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Elevación del alma por el arte

Carlos Girón S.

Arlington, Dallas, Texas,-Aquí en esta ciudad -a donde he regresado de nuevo por asuntos de trabajo-, asistiendo a un hermoso concierto de opera he pensado prontamente que en mi país hace falta fomentar a un buen nivel las expresiones del arte en sus diversas manifestaciones, pero principalmente de la música, no solo de conciertos sinfónicos, sino también corales así como de opera. ¿La razón? Estas expresiones del arte tienen la virtud de elevar el alma, alumbrar el pensamiento y refinar los sentimientos en el ser humano. Esto es principalmente con la música.

La pintura también y la poesía nos elevan. Apreciando una buena pintura, como las clásicas de Velázquez, Dali -no las surrealistas-, las de Joan Miro, Van Gogh, no se diga las de Da Vinci, se siente un arrobamiento del espíritu y una alegría que brota por los ojos. La consciencia se proyecta sobre el cuadro identificándose con las figuras o los paisajes. Por otro lado, leer o escuchar la declamación de un buen poema, a lo Amado Nervo, Alfredo Espino o Rubén Darío, igualmente se experimenta un refinamiento de los sentidos y un elevarse de la imaginación; y a ratos hasta arrebatos de éxtasis. Las emociones y sentimientos que se experimentan estando en contacto con esas expresiones artísticas generan energías, que vitalizan y renuevan las células del cuerpo y la cabeza.

La música, sin embargo, es en mi concepto, el arte excelso por ser el que mas rápidamente produce efectos especiales en quienes la escuchan, si se trata solo de música, como en los conciertos sinfónicos; cuando es operática, la voz de los tenores, bajos o de las sopranos o mesosopranos, con sus vocalizaciones producen unas mas potentes energías que estremecen todo el ser, pero que pronto se vuelve pasividad y quietud del animo. .

Claro, no es lo mismo esta clase de música que la grupera o la ranchera, salsa o merengue. Esta música lo que hace es soltar mucha adrenalina, que excita y  pone frenética a la gente.

En los conciertos sinfónicos esta la particularidad de que cada instrumento de los tantos que forman la orquesta emite un sonido particular que se impregna, no en el oído del oyente, sino en determinadas partes de su cuerpo, tonificándolas. Esto es de una manera muy singular cuando se trata de obras musicales de los grandes compositores. Y uno piensa como uno solo de ellos, en una orquesta filarmónica, es capaz de poner en movimiento a tantos ejecutantes de cada pieza musical, y da gusto ver como cada quien pone todo el empeño en la mejor ejecución de las partes que le corresponden en la partitura. Los dúos de piano y violín son algo magistral, dan ensoñación a los oyentes. ¿Quién podría negar esta realidad, de que este arte refina y eleva la condición humana, la substrae del marasmo a veces sórdido de la vida cotidiana?

Es bueno mencionar que desde hace mucho tiempo se conoce y puso en practica la musicoterapia, como un medio auxiliar valioso para la curación de muchas enfermedades. En muchos hospitales se mantienen periodos en que los pacientes se dedican a escuchar música suave, que es sedante, relajante y sanadora. También en manicomios hay programas musicales como forma de apaciguar a aquellos pacientes con tendencias a arrebatos violentos. Y es tal el poder de la música, que también se ha llevado esta musicoterapia a granjas avícolas para estimular a las gallinas a que aumenten la producción de huevos.

Es por esto que prontamente pensé en la conveniencia y necesidad de que las autoridades educativas y culturales de nuestro país, organicen lo mas posible conciertos musicales y operáticos centrados no solo en las urbes principales, sino llevados a los departamentos y pueblos a lo ancho del territorio nacional. Tenemos solo una orquesta sinfónica, y una juvenil y un coro nacional; habría que formar otras mas de la misma condición y calidad para poder distribuirlos en las varias regiones del país. Así como se erogan grandes presupuestos para ampliar cárceles y aumentar el numero de policías y soldados, perfectamente se puede hacer algo igual para la creación de esos nuevos conjuntos musicales.

La Radio Clásica aporta en este sentido una valiosa contribución realizando periódicamente conciertos operáticos, a veces gratuitos, a veces estableciendo mínimos precios de entrada.

Los conciertos populares en pueblos fuera de las urbes seria sin duda una forma de contrarrestar la violencia en mucha gente, que se desvía de la vida sana y apacible para dar puerta a instintos primarios.

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