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EL DÍA DEL NIÑO EN MI ESCUELA

 

Marlon Chicas,

el tecleño memorioso

En El Salvador se celebra el 1 de octubre de cada año, el Día Internacional del Niño, en tal sentido, revivo con nostalgia, dicha celebración en mi amada Escuela Centroamérica de Santa Tecla, en la mejor época de mi infancia, junto a mis compañeros de sexto grado: Jorge Moza, hábil carpintero; José Álvaro Henríquez (+) con una sonrisa diciendo: “¡On ta… Marlon Brandon!”; Julio Girón, experto en bicicletas; Daysi Araujo… y mi hermano Jaime, entre muchos otros, que mi memoria registra, bajo la tutela de nuestra querida profesora Alicia de Quiteño.

La ocasión era aprovechada para vestir de particular, con nuestras mejores galas, de acuerdo a las posibilidades de cada quien. Una de las finalidades de esto, era llamar la atención de la niña o jovencita de nuestros sueños, obteniendo de la misma una sonrisa, y en el más afortunado caso,  un rotundo sí,  como respuesta a una petición de amor. Las más de las veces, nos conformábamos con un fugaz ósculo en la mejilla, haciendo sonrojar al bandido romántico que llevábamos dentro.

La escuela se decoraba con listones y vejigas, colgadas de las viejas vigas.  En sus blancas paredes sendos letreros anunciaban la felicitación a los infantes. Rememoro sus pasamanos de celosías, adornados con gallardetes y figuras de payasos, invitando a la celebración. En el  patio de cemento, una bocina emite canciones de la época. Un maestro de ceremonias, elegantemente vestido, llama a concentrarse.

El maestro de ceremonias presenta al Payaso Farolito, quien con su cara pintarrajeada, vestuario extravagante y enormes chalupas, arranca grandes risotadas a los espectadores, siendo interrogado por su acompañante, una señora de ojos azules, tez y blanca cabellera, quien porta en su mano una regleta, con la cual  azota  las posaderas del comediante, ante sus erróneas respuestas.

Acto seguido se anuncia a la contorsionista: una niña de ocho años, quien doblando con gran flexibilidad su delicado cuerpo, es alzada portentosamente por Farolito, motivando una lluvia de aplausos por parte de la concurrencia. Luego de varias suertes, Farolito, levanta con sus dientes, de manera arqueada, un pañuelo haciendo toda clase de piruetas, provocando la alegría y el asombro de nuestra tierna mirada.

Llega la hora de los concursos, con sus infaltables regalos: una pelota de plástico, carros, muñecas, salta cuerdas, entre muchos obsequios. Luego viene la quiebra de piñatas cargadas de dulces, y el alboroto de aquellos que colman sus bolsillos con golosinas, aprovechándose de la debilidad de otros.

Suena la antigua campana que anuncia el retorno al salón de clase, la profe Quiteño nos espera con una sonrisa… ¡y con un refresco de horchata, acompañado de un delicioso pastel! Ella nunca de olvida de esto. Cada uno recibe un fraternal abrazo de despedida poniendo punto final a la celebración.

Regreso a casa, donde mi amada madrecita, me espera a mí y a mis hermanos, con un  delicioso almuerzo al estilo Barrio El Calvario ¡Feliz día y mes de la niñez salvadoreña!

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Un Comentario

  1. Muy lindos recuerdos!!!