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Entretelones de la Boda Real

Isaac Bigio
Analista internacional      

El sábado 19 uno de cada 4 de los más de 7 mil millones de habitantes de este planeta vimos la última boda real. Los Windsor han demostrado ser la familia más filmada, televisada y fotografiada de la historia universal.

Los nonagenarios reyes británicos vieron casarse al último de sus nietos, aunque a Elizabeth II no se le mostró muy feliz. Mientras la prensa destacaba el hecho que la nueva princesa Megan Markle es una plebeya norteamericana feminista y de color cuya madre era la primera afroamericana en posar en una foto de la familia real y cuya boda era la primera en la cual la mitad de los sacerdotes y de los actos musicales fueron protagonizados por negros, a Elizabeth II no se le veía muy feliz.

Cuando ella subió al trono en 1952 Elizabeth inició una serie de reformas modernizadoras empezando por promover que por primera vez la TV transmita en directo su coronación. Luego ella como jefa de Estado del que fuera el mayor imperio ultramarino de la historia fue permitiendo la independencia de la mayor parte de sus anteriores colonias y como gobernadora de la Iglesia de Inglaterra que las mujeres y los homosexuales puedan oficiar misas.

Para Elizabeth II esta boda debería traer muchos recuerdos y sentimientos encontrados. Su padre y luego ella llegaron al trono tras que su tío, el rey Eduardo VIII, abdicara para casarse con Wallis Simpson, una divorciada estadounidense, algo que no podía tolerar el clero anglicano. Ello, en cierta manera afectó el curso de la II Guerra mundial, pues el renunciante rey inglés llegó a pedirle a Hitler para aliarse a él para que le restituya en su cetro. Elizabeth II, además, había impedido que su hermana se hubiese casado con el oficial Peter Townsend, un divorciado muy allegado a los Windsor.

Ahora Elizabeth II debía dar la venia a que se desposase con otra plebeya divorciada estadounidense con alguien que puede heredar la corona en algún momento. Megan, además, se crió como católica, se casó por primera vez en una ceremonia judía y se acaba de desposar en una ceremonia anglicana. Ella es morena y es 3 años mayor que William. Mientras la reina Elizabeth II suele invitar a sus grandes ceremonias a los monarcas de todo el mundo, incluyendo a los autócratas de la península arábiga, Brunei o Suazilandia, esta vez no se invitaron a otros miembros de la realeza europea, algo que causó muchas críticas en sectores monarquistas, como los de España.

A su padre Charles se le veía contento pues él, a su vez, se ha convertido en el primer príncipe heredero y virtual cabeza de la Commonwealth que se ha desposado con una divorciada. Los reyes debieron aceptar la boda pues no querían una disputa pública con el hijo de Diana, la mujer que tanto minó la imagen de los Windsor y que murió extrañamente junto con su novio musulmán, la cual, de no haberse convertido en la primera madre de un heredero al trono británico que falleciese en un controvertido accidente de tráfico, bien pudo haberle un hermano o hermana a William o Harry, quienes podrán recibir la corona británica.

La boda ha costado decenas de millones de dólares, al menos mil veces más que una promedio en Reino Unido, una cifra extraordinaria para cualquier país, sobre todo para uno en el cual se vienen ejecutando recortes a los beneficios y servicios públicos.

Sin embargo, en UK no se ha dado mayor oposición callejera a la monarquía, algo que sí acontece con la de Madrid. A diferencia de la corona española los Windsor aceptaron un referendo separatista en Escocia y poder ser monarcas de esa nación si decidiera independizarse, y tratan de aparecer muy alejados del terreno político y muy liberales.

Si bien hoy muchos liberales festejan el que la corona británica viene abrazando la multiculturalidad y la música y cultura de raíz africana, la verdad es que los Windsor vuelven a demostrar ser una de las familias más pragmáticas de la historia, una que siempre busca sobrevivir a toda costa navegando con el viento en su favor.

Los Windsor manteniéndose en el poder pero dejando que otros lo administren por ellos han logrado perpetuarse como jefes de Estado vitalicios en 16 países que juntos suman más de un sexto de la tierra, así como haber evitado que su país haya conocido revoluciones, guerras o invasiones.

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