representamos de la misma manera, que consideramos como un principio sagrado y supremos de la política americana, la entera exclusión de la intervención europea en los negocios internacionales de las repúblicas americanas y que es obligatorio a los Estados Unidos oponerse, por todos los medios convenientes, a semejante intervención. Por esto es que, con el mayor respeto y empeño, nosotros solicitamos y excitamos al Congreso de los Estados Unidos, para que se dicten providencias que recluyen a los ciudadanos americanos y a su comercio de las exacciones a que se hallan sujetos al presente en S. Juan de Nicaragua, y que se les proporciones el pleno y efectivo goce los derechos y privilegios concedidos por la República de Nicaragua, único y legítimo dueño del puerto en cuestión etc. etc.

Firmado por el Sr. J.E. Priest, y noventa y tres ciudadanos de los Estados Unidos y fechado en Realejo, el mes de junio de 1850.

Es conforme – Léon, septiembre 3 de 1850. Traductor – Henri Pallais (Del Istmo de Nicaragua, N. 48). amazon.com/author/csarcaralv

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