Por David Alfaro
23/08/2026
La reciente revelación del periódico digital El Faro sobre la adjudicación de un contrato de $420 mil dólares a la empresa World Real Estate El Salvador, dirigida por Erick Geovanni Vega (compadre de Nayib Bukele y hombre de confianza de José Luis Merino), es un reflejo inequívoco de cómo el compadrazgo, el amiguismo y el clientelismo político se han arraigado en la gestión pública actual.
Este contrato, destinado al almacenamiento y distribución de medicamentos para la aplicación DoctorSV a través del Hospital El Salvador, evidencia que la asignación de recursos públicos prioriza los lazos de lealtad personal y cercanía por encima de la transparencia y la libre competencia.
Cuando las estructuras del Estado se configuran para beneficiar a círculos íntimos y aliados políticos, se debilita la confianza institucional y se desvían fondos que deberían garantizar el bienestar técnico y eficiente de la población. El clientelismo y el amiguismo no solo distorsionan la economía local, sino que consolidan dinámicas de opacidad donde el favor político sustituye al mérito y a la rendición de cuentas, erosionando los principios democráticos fundamentales.
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