Redacción Nacionales
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En la Catedral Metropolitana de San Salvador, la Misa de este domingo giró en torno a tres pilares fundamentales de la vida cristiana: el mandamiento de la hospitalidad, las exigencias del seguimiento de Cristo y la recompensa prometida a quienes perseveren en la fe.
La eucaristía fue presidida por el padre Jhonny Flores, quien recordó el pasaje bíblico del profeta Eliseo y la mujer de Sunem, quien lo acogió en su hogar como signo de hospitalidad.
“Una mujer distinguida lo invitó con insistencia a comer en su casa. El profeta aceptó y dice la palabra de Dios que desde entonces siempre que Eliseo pasaba por allí, iba a comer a su casa. Y en una ocasión esta mujer le dice al marido que Eliseo es un hombre de Dios, y planteó construir un cuarto en lo alto: le ponen una cama, una silla, una silla pequeña en la habitación para que cuando el profeta llegue tenga algo donde descansar”, relató el padre.
Flores sostuvo que en la tradición judía, se tenía el principio de la hospitalidad, “darle hospedaje al peregrino, hospedar al que lo necesita”. “Ciertamente nosotros también, hermanos, estamos invitados a hacer esto. “Cristo nos enseña que incluso un vaso de agua dado con amor no quedará sin recompensa”, subrayó, el líder religioso, en referencia a que la generosidad no se limita a lo material.
En cuanto al seguimiento de Cristo, el mensaje del padre enfatizó que Dios debe ocupar el primer lugar en el corazón, incluso por encima de los afectos familiares. “El Señor nunca fallará, siempre estará con nosotros”, afirmó Flores, al tiempo que recordó que cada discípulo debe cargar con su propia cruz, ya sea con enfermedad, problemas o preocupaciones, pero siempre con la confianza en que Cristo comparte ese yugo.
Finalmente, el líder religioso habló de la recompensa eterna: “Morir con Cristo al pecado y renacer con Él a la vida eterna”. Flores volvió a recordar el ejemplo de la mujer de Sunem, recompensada con el anuncio de un hijo por su generosidad, fue presentado como muestra de la providencia divina.
“Así es Dios, hermanos. Si nosotros compartimos de lo que tenemos, no nos hará falta y El Señor nos devolverá a manos llenas. Dios da con generosidad cuando nosotros somos generosos y no solo a lo material, no reduzcamos la generosidad solo a lo material, como te he dicho en otra ocasión, de generosidad también es escuchar al otro, comprender al otro, la generosidad también es orar los unos por los otros”, destacó el padre en su homilía.
El mensaje del padre concluyó con una reflexión inspirada en Madre Teresa de Calcuta: los cristianos no actúan por dinero, sino por amor. “Pidamos al Señor que sea el Rey de nuestra vida y que nada ni nadie se interponga en nuestro seguimiento de Cristo”, exhortó el sacerdote.
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