Redacción Nacionales
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El padre Anthony Gutiérrez presidió la misa de este domingo en la Cripta de Catedral Metropolitana de San Salvador. En la homilía indicó que El Señor viene a resucitar a su pueblo.
Gutiérrez señaló que, durante este camino cuaresmal, Dios ha ido conduciendo a su pueblo paso a paso “del desierto de las tentaciones a la sed de Dios, a la luz que abre los ojos, hoy finalmente al misterio más profundo, nuestro sepulcro interior”.
En el evangelio de este domingo se trató sobre el relato de la resurrección de Lázaro, narrado en el Evangelio de San Juan; muestra a Jesús llegando a Betania después de que su amigo llevaba cuatro días en el sepulcro. Ante el dolor de Marta y María, Jesús proclama: “Yo soy la resurrección y la vida”, y, tras orar al padre, ordena: “¡Lázaro, sal fuera!”. Lázaro sale vivo, aún envuelto en vendas, y este signo revela el poder de Cristo sobre la muerte.
“La palabra de hoy no quiere hablar solo de una muerte física, sino también tocar algo más real y cercano, esas zonas de nuestra vida donde ya no hay vida”, dijo el sacerdote. A la vez, señaló que existen muchos sepulcros en la vida cristiana algunos que no están a simple vista.
“El sepulcro del resentimiento que no soltamos, el sepulcro de una vida espiritual apagada, el sepulcro de una fe que se convirtió en una costumbre, el sepulcro del pecado que se ha vuelto normal. San Óscar Arnulfo Romero lo decía con una claridad que, sobre todo, no deja tranquilos: -hay muchos que caminan, pero ya están muertos, porque han perdido la vida de Dios en su corazón-“, comentó el padre en referencia la homilía de Romero del 10 de febrero de 1980.
Lo anterior, explicó el líder religioso, no solo lo decía para condenar, sino para hacer despertar al pueblo, “porque el peor estado no es caer, el peor estado es acostumbrarse a vivir sin vida interior. Para que no se apague la vida dentro de nosotros, debemos tener espíritu, es algo que debemos de comprenderlo”.

“El punto central es o vivimos según el espíritu o vivimos en la muerte disfrazada de vida. Podemos tener actividades, responsabilidades, disfrazar nuestro entorno de vida, pero cada una de esas cosas sería como una campana vacía, solo resonando, porque no habita el espíritu que lo sustenta”, añadió el padre.
“Cuando una persona vive encerrada en su egoísmo, en su orgullo, en su propio yo, termina cansada, vacía y sin sentido. Pero cuando el espíritu entra, todo eso cambia. Cambia la manera de amar, perdonar, y de ver la vida en cuanto tal. San Óscar lo expresa así, -el Espíritu Santo es vida y es vida de la iglesia y un cristiano sin espíritu, es un cristiano muerto-”, explicó en referencia a la homilía del primero de junio de 1978.
El padre Anthony Gutiérrez hizo una pregunta a los feligreses” ¿vivimos movidos por el espíritu o solo por la costumbre, por las emociones, por el carácter que es lo que nos mueve a nosotros a vivir?”.
“El hecho de solo sentir lo bonito y cuando no hay nada bonito a nuestro alrededor, andamos deprimidos, amargados, que nadie nos toque o nos vea, porque el cristiano que vive así no es propiamente cristiano”, consideró el padre. En contraste, ejemplificó el trabajo de los apóstoles cuando llegaron a las primeras comunidades, eran personas perseguidas; sin embargo, tenían actitud “siempre firme en cuanto al comportamiento cristiano”.
El evangelio llama a decir algo importante, destacó el sacerdote: “Jesús está al frente de la tumba de un amigo cercano de él, Lázaro, y con un gesto nada discreto, sino que él, lo siente, lo mueve, lo empuja, grita con una fuerza y autoridad, -Lázaro sal afuera-. Ese grito que el Señor pronuncia, atraviesa la misma muerte y hoy atraviesa también nuestro corazón, porque Lázaro no solo es un personaje, Lázaro también somos cada uno de nosotros”.
Lázaro sale atado por lo que debe ser liberado “por eso Jesús va a decir, -desátenlo y déjenlo caminar-. Dios siempre nos levanta de donde estamos y cuando nos levanta de donde estamos no es algo que va a continuar de la misma manera, Dios nos conduce en un proceso, hay una conversión, conciencia, hay mayor responsabilidad. San Óscar Romero lo decía en su homilía del 15 de marzo de 1980, -Cristo no quiere salvarnos para que sigamos igual, nos salva para que vivamos como hombres nuevos- “luego de la resurrección espiritual se necesita la ayuda de la iglesia y de la comunidad.
“El Señor nos está diciendo algo: sal del sepulcro de esa relación rota que no se quiere sanar, sal del sepulcro de ese pecado que siempre estamos con una actitud justificante, sal del sepulcro de la indiferencia espiritual en donde nos da igual si rezamos o no rezamos, si venimos a misa o no venimos a misa, sal del sepulcro de una fe tibia que ya no te mueve”, instó el padre Anthony Gutiérrez.
A la puerta de la Semana Santa, el padre llamó a que no se debe llegar como espectadores sino como hombres y mujeres que están experimentando una vida nueva.
En el contexto del 46 aniversario del asesinato de Monseñor Romero, la comunidad de la Cripta presentó en la procesión de ofrendas un retrato de Romero, como símbolo y ejemplo que en Él habitó Dios, porque su vida fue servirle aplicando el Evangelio y preocupándose por que se hiciera justicia al pueblo pobre.
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