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martes , 17 octubre 2017
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El papa llama a jóvenes y religiosos a no rendirse ante narcotráfico en México
El papa se despide de miles de jóvenes que asistieron al Estadio de Morelia, Michoacán. (Foto Diario Co Latino/AFP/Alfredo Estrella)

El papa llama a jóvenes y religiosos a no rendirse ante narcotráfico en México

Por Sofia Miselem/Carola Solé/Morelia/Ciudad Juárez/AFP

El papa Francisco invitó a los jóvenes mexicanos a “soñar” con una vida fuera del crimen y pidió a los religiosos mantenerse firmes ante las amenazas del narcotráfico, durante su visita el martes a Michoacán, una región del oeste de México que históricamente ha sido bastión de cárteles.

En un masivo encuentro en Morelia, capital de Michoacán, Francisco tomó nota de las experiencias de violencia y falta de oportunidades que le narraron algunos jóvenes.

Al invitarlos a “atreverse a soñar”, el pontífice dijo a 50.000 muchachos congregados en el estadio Morelos que “es mentira que la única forma de vivir, de poder ser joven, es dejando la vida en manos del narcotráfico o de todos aquellos que lo único que están haciendo es sembrar destrucción y muerte”.

Jesús “nunca nos invitaría a ser sicarios”, dijo el religioso, en un país donde el narcotráfico recluta a numerosos jóvenes.

De su lado, los entusiastas asistentes coreaban “¡Francisco, hermano, ya eres michoacano!”.

“El papa nos llama a estudiar, a trabajar, a ser dignos y a no dejarnos arrastrar por las tentaciones materiales y del crimen. Es difícil cuando no hay oportunidades, pero con fe sí que se puede”, dijo a la AFP tras el encuentro Filemón Alonso, un estudiante de 16 años.

Menos optimista, Guadalupe Olivares, una contadora de 43 años, estimó que “quizá el mensaje del papa no llegue a los cárteles”, pero espera que “sí llegue a las autoridades para que se pongan a trabajar”.

Al finalizar el evento, el pontífice de 79 años sufrió un abrupto incidente cuando daba la mano a algunos feligreses y uno de ellos lo jaloneó de su túnica blanca, dejando en el medio a una persona en silla de ruedas.

Visiblemente enojado, Francisco reprendió al feligrés. “¡No seas egoísta!”, le gritó varias veces con el rostro serio, y acarició al minusválido.

No a la “resignación”

Horas antes, Francisco hizo también una breve visita a la catedral de Morelia -un edificio barroco en cantera rosa- para decir a unos 600 niños que “sigan siendo creativos, buscando la belleza, y nunca se dejen pisotear por nadie”.

También instó a religiosos de México a no resignarse ante las amenazas del narcotráfico, responsable de gran parte de la violencia que golpea al país.

“¿Qué tentación nos puede venir de ambientes, muchas veces dominados por la violencia, la corrupción, el tráfico de drogas?”, preguntó el papa en una misa ante unos 20.000 religiosos y seminaristas. “Nos puede ganar una de las armas preferidas del demonio: la resignación”, advirtió.

Otras 300.000 personas acompañaban esa ceremonia fuera del recinto.

Los religiosos cantaron e improvisaron coreografías en un ambiente de fiesta mientras esperaban la llegada de Jorge Mario Bergoglio, el primer papa latinoamericano.

Francisco “nos hizo ver que en nuestra vida de encierro y contemplación no podemos ser testigos mudos. Desde nuestra trinchera debemos dar testimonio para ayudar a corregir este camino de maldad”, dijo Fátima Esemita, de la orden contemplativa Brígidas de Puebla.

Michoacán es uno de los estados más peligrosos para los curas mexicanos, que no han escapado de la violencia de los cárteles de la droga: unos 40 sacerdotes, seminaristas y laicos religiosos han sido asesinados en la última década en México.

El papa termina gira mexicana en nueva pero herida Ciudad Juárez

El papa Francisco culmina este miércoles su gira mexicana en una recuperada pero herida Ciudad Juárez, donde abordará el problema migratorio en una masiva y simbólica misa que llegará a fieles en ambos lados de la frontera con Estados Unidos.

Con decenas de pancartas gigantes que le dan la bienvenida y proclaman que “Juárez es amor”, muchos vecinos de esta ciudad fronteriza con El Paso (Texas) se sienten halagados y esperan que la visita de Francisco ayude a dejar atrás los estigmas que aún pesan sobre ella, como el ser sinónimo de asesinatos y feminicidios.

“Nos sentíamos muy olvidados. Se hablaban puras cosas malas de Juárez y yo creo que el papa viene a reconocer la resiliencia de la ciudad, que nos hemos levantado de la adversidad”, dice María Eugenia Boisselier, una ama de casa de 43 años que contempla orgullosa con un grupo de amigas el altar donde Francisco hará su esperada misa al lado del Río Bravo.

Por este río que hace de frontera natural con El Paso, cruzan clandestinamente centenares de migrantes cada año tratando de lograr el sueño americano.

La mayoría son centroamericanos que huyen de la violencia y la pobreza de sus países y se juegan la vida al cruzar México, donde son víctimas de extorsiones, secuestros e incluso asesinatos por parte del crimen organizado y, algunas veces, también de policías corruptos.

Después de haber lanzado mensajes duros contra el narcotráfico y la corrupción a lo largo de su gira por México, está previsto que el papa se enfoque este miércoles especialmente en la dramática situación de los migrantes en un mensaje que tendrá eco en ambos lados de la frontera.

Más de 200.000 personas asistirán a la misa del lado de Juárez, que será retransmitida por pantalla gigante en un estadio de El Paso con capacidad para 51.000 asistentes.

Respeto a los migrantes

Cerca del lugar donde tendrá lugar el oficio religioso está el sencillo comedor comunitario “El Pescador”, sitio de paso para muchos migrantes como Isaías Franco, un salvadoreño de 47 años.

Isaías llegó a Juárez después de cruzar todo México a lomas del tren de carga conocido como “La Bestia” y de pasar “hambre, frío y desveladas”.

“Nosotros no vamos a hacer daño a nadie, sólo salimos de nuestros países a buscar un futuro mejor. Solo pedimos respeto”, expresa este salvadoreño flaco y sin rasurar, que llegó a vivir siete años en Oklahoma pero fue deportado en 2011.

En los últimos meses, se ha registrado una ola de deportaciones en la frontera sur de México que se suman a las que realiza Estados Unidos, que las ha intensificado a raíz de la crisis de menores migrantes no acompañados.

En Estados Unidos, de hecho, voces antimigratorias como las del precandidato presidencial republicano Donald Trump tienen cada vez más altavoces: el magnate lamentó el martes que Francisco sea una personalidad “muy política” que no entiende “el peligro de tener una frontera abierta como la que hoy tenemos con México”.

Los años violentos

La migración es solo uno de los problemas que enfrenta Juárez por su condición fronteriza.

Enclavada en el desierto de Chihuahua (norte), esta ciudad vivió los peores años de la guerra militar contra el narco entre 2008 y 2011, en medio de las batallas entre el cártel de Juárez y el de Sinaloa, de Joaquín “El Chapo” Guzmán, por quedarse con esta plaza estratégica para el tráfico de drogas.

Decenas de chicas jóvenes desaparecieron esos años y sus familiares siguen buscándolas o exigiendo justicia por las que aparecieron en pedazos en el desierto, volviendo la memoria a la época negra de los feminicidios en los ’90.

Cruces negras sobre un fondo rosa están estampadas en varios puntos de Juárez y un grupo de madres hizo una pequeña protesta el martes con carteles que decían: “Ni una más!”

Estas madres y familiares de otras víctimas de la violencia, como los padres de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, podrían estar en la misa transfronteriza del papa.

La violencia será otro de los ejes de la escala de Francisco a Juárez, donde visitará un penal que simboliza el cambio de la ciudad, al pasar de ser uno de los más violentos a convertirse en uno ejemplar.

El evento tendrá especial significación porque, un día antes de que el papa llegara a México, 49 presos murieron en un motín en un penal Monterrey (norte).

Francisco también se reunirá con trabajadores de las fábricas manufactureras o maquilas, reveladoras de la pobreza de aun reina en la “nueva” Juárez.

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