Por David Alfaro
21/08/2026
Existe una vieja enseñanza que advierte sobre la inutilidad de insistir en algo que ya no tiene futuro. Se le conoce como «La Teoría del Caballo Muerto», metáfora satírica de origen popular y anónimo, y sugiere que, cuando te das cuenta de que el caballo que montás ha muerto, lo más lógico es desmontar. Pero en la política, y en particular en las dictaduras disfrazadas de modernidad, esto rara vez ocurre. En cambio, se aplican estrategias desesperadas para simular que el cadáver sigue galopando: desde comprar látigos más grandes hasta rediseñar la montura o declarar solemnemente que el caballo, en realidad, goza de excelente salud.
En El Salvador, Bukele ha hecho de esta teoría una realidad. Su régimen, sostenido por represión, deuda, saqueo y propaganda, es un caballo muerto que aún galopa en los televisores y las redes sociales, pero que, en el mundo real, se está pudriendo a toda velocidad. Veamos cómo su gobierno aplica las estrategias clásicas de esta teoría para evitar desmontar del cadáver.
1. Usar un látigo más grande
El primer reflejo de Bukele ante cualquier crisis es intensificar el control: más capturas, más propaganda, más amenazas a los críticos. Si la economía se hunde, él no ajusta su modelo; en cambio, lanza nuevas promesas vacías sobre Bitcoin o inversiones fantasma. Si la efectividad de la propaganda empieza a mostrar grietas, amplía el estado de excepción. Es la versión política de apalear un caballo muerto, esperando que se levante.
2. Hacer cambios cosméticos
Cuando el hedor pestilente del fracaso se vuelve insoportable, la solución es cambiarle el nombre al problema. La reelección ilegal se convierte en «voluntad del pueblo». La sumisión a Trump se maquilla como una jugada estratégica. Es el equivalente a ponerle una silla de montar nueva al cadáver y declarar que nunca se ha visto mejor.
3. Comparar con caballos más muertos
Uno de los trucos favoritos del régimen es señalar que con los mismos de siempre era peor. No importa que el país esté endeudado hasta el cuello o que las cárceles estén repletas de inocentes; siempre habrá un video de los tiempos de ARENA o el FMLN para justificar que hoy «algo mejor se está haciendo».
4. Declarar que el caballo está más vivo que nunca
Si algo distingue a Bukele es su habilidad para vender ficción como realidad. Mientras que diversos organismos internacionales advierten sobre aumento de la pobreza, el desempleo y el hambre, él anuncia que El Salvador es un «milagro económico». Mientras la gente huye del país, él declara que nunca ha habido más oportunidades y migración inversa. Y cuando Trump lo obligó a aceptar deportados, él aseguró que era una estrategia inteligente y no un chantaje humillante. Es la táctica definitiva del caballo muerto: simplemente negar su muerte y seguir montándolo con una sonrisa.
La gran caída
La dictadura de Bukele, como todo caballo muerto, tiene un destino inevitable: tarde o temprano, la realidad se impondrá. No importa cuánta propaganda se invierta, ni cuántos analistas oficialistas juren que el régimen es indestructible. La economía y el hambre no perdonan, la represión tiene un límite y la historia es implacable con los tiranos.
Por ahora, Bukele sigue cabalgando sobre un cadáver, pero la pregunta no es si caerá, sino cuándo y cuán estrepitosa será su caída. Y, cuando suceda, sus seguidores intentarán aplicar la última estrategia de la teoría: echarle la culpa al caballo.
Diario Co Latino 134 años comprometido con usted
Debe estar conectado para enviar un comentario.